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Fernando Atria y la discusión por la “retroexcavadora” y el neoliberalismo en Chile

“La transformación de la izquierda generó una crisis de identidad en la Democracia Cristiana”

por 3 abril 2014

“La transformación de la izquierda generó una crisis de identidad en la Democracia Cristiana”
El abogado que participó en la comisión de Constitución de Bachelet cuando era candidata, cree que el conflicto generado por las declaraciones de Jaime Quintana “no tiene sentido”, porque cualquier cambio va a ser resultado de los votos de la mayoría; un concepto fundamental en democracia. Ni retroexcavadora ni aplanadoras. Pero como las críticas no sólo han venido de la derecha, sino también de un sector de la DC, lanza una teoría acerca de dichos como los de Gutenberg Martínez, quien apoyó la idea de que en Chile no se ha instalado el neoliberalismo. “Yo esperaría que el partido que apoyó el programa de Frei Montalva no vaya a encontrar su identidad pareciéndose a la derecha”, dice.

“La discusión por la retroexcavadora yo la encuentro un poco sin sentido”, dice el abogado Fernando Atria, quien participó del equipo constitucional de Bachelet y es autor del libro Neoliberalismo con rostro humano. Incluso la imagen de la aplanadora le recuerda a la campaña del Sí; por eso propone invertir la pregunta: “Supongamos que el Gobierno está dispuesto a hacer reformas importantes y por eso envía los proyectos al Congreso y discute todo lo que sea necesario con la oposición y, cuando no llega a acuerdo, se vota. Y gana el que tiene más votos. ¿Eso es pasar la aplanadora? Yo diría que eso no es. Yo diría que el nombre tradicional para eso es democracia”.

-Es pasar una retroexcavadora de forma institucional.
-Yo creo que la derecha tiene la idea de que es lo mismo que sucede en cuerpos colegiados o instituciones como clubes, donde se puede conversar hasta llegar a un acuerdo antes de tomar una decisión. Claro, votar en ese contexto es como de mal gusto, porque un grupo decide sobre el otro, pero en política las cosas no son así. El Congreso Nacional no es un club de fútbol y cuando hay una discusión pública sobre, por ejemplo, si se justifica o no el financiamiento compartido, bueno, discutirán todo lo que se deba discutir. Y llegará un momento en que después de discutir habrá que votar. ¿Cuál es la objeción a eso? Lo que importa es lo que dijo Quintana después de su frase. Lo que dijo es que lo que hay no es un problema de ajustar este o aquel detalle en el sistema educacional; no es que creemos una subvención o cambiemos las reglitas acá o allá. Acá hay un problema que tiene que ver con los principios fundamentales del sistema educacional y eso es lo que debe ser cambiado. Para eso fue elegida Bachelet.

-Porque, finalmente, Quintana apunta a un debate ideológico que sí existe.
-Es un debate sobre el sentido de la educación y sobre el sentido del sistema educacional. Y ese debate se ha traducido en un debate sobre el cambio de un paradigma. Es decir, una manera nueva de entender la educación. Hoy es entendida como un bien de mercado y de lo que se trata es de transformar eso en un régimen que vea a la educación como un derecho social. Eso es un cambio fundamental, pero no quiere decir un cambio de todas las cosas. Uno puede hacer algunos cambios, pero que alteran las bases fundamentales del sistema sin producir un colapso completo. Eso es una caricatura gratuita de la derecha.

El discurso era socialdemócrata, pero las formas institucionales –la organización educacional, de las pensiones, etcétera– respondían al mismo modelo. El modelo es que el Estado garantiza un mínimo y cada uno compra en el mercado lo que pueda. Esto privatiza la desigualdad. Los 20 años de la Concertación profundizaron el neoliberalismo. Aunque lo humanizaron por la vía de subir los mínimos, pero siempre se trató de mínimos, no de derechos sociales.

-No sólo de la derecha. También hay opiniones dentro de la propia Nueva Mayoría, por ejemplo, refiriéndose al modelo económico. Gutenberg Martínez citó incluso a French Davis para decir que es un error decir que en Chile se ha instalado un modelo neoliberal.
-Bueno, yo estoy en desacuerdo con él y ahí podríamos tener una discusión interesante, académica. Veamos, por ejemplo, ¿en qué países el 100% de las pensiones son por capitalización individual? ¿Dónde la salud funciona sobre la base de seguros privados? ¿Dónde la educación esta mercantilizada al nivel que está mercantilizada en Chile? ¿Cómo funcionan la salud, la educación y la seguridad social en una “economía social de mercado” como la alemana? Que encuentren otros países como Chile. Si a alguno u otro no le gusta llamarlo "neoliberal", que busque el nombre que le guste; pero si uno lo pone en el contexto de los países con los que nos comparamos, por ejemplo la OECD, en la progresión donde en un extremo está el sistema más mercantilizado y en el otro el más socialdemócrata, ¿dónde ponemos el sistema de pensiones o educacional chileno? Yo diría que es bastante obvio.

-Hablando de ese debate ideológico más profundo, el presidente de la DC, Ignacio Walker, dijo que “ni aplanadora ni retroexcavadora, sino cambios de fondo con estabilidad política”.
-Yo apreciaría que dejáramos las metáforas a un lado y al que dice, ¡por favor no pase la aplanadora!, yo le diría, por favor haga el esfuerzo de ponerlo sin cuñas ni licencias poéticas. ¿Qué es lo que está diciendo? Porque si “pasar la aplanadora” es decidir por votación después de una discusión pública, eso es inaceptable. Si quiere decir que antes de votar es bueno conversar… bueno, eso es perfectamente aceptable. Las metáforas cumplen la función de ocultar qué es lo que están diciendo.

-¿Y qué reflejan al interior de la Nueva Mayoría estos grupos que pertenecen a ella,  diciendo que no hay neoliberalismo en Chile? ¿Hay resistencia a perder poder o una incomprensión del modelo?
-En una buena medida refleja un sentido de lealtad con lo que la Concertación hizo durante 20 años. O puede ser la defensa del modelo chileno actual tal como está. Ese significado puede ser mucho. Yo creo que también hay, sobre todo en la actual directiva de la Democracia Cristiana –no tanto en sus militantes–, una especie de convicción de que la única manera en que se puede afirmar su identidad frente a la izquierda es apareciendo un poco más de derecha. Porque, si no aparecen más de derecha, entonces cómo responden a la pregunta de ¿cómo se diferencian de la izquierda? Creo que hay un problema de identidad de la Democracia Cristiana que los obliga a adoptar posturas conservadoras. ¿Quién introdujo las políticas de control de natalidad? ¿Quién hizo la Reforma Agraria? ¿La Reforma Educacional? La Democracia Cristiana. Entonces, muchas de las cosas que hicieron ellos mismos ahora las presentan como si fueran inaceptables. Yo creo que en parte porque hay una crisis de identidad de la Democracia Cristiana donde no tienen cómo responder ¿por qué no somos iguales a la izquierda?

-¿Y esa crisis tiene que ver con el modelo que se ha instaurado en Chile o con la articulación de la Nueva Mayoría y este concierto de ideologías y partidos políticos?
-Yo creo que es un problema más profundo. Originalmente, la DC se entendía a sí misma como una especie de izquierda no marxista. Y si en los 60 le hubieran preguntado a Frei Montalva cómo se distinguía la DC de la Izquierda, no habría tenido ningún problema para responder. Entonces, cuando la izquierda deja de ser marxista, les crea un problema. La transformación de la izquierda generó una crisis de identidad en la Democracia Cristiana; y es un problema para ellos. Y yo esperaría que el partido que apoyó el programa de la “Revolución en libertad” de Frei Montalva no vaya a encontrar su identidad pareciéndose a la derecha, pero es una cosa que tienen que decidir ellos.

-¿Cuánto ayudó la Concertación a profundizar este modelo?
-La Concertación le puso rostro humano al neoliberalismo inhumano que heredamos de Pinochet y lo humanizó con un discurso socialdemócrata. El discurso era socialdemócrata, pero las formas institucionales –la organización educacional, de las pensiones, etcétera– respondían al mismo modelo. El modelo es que el Estado garantiza un mínimo y cada uno compra en el mercado lo que pueda. Esto privatiza la desigualdad. Los 20 años de la Concertación profundizaron el neoliberalismo. Aunque lo humanizaron por la vía de subir los mínimos, pero siempre se trató de mínimos, no de derechos sociales.

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