Martes, 27 de septiembre de 2016Actualizado a las 07:19

Señales y acercamientos apuntan a escenario presidencial 2017

El flirteo político entre Enríquez-Ominami y la Nueva Mayoría

por 4 junio 2014

El flirteo político entre Enríquez-Ominami y la Nueva Mayoría
Desde la Nueva Mayoría, reconocen que están con una política de “puertas abiertas” al diálogo y a un entendimiento con Enríquez-Ominami, que las conversaciones han sido con varios actores de la coalición, en especial del eje PS-PPD y sus respectivos timoneles, Osvaldo Andrade y Jaime Quintana.

En la campaña presidencial del año 2009 se dijeron de todo públicamente. Tras el quiebre absoluto al no apoyar “al candidato del 29%”, como se refirió despectivamente entonces a Eduardo Frei, separaron aguas en forma radical y, aunque a principios del 2013 hubo conversaciones concretas para traerlo de vuelta al redil y que participara en las primarias presidenciales de junio, no hubo humo blanco. Pero las cosas cambiaron, porque el coqueteo político de Marco Enríquez-Omninami con sectores de la Nueva Mayoría es un hecho concreto, que en ambas veredas reconocen y que apunta abiertamente a pavimentar un posible reencuentro político con miras a las definiciones del 2017.

Dicen que la política es sin llorar y, aun más, muchas veces es necesario “tragarse más de un sapo”, que en este caso del flirteo entre Enríquez-Ominami y la Nueva Mayoría pasa por dar vuelta la página y olvidarse de. “Hay un interés mutuo de conversar”, reconocen en el entorno del ex presidenciable, mientras que en el eje PS-PPD dicen que son varios los que están hablando con él en forma permanente, para “tender puentes”.

Hace un mes que no pasan inadvertidas declaraciones públicas de ME-O ajenas al tono duro y crítico que habitualmente ha desplegado con el actual oficialismo en los últimos años. Cuando ese lunes 19 de mayo La Moneda dio a conocer el contenido de los primeros proyectos de la reforma educacional, escribió en Twitter: “Felicitaciones al gobierno por fin a selección de estudiantes, copago y lucro en educación secundaria. Mejor Nueva Mayoría que Concertación”. Después del Mensaje presidencial y los intentos de la derecha y sectores DC por morigerar la reforma tributaria, precisó por la misma vía: “Usted, Presidenta, ganó con un mandato de cambio y lo peor que puede pasar es que se intente resucitar a la Concertación”.

Ayer incluso vino a La Moneda a dejar una carta a la Presidenta Michelle Bachelet sobre la despenalización del aborto terapéutico. "Hemos venido a apoyar y tratar de convencer a la Presidenta de que no se asuste, que hay otras fuerzas, que no somos conservadores y que queremos que se legisle. Nadie está proponiendo un bono al aborto ni un premio por abortar, estamos proponiendo que el Estado laico ofrezca una garantía, un derecho garantizado”, dijo.

Tanto en el oficialismo como en el círculo de Enríquez-Ominami reconocen un “cambio de actitud mutuo” y una “mayor sintonía”. De parte del ex presidenciable, cuentan, ese cambio sería dejar de ser “odioso” y una piedra en el zapato para La Moneda y, a pesar de las críticas a aspectos “insuficientes” de las reformas ejes del programa de gobierno, apoyar públicamente la agenda gubernamental.

En La Moneda reconocen que es innegable que ME-O y el ministro “se harían sombra”, que apuntan al “mismo electorado”, tendrían una “misma agenda” y ambos reflejarían un verdadero recambio generacional. En la Nueva Mayoría reconocen que, de concretarse ese enfrentamiento entre Peñailillo y ME-O, no será menor y agregan que el ministro del Interior está en una “excelente posición”, pero ocupa un cargo en que “en 24 horas puede hundirse todo su capital político”.

Desde la Nueva Mayoría, reconocen que están con una política de “puertas abiertas” al diálogo y a un entendimiento con Enríquez-Ominami, que las conversaciones han sido con varios actores de la coalición, en especial del eje PS-PPD y sus respectivos timoneles, Osvaldo Andrade y Jaime Quintana.

Algo que el propio Andrade reconoció públicamente la semana pasada. “He encontrado una disposición distinta, en el sentido de entender que los cambios que Chile necesita son profundos, son transformadores, y para eso se requiere grandes mayorías. Creo que el partido PRO, y Marco en particular, lo ha entendido también”, sostuvo.

En la Nueva Mayoría dicen que de trasfondo está una suerte de encrucijada política de ME-O, que debe “cambiar de ruta”, porque mantenerse como “outsider” político es una carta que terminará extinguiéndose, pues “ya dejó de ser novedad”. “Desde donde está no tiene espacio para crecer, no va a pasar de uno o dos diputados y unos cuantos alcaldes, su liderazgo se va a agotar”, explicaron en la coalición.

Dada la forma en que se están acomodando las piezas en el escenario político, en la Nueva Mayoría reconocen que este diálogo tiene de parte de ellos un interés, un objetivo a largo plazo, las primarias presidenciales del 2017 y la no tan descabellada idea, dicen, de que ME-O sea parte de ese proceso. Es más, reconocen que lo “tienen en el rabillo del ojo” en el PS y el PPD.

Eso porque, explican, está el factor Andrés Velasco y el papel que está jugando el ex ministro de Hacienda. Un liderazgo que está encontrando eco en sectores de la centroderecha y de la DC, especialmente aquellos más identificados con el tono, lógica y estilo de la ex Concertación que de la Nueva Mayoría.

Señalan que, en parte, este “flirteo” con Enríquez-Ominami responde a tener alternativas bajo la manga ante el factor Velasco. No es casual que el líder del PRO la semana pasada disparara directo contra el ex ministro de Hacienda: “Aquellos economistas que quieren resucitar a la Concertación y que dicen ser de izquierda, están hoy más a la derecha que Evópoli o Amplitud”, dijo.

Es obvio que sin Bachelet en el horizonte político después de su gobierno, la “elegibilidad” de la coalición es compleja, no hay un liderazgo unificador y potente como el de ella, vacancia que está forzando a un fuerte recambio generacional.

Se sabe que ya hay varios interesados en las sombras con miras al 2017: la alcaldesa de Santiago Carolina Tohá (PPD), los senadores Ricardo Lagos Weber (PPD) y Felipe Harboe (PPD). En la Nueva Mayoría reconocen que ven difícil el despegue de alguno de estos nombres y que, ante ese escenario, ME-O no deja de ser “el mejor candidato que hay en el horizonte ahora”, el as bajo la manga o, como expresan en el entorno de Enríquez-Ominami, que lo ven hasta el momento como “el candidato oculto”.

En La Moneda observan. Saben de las conversaciones, de los acercamientos, del coqueteo, lo consideran un aporte, que en la Nueva Mayoría hay espacio para él, que es bueno el entendimiento con él. Incluso, comentan que “tiene voceros” en la Nueva Mayoría que cada tanto hablan de él a las autoridades de Palacio, hacen notar sus gestos o el avance de las conversaciones.

En el gobierno recalcan, eso sí, que “por primera vez no somos nosotros quienes lo estamos buscando, sino que es al revés, es el quien está dando señales”.

Agregan que desde Palacio han hecho varios gestos, que van –dijeron– desde no dejar fuera a su partido, el PRO, de las conversaciones, invitarlos a actos oficiales de índole transversal, hasta el guiño de poner la derrota de Marisela Santibáñez en las parlamentarias de noviembre como ejemplo de las perversidades del sistema binominal.

¿Sombra?

En todo este despliegue de conversaciones y flirteos políticos con Enríquez-Ominami, existe otro elemento no menor a considerar: el ministro del Interior, Rodrigo Peñailillo. Ya se ha dicho que en los casi tres meses que lleva el gobierno, su gestión ha sido una de las “sorpresas” políticas, que –como recalcan en la nueva Mayoría– ha mostrado “más talento y astucia política que la que todos apostaban”.

Eso, unido a que hasta lleva un buen desempeño en las encuestas, hay más de uno –aunque sea prematuro plantearlo– que ya comienza a anotar su nombre como una opción para el 2017. Al respecto, afirman que ese es un tema que el ministro siempre trata de esquivar cuando se lo plantean, que se ríe, apela a que es muy pronto y sólo recalca que a él le gustaría llegar hasta el final del gobierno con la Presidenta Bachelet.

En La Moneda reconocen que es innegable que ME-O y el ministro “se harían sombra”, que apuntan al “mismo electorado”, tendrían una “misma agenda” y ambos reflejarían un verdadero recambio generacional. En la Nueva Mayoría reconocen que, de concretarse ese enfrentamiento entre Peñailillo y ME-O, no será menor y agregan que el ministro del Interior está en una “excelente posición”, pero ocupa un cargo en que “en 24 horas puede hundirse todo su capital político”.

Por eso, en el entorno de Enríquez-Ominami comentan que el ministro ha tratado de “bloquear” al ex presidenciable, que ninguno de los actores en La Moneda tiene contacto con él, que las incipientes señales de contacto que dieron algunos, luego fracasaron por lo mismo.

Esa suerte de bloqueo del que hablan no sería de todo el gobierno, ya que hay ministros con espalda y piso político bastante ancho que no necesitan la “venia” de Palacio para desplegar sus gestiones. En esa línea, se cuentan los titulares de Energía, Máximo Pacheco (PS), de Educación, Nicolás Eyzaguirre (PPD), y el canciller Heraldo Muñoz (PS), con quienes el ex presidenciable tiene conversaciones personales y telefónicas y hasta reuniones.

En La Moneda dicen que ese bloqueo no es tal, que “Peñailillo no le pone barreras”, que el que más se beneficia ahora con el coqueteo político es precisamente Enríquez-Ominami y que el gobierno no depende de él para sacar adelante sus reformas.

La desconfianza mutua

Es harta el agua que ha pasado bajo el puente entre Marco Enríquez-Ominami y la Nueva Mayoría, por lo que en esta historia las desconfianzas políticas están a la orden del día. Eso, aparte de que en la DC –que no tiene ningún contacto con él ni interés en hacerlo– no olvidan y todos confiesan que en ese flanco a ME-O “le pesa la historia pasada” y que la falange no le perdonará la campaña del 2009, que lo consideran responsable de la derrota de Frei.

En el oficialismo son muchos los que reconocen que desconfían de él, que “no es de fiar”, que filtra los acuerdos, que genera dudas, que sólo se cierra las puertas, que da señales contradictorias.

Sacan a colación los esfuerzos del año pasado por llegar a un entendimiento para las primarias y que pateó el tablero anticipadamente, en febrero.

Entre los cercanos del ex presidenciable dicen que todo este acercamiento de parte del PS tiene un objetivo adicional: poner escollos a la posibilidad que el ex senador Camilo Escalona llegue el próximo año a la presidencia del partido, un hecho que en el socialismo son bastantes los que no ven con buenos ojos.

Más allá de la sabida mala relación pública entre Escalona y ME-O y el error estratégico del ex senador de ningunearlo el 2009, al tratarlo de “marquito”, sin sopesar realmente el descontento que él canalizaba con la vieja Concertación, el ex líder de la Nueva Izquierda claramente no está instalado hoy en las posiciones más progresistas del partido, por el contrario, abiertamente coincide con las nostalgias de las políticas del consenso del DC Gutenberg Martínez y la tecnocracia de Velasco.

Es más, señalan los cercanos de ME-O que no se puede precisar qué sucedería si Escalona vuelve a la presidencia del PS, pero que es altamente probable que “se vaya al tacho de la basura” todo lo conversado hasta ahora.

Hay quienes añaden a la lista de desconfianzas que en el PS y el PPD lo tiene cerca como estrategia para dar una señal, al resto de los posibles presidenciables de la Nueva Mayoría, “de que hay alternativa bajo la manga”, una suerte de carta que sirva para mantener el orden interno en la coalición y que, ya más avanzado el escenario para el 2017, las agendas personales y las pretensiones presidenciales los tienten a desmarcarse y poner por encima justamente sus agendas personales, como sucedió en el primer gobierno de Bachelet.

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