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Una querella desde Punta Peuco

por 29 enero, 2018

Una querella desde Punta Peuco
El teniente coronel de Ejército en retiro, Raúl Pablo Quintana Salazar, preso en Punta Peuco por delitos de lesa humanidad, presentó una querella en contra de Mariano Jara Leopoldo, conocido como “Camaleón” en el libro que el año 2017 lanzó el periodista Javier Rebolledo. En la acción judicial precisa una serie de delitos en los que habría incurrido Jara a través de sus dichos en el libro, los que para Quintana significaron una afrenta a su honra, a la de su esposa y su grupo familiar en su conjunto.
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El teniente coronel de Ejército en retiro, Raúl Pablo Quintana Salazar, preso en Punta Peuco por delitos de lesa humanidad, presentó una querella en contra de Mariano Jara Leopoldo, conocido como “Camaleón” en el libro que el año 2017 lanzó el periodista Javier Rebolledo, donde Jara relata que fue un integrante secreto del aparato militar del Partido Comunista de Chile y un empresario célebre durante los años más duros de dictadura militar.

Aunque Quintana Salazar se encuentra cumpliendo quince años de condena desde 2014, esto no fue impedimento para que presentara una acción judicial por “injurias con publicidad” en contra de Jara, personaje central de la novela de no ficción de Rebolledo. Quintana le dio un poder notarial a su hija, Carolina Quintana, y es representado por el abogado Juan Carlos Manns, quien también ha representado a otras personas acusadas de violaciones a los Derechos Humanos, como el ex director de la DINA, Manuel Contreras.

El libelo, en estado de tramitación en el Octavo Juzgado de Garantía de

Santiago, precisa una serie de delitos en los que habría incurrido Jara a través de sus dichos en el libro, los que para Quintana significaron una afrenta a su honra, a la de su esposa y su grupo familiar en su conjunto.

En el libro “Camaleón, Doble vida de un agente comunista” se relata que con la dictadura militar Jara se hizo de un “camuflaje” para ocultar su rol como bodeguero de las armas que el PC tenía escondidas en una parcela ubicada en las afueras de Santiago. Una labor extremadamente sensible para la cual utilizó su poderío económico gracias a su cadena de tiendas de electrodomésticos Nadir, con lo que generó amistades en los centros de poder como la hípica, donde fue un destacado dirigente; en el mundo de la noche, donde se convirtió en el célebre dueño y regente del centro nocturno Flamingo; y entre los uniformados, donde se relacionó incluso con el director de la CNI, Humberto Gordon y el integrante de la Junta Militar, César Mendoza.

Dentro de esa labor es que el libro explica que Jara se acercó a Quintana Salazar, entonces teniente de Ejército, casado con una sobrina suya muy cercana debido a que, prácticamente había sido adoptada por sus padres. Durante la dictadura, Jara trabó una relación íntima con el uniformado, quien trabajaba en la DINA con Manuel Contreras.

El libelo, que reconoce que Jara es un pariente cercano de la esposa de Quintana Salazar, explica que el militar ( r) leyó impactado el contenido de “Camaleón” desde Punta Peuco, luego de que su hija le llevara un ejemplar, impacto que “fue creciendo al leer pseudo referidos a él, su condición pasada de militar, constatándose relatos dispares, fútiles y exagerados, pero intencionados (…)”. El texto agrega que conscientemente a través del libro, Jara utilizó su cercanía con la familia de Quintana Salazar para sacar a la luz un “cuento intencionado a causar daño a quienes nunca se lo causaron”.

El centro de la acusación, en todo caso, apuntaría más que a los dichos de Jara a desmentir el rol de Quintana Salazar como violador a los derechos humanos durante la dictadura de Augusto Pinochet. Desmiente, por ejemplo, que haya sido, como lo señala el periodista autor del libro, el encargado del campo de concentración ubicado en las cercanías del regimiento Tejas Verdes, donde se creó la DINA en 1973 y el sistema de torturas que imperó en Chile durante la dictadura.

Según él, en ese momento era un subteniente de reserva, no perteneciente a la planta permanente y que el cargo de jefe del lugar no se encuentra consignado en ninguna resolución judicial. “Más allá de la nomenclatura técnica, son muchos los testimonios judiciales que señalan que Quintana Salazar fue el jefe del campo de prisioneros”, explicó Rebolledo.

“Así lo percibían ellos. El tipo duro que los maltrataba y que les daba las órdenes en la mañana, como formarse, y también en los castigos”, agregó.

En la actualidad Quintana Salazar enfrenta dos condenas, una de cinco años por torturas en contra de detenidos en Tejas Verdes, y otra de diez años y un día de presidio por su participación como autor de los delitos de secuestro calificados de Miguel Heredia Vásquez, Rebeca Espinoza Sepúlveda, Felipe Marmaduke Vargas Fernández, José Leonardo Pérez Hermosilla y José Orellana Meza.

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