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Ser o estar gorda: el patriarcado y la tesis del cuerpo incorrecto

por 18 junio, 2020

Ser o estar gorda: el patriarcado y la tesis del cuerpo incorrecto
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La crisis sanitaria-social y su débil manejo han aumentado el nivel de incertidumbre y ansiedad en nuestro país. El encierro, las dificultades económicas y la escasa salud a la que podemos aspirar han alterado nuestros hábitos y ello se ha expresado en nuestros cuerpos.

En este contexto el patriarcado disciplinante ha sacado a flote un viejo discurso, ampliamente reproducido por las estructuras sociales el cual esconde un temor concreto: el miedo a ser o estar gordas.

Vale preguntarse, en momentos en donde las condiciones materiales nos empujan a que la mayoría de las mujeres no tengamos control ni decisión alguna sobre el tamaño de nuestros cuerpos, qué tan legítimos son los discursos que definen la belleza como sinónimo de delgadez.

El patriarcado, la belleza y los cuerpos

Un cuerpo leído como femenino es un lugar mediado por el poder, en él recaen prácticas disciplinantes. Sandra Bartky, clasifica estas prácticas en “aquellas que buscan producir un cuerpo de cierto tamaño y configuración general; aquellas que traen consigo un repertorio específico de gestos, posturas y movimientos y aquellas dirigidas a exponer ese cuerpo como una superficie ornamentada”.

Las prácticas disciplinantes que buscan producir un cuerpo de cierto tamaño han sufrido variaciones a lo largo del tiempo. En los años 90 los cuerpos reproducidos por la publicidad eran hiper sexualizados y de una voluptuosidad antojadiza, anchas caderas y busto exuberante. En el siglo actual el canon ha ido transitando a un menor grado de sexualidad y a una delgadez extrema.

Es mentira que todas las mujeres somos bellas con nuestras diversidades, por definición, no lo seremos mientras la belleza siga sosteniendose en discursos políticos que pretenden que seamos un solo tipo de mujer estereotipada.  

Los cánones del “cuerpo aceptable” para el patriarcado son parte de una estructura compleja de estándares de belleza reproducidos incesantemente por diversos medios. El 2015, la CNTV informó que sólo 7% de las mujeres que aparecen en la televisión chilena son “robustas”. Asimismo, una encuesta de percepción realizada en el 2018, reveló que un 75% de las chilenas declaran no sentirse identificadas con las mujeres que aparecen en la publicidad.

El imaginario de belleza es construido a través de la repetición reiterada de cuerpos extremadamente delgados, que ya no sólo tienen como tarea difundir los estándares, sino  que terminan por representar al mundo y constituirlo. La extrema delgadez se convierte entonces, en el cuerpo exhibido, difundido y en el representante de todos los demás cuerpos.

Gordofobia y los falsos argumentos

A la hora de argumentar en contra del ser o estar gordas afloran 3 falsos argumentos: el primero, se reduce a la afirmación “la gordura es una enfermedad”. Este discurso intenta aplicar a los cuerpos percibidos como gordos, estándares médicos relativos a la obesidad, los cuales no se pueden determinar a través de la mera apreciación visual. El segundo de ellos señala que “decidimos que comer, ergo que tamaño de cuerpo tener”, este argumento invisibiliza las brechas alimentarias existentes en nuestro país, en donde la vulnerabilidad y la pobreza no permiten elegir dieta alguna. Para muchas mujeres el tamaño del cuerpo no es una decisión.

Y el tercero sostiene que “la gordura es antiestética”, obviando que la estética y la percepción de la belleza son categorías rotundamente definidas por factores como el capitalismo y el patriarcado.

El cuerpo incorrecto

El cuerpo perfecto para el patriarcado es el que no tenemos. Ayer fue voluptuosidad antojadiza, hoy la extrema delgadez y mañana quién sabe. Pese a los esfuerzos de las mujeres por resistir y rebelarnos, aún existe una compleja estructura que nos disciplina cotidianamente.

El desarrollo del feminismo ha puesto en entredicho el tamaño del cuerpo, pero lo cierto es que, si el patriarcado sobrevive, la mayoría de las mujeres seguiremos teniendo el cuerpo incorrecto.

Es mentira que todas las mujeres somos bellas con nuestras diversidades, por definición, no lo seremos mientras la belleza siga sosteniendose en discursos políticos que pretenden que seamos un solo tipo de mujer estereotipada. Por ello insto a todas las mujeres a tomarnos los conceptos de la opresión de nuestros cuerpos, asirlos, discutirlos, redefinirlos o destruirlos. Tal vez ser bellas, flacas y jóvenes sean cosas que las mujeres del futuro, nosotras mismas y las que vienen, menospreciemos.

  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.

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