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Sin salud no hay felicidad

por 17 agosto, 2019

Sin salud no hay felicidad
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Nuestro país tiene pendiente el desafío de asegurar una salud para todos. Una salud que garantice a toda persona el acceso a una cobertura sanitaria universal, sin tener que pasar por las implicancias económicas de cada hogar, familia o persona individual como la condicionante para llegar al derecho a la salud. Es tiempo que nos demos cuenta que sin salud no hay felicidad; no nos quedemos al margen de esta reflexión en la sobremesa familiar, en la conversación con amigos y/o conocidos.

Hablar de “Salud para todos” es vital para encontrar un camino al desarrollo. En este sentido, es menester conocer algunos requisitos que plantea la Organización Mundial de la Salud (OMS) respecto a la salud universal. Lo primero es que las naciones deben disponer de un sistema de salud eficiente y en buen funcionamiento que permita responder a las necesidades de salud prioritarias para la atención focalizada en las personas. Lo anterior con una fuerte base en la prevención; la detección de enfermedades tempranamente; medios y recursos para tratamientos; y la tan importante herramienta de la rehabilitación. Lo segundo, es garantizar la asequibilidad bajo un fuerte sistema de financiación en los servicios de salud, un seguro social solidario que abarque todo el sistema nacional. Otro punto fundamental y estratégico es el abastecimiento de medicamentos, insumos médicos y la disposición de tecnologías para los tratamientos de salud y que por supuesto mantenga un equipo multidisciplinario en el área de salud clínica, de gestión y operacional en un contexto profesional, técnico y administrativo.

Recientemente el Ministerio de Salud (Minsal), dio a conocer que cerca de 26.000 personas en lista de espera fallecieron el año 2018 esperando una atención en salud. Y de la misma forma el Minsal explica que sólo un 37% del total de personas en listas de espera falleció por la enfermedad relacionada a la espera de atención, mientras que el 63% lo hizo por otras causas o enfermedades distintas.

Claro está que por donde se le observe ninguna de estas estadísticas son buenas, menos para hacer defensas corporativas. Es necesario entender que no podemos seguir conciliando que el acceso a la salud siga determinado por el dinero; la salud no puede ser una transacción dividida entre quienes se atienden en Fonasa, compran un bono por Fonasa, compran un bono por Isapre y en un último escaño de atención bajo la mirada particular pagada.
La salud debe ser un derecho.

  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.

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