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Una obra de la compañía teatra

Cultura - El Mostrador

Alturas de Macchu Picchu para el rescate de la identidad cultural

por 8 enero, 2004

Mezclando danza, música y poesía, esta poderosa adaptación teatral de la obra de Pablo Neruda intenta jugar con las reflexiones del espectador entorno a la pérdida de identidad cultural, la desaparición de la raíces y el ocaso de la memoria histórica. Esto, en el centenario del natalicio del Premio Nobel chileno.
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Cuando han caído los modelos y perdido las ideologías su valía, el viaje de reflexión de este intenso montaje sobre la muerte, implícita en el texto Alturas de Macchu Picchu, representa para la juventud de Chile y de toda la América Latina la recuperación de la memoria histórica y verdadera identidad cultural.



Basado netamente en el texto completo de Alturas de Macchu Picchu, del Canto General, esta puesta en escena -que se realiza en el Teatro Providencia- se desarrolla con música andina original de la Compañía de Teatro La Mancha e indaga en la fecunda imaginería de nuestros festejos populares: cantos, bailes, juegos y marionetas.



Dirigida por Rodrigo Malbrán y Elie Nixon, Alturas de Macchu Picchu originariamente se pensó como un montaje con atisbos de tragedia griega. Sin embargo, la compañía estimó que se perdería el espíritu de la obra de Neruda, por lo que decidió incorporar juegos indígenas, música y bailes rituales, apelando a las sensibilidad del espectador y a su reflexión en torno a los conceptos que la obra maneja.



"Nosotros nos hemos basado en ciertos conceptos que forman parte de la tragedia griega. Pero esto, por sobre todo, es un espectáculo y tiene un tono épico, pero que se apoya principalmente en el espíritu de Neruda", afirma Rodrigo Malbrán, uno de los directores de Alturas de Macchu Picchu.



Agregó que "aquí todos están acostumbrados a ver el teatro desde una concepción aristotélica. Pero a nosotros nos interesa que el público capte nuestras simbologías, nuestros conceptos. Vamos jugando con ciertas imágenes y pretendemos que cada persona se vaya a su casa reflexionando sobre su percepción del montaje que acaba de presenciar".



Esta adaptación se pasea por la obra completa del poeta nacional, con una puesta en escena sencilla, pero efectiva que logra crear y traer a las tablas la esencia de Neruda y su obra. Juegos de luces y sombras, bellas coreografías e intensos coros dan a cada uno de los 12 poemas de Alturas de Macchu Picchu una interesante armonía y una singular libertad estética.



El hilo conductor de la obra es Pablo Neruda, representado por una marioneta que se pasea constantemente por el escenario -y en medio de las coreografías y cánticos- recitando versos y lanzando reflexiones al aire. Su figura aunque artificial, logra transmitir cierta cercanía con la imagen del poeta, su obra, su visión de la realidad y la particular crítica a la desaparición de valores y raíces.



"Tratamos de tener respeto por el poeta, sobre todo en este momento en Chile, donde la mayoría de las cosas que vemos día a día son de una vulgaridad tremenda. Por ello, lo más importante para nosotros era buscar un tono que dignificara a Neruda y que mostrara de parte nuestra, como compañía, un respeto y una admiración frente a él", comentó Malbrán.



Según dijo, "también pretendíamos darle al público, ya que los doce poemas son un ladrillo, el poder de observar de otra forma los textos, representados en estas imágenes. Queríamos que al espectador entrara en la poesía de Neruda de una manera más potente".



Hijos del rigor



"Nosotros llegamos a Chile con la compañía formada, que era yo y Ellie (Nixon) y montamos una escuela de teatro. Llegamos con una metodología de teatro absolutamente nueva que es la del maestro francés Jacques Lecoq. Su mirada específica tiene relación con esa búsqueda de los actores-autores, es decir, que los intérpretes sean personas creativas arriba del escenario y no meramente funcionarios", asegura Malbrán.



La pedagogía de la escuela La Mancha, fundada en 1987 en Paris, tiene varias vertientes. Por un lado, es innegable la influencia del teatro corporal de la escuela de Lecoq, donde se formaron Nixon y Malbrán. Esta se basa esencialmente en la dinámica del movimiento involucrando al cuerpo, primer elemento de reconocimiento del ser vivo, a través de la representación de todo lo que se mueve, ya sea en vida o sobre el escenario.



La enseñanza se aplica a las leyes universales del movimiento, a la creación dramática y a la actuación. La enseñanza es referencial, proporcionándole al alumno un punto de apoyo vivo -más allá de las modas- ligado a los movimientos de la vida y sus permanencias. La escuela está en búsqueda de un teatro de la naturaleza humana a través de visiones, lenguajes y estilos de actuación muy diversificados.



"La compañía La Mancha es hija del rigor. Causamos siempre polémica con los críticos, o nos tratan muy bien o muy mal. Nuestra manera de hacer teatro se caracteriza por un estilo muy particular que nos distingue de otros. Tratamos de ser cronistas de nuestro propio tiempo", comenta el director del montaje Alturas de Macchu Picchu.



Añadió que "el actor y la persona no se pueden separar. Cuántas veces me he encontrado con grandes actores en el escenario, pero pobres imbéciles en la vida cotidiana. Es una decepción muy tremenda. Me fui de este país a los 11 años y me sentí muy avergonzado de ser chileno gran parte del tiempo".



La compañía ha impartido numerosos seminarios, talleres y puesto en escena obras en varios lugares del mundo. En su trayectoria en Chile destacan "Matando el tiempo" (1993), "Parranda", selección de textos de Nicanor Parra hecha por una banda de bufones (1994), "Big Bang: viaje en las emociones en torno a los derechos del niño" (1997), "Le puede pasar a cualquiera" (1998), "Cara de Hereje" (2000) y "Shakespeare a dos tiempos" (2002).





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