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Análisis Internacional

Obama es ungido, pero el viento sopla en contra

por 29 agosto, 2008

No es período para cambios, no está el mundo para reformas, y no será la reducción del neoconservadurismo que invade a EE.UU., y al mundo en general, la que saldrá del elector medio norteamericano para elegir al candidato del Partido Demócrata.
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La Convención Demócrata en Denver pareció, a veces, más un evento para celebrar la candidatura de Hillary Clinton en 2012, que para proclamar a un súper elegido ya desde hace tiempo. Con todo, así comienzan a emerger las condicionantes para una victoria republicana en noviembre.



Los discursos renovadores se postergaron para captar más audiencia en el centro, con menos radicalismo. El escenario sirvió para expresar múltiples problemas y aspiraciones, no todas encuadradas, y con un Partido Demócrata con deficiencias en consolidar un discurso único.



No es periodo para cambios, no está el mundo para reformas, y no será la reducción del neoconservadurismo que invade a EE.UU. y al mundo en general, la que saldrá del elector medio estadounidense para elegir a Barack Obama.



Es demasiada responsabilidad para el ciudadano norteamericano, que no ha podido, en forma significativa, percibir en toda su magnitud el estado de situación de su país internamente por la economía especialmente, y en la parte externa, por la trayectoria de un mega poder que aspira a liderar pero que en realidad sólo genera conflictos. Es una época de incertidumbre provocada por republicanos, pero el elector estadounidense no lo entiende así.



Por el tamaño de la economía, el país está menos mal que el resto de las naciones. En la parte externa es otra historia. EE.UU, con todo el poder a su disposición, sin otra potencia que le dispute supremacía global, ha hecho muy poco con el, y si la invasión a Irak fuera un indicador, la administración republicana se ha auto infringido una herida que podría ser la peor de toda su historia. Si el elector no comprende este último factor, ya no es culpa de Obama ni de las disputas intestinas de los demócratas. Si Obama pierde esta elección será por una combinación de factores que quizás nunca se dio y lejanamente se repetirá, en la historia de los EE.UU.



El primero es la obcecación de la pareja Clinton por permanecer en el poder. El elegido es Obama. ¿Pero quién es el candidato a fin de cuentas? Esta convención, aparte del encendido -pero contenido también- discurso del senador, se ha caracterizado por diseñar el futuro de Hillary Clinton y sus opciones para el 2012.



Algunos entrevistados dicen que el exaltar a Clinton y su proyección para 2012, es una táctica deliberada con el objetivo de aplacar a los infelices por su derrota en las primarias, cosa de persuadirlos a apoyarlo a él en esta vuelta.



El segundo factor que confluye como condicionante fuerte y que debilita automáticamente la opción de Obama es el conflicto ruso-georgiano, que ahora ha escalado a uno entre la Alianza Transatlántica y Rusia en torno a la independencia de Osetia del Sur.



Nunca antes un conflicto de esta naturaleza se había instalado en el período más crítico de una campaña presidencial. Imprevisto o no, está jugando a favor del republicano John Mac Cain. Las redes propagandísticas en EE.UU. están hechas para que el país no se descuide en este tipo de conflictos y la imagen de un idealista con sustancia y afanes moderados como Obama, no es precisamente la del líder que la maquinaria propagandística privilegia en estas ocasiones y que al final se impregna en el pulso ciudadano.



El tercer factor es la fuerza del neoconservadurismo que ha sido capaz de crear un clima político reactivo al cambio sociopolítico. Con aliados ubicados en izquierdas y derechas, el neoconservadurismo acude al progresismo por la vía de los derechos humanos, la libertad individual y el enfrentar las desigualdades. Mac Cain y Obama en estas zonas no son diferentes. Entonces las diferencias radican precisamente en los temas que más afectarán en esta fase definitiva de dos meses en esta elección, como son las situaciones en Afganistán e Irak y ahora el advenimiento de una mucho más gravitante porque recuerda épocas pasadas de la Guerra Fría clásica.



De los últimos 36 años, el partido republicano, fuente impulsora del neoconservadurismo, ha estado en el poder 24, con seis victorias en elecciones presidenciales generalmente holgadas, excepto las dos últimas. Este período de 36 años incluye dos guerras, como Vietnam e Irak, y acoge 20 años de la Guerra Fría anterior. Es decir, el neoconservadurismo se ha impuesto en estas instancias. Los tres triunfos demócratas han sucedido en tiempos de distensión: Jimmy Carter en pos Vietnam y Bill Clinton en pos Guerra Fría anterior.



El cuarto es la elección del compañero de lista para la vicepresidencia. Con ello ha comenzado a desarmar las opciones de cambio y reforma en su mirada. Al elegir a un senador del riñón oligárquico de su partido, desplaza la gravitación política de su programa al éxito electoral en noviembre. De esta forma refuerza la percepción -que los medios se han encargado de enrostrarle a lo largo de toda su campaña-, que su ubicuidad, no es diferente a la del político tradicional, que fue el objeto de su crítica que contribuyó a proyectarse con la imagen del político del nuevo orden. Y ojo, Joseph Biden es un político comprobadamente propenso a la equivocación por su excesivo entusiasmo para hablar en los medios y aparecer en televisión.



Hay un quinto factor que se relaciona con la estabilidad que proyecta el candidato. El despliegue de seguridad en el estado de los Broncos de Denver ha sido descomunal, debido a las amenazas a su vida que han circulado en diferentes circuitos. Esto provoca inseguridad e imprevisibilidad, elementos que a la hora votar han favorecido a George W. Bush, en sus dos victorias presidenciales.



Al revisar las coberturas de The New York Times, The Chicago Tribune, The Washington Post, The Los Angeles Times, e inclusive de periódicos de los vecinos México y Canadá, bajo las actuales circunstancias, queda la sensación de que gran parte del electorado estadounidense, como también mucha masa crítica de la opinión circulante en los medios, estaría preparado para un candidato que se parezca más a George W. Bush, que a Barack Obama. Sin entrar en vaticinios absurdos en este momento, es claro que éste de vencer en noviembre, sería por un milagro, al menos que se de una condición que no depende de Obama: que el estadounidense propenso al neoconservadurismo piense que la vida tiene un sentido diferente.

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