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Continúa la crisis en Honduras

Zelaya cumple tres meses en la embajada de Brasil en Tegucigalpa

por 20 diciembre 2009

Zelaya cumple tres meses en la embajada de Brasil en Tegucigalpa
Desde su permanencia en la legación diplomática, el derrocado mandatario ha fracasado en los tres intentos por recuperar el poder. Sin embargo, responsabiliza a la comunidad internacional y a EE.UU., país al que acusa de actuar con un doble discurso, porque primero condenó el golpe de Estado y después reconoció las elecciones del 29 de noviembre pasado.

El depuesto presidente de Honduras, Manuel Zelaya, cumple este lunes tres meses de permanecer en la embajada de Brasil en Tegucigalpa, adonde llegó el 21 de septiembre pasado para seguir exigiendo su restitución en el poder.

Zelaya fue derrocado el pasado 28 de junio y enviado a Costa Rica, desde donde inició un periplo por varios países del continente en busca de su restitución en la Presidencia de Honduras, tras lo cual se radicó en Nicaragua.

El 21 de septiembre llegó por sorpresa y clandestinamente a la embajada de Brasil en Tegucigalpa, que permanece desde entonces resguardada por policías y militares, quienes, además, registran minuciosamente a las personas que ingresan a esa misión diplomática.

Del registro no escapan los alimentos y cualquier otro tipo de envío a Zelaya y su decena de acompañantes, entre quienes figura su esposa, Xiomara Castro.

El depuesto mandatario dijo a Efe el pasado día 17 que no se arrepiente de haber regresado al país.

"Mi retorno al país es lo más acertado que he hecho en toda mi vida política. Es lo mejor que he hecho en mi vida, lo más correcto ha sido venir a ponerme de frente a mi pueblo que está siendo reprimido, lo hice con plena convicción, lo hice porque quería yo mismo estar frente al problema", subrayó el derrocado gobernante.

Zelaya considera que quienes han fracasado, porque no han podido restituirlo en el poder, son la comunidad internacional y Estados Unidos, país al que acusa de actuar con un doble discurso, porque, según dijo, primero condenó el golpe de Estado y después reconoció las elecciones del 29 de noviembre pasado.

Las elecciones, a las que el Tribunal Supremo Electoral convocó un mes antes del golpe de Estado, le dieron un contundente triunfo al candidato del opositor Partido Nacional, Porfirio Lobo, a quien Zelaya derrotó en los comicios de 2005.

A tres meses de su encierro en la legación diplomática brasileña y a casi seis de su derrocamiento, Zelaya ha fracasado en los tres intentos por recuperar el poder.

El 5 de julio, los militares le impidieron que llegara a Tegucigalpa en un avión de Venezuela, mientras afuera de la terminal aérea, en una calle paralela, miles de hondureños lo esperaban.

El 24 de julio, de nuevo intentó entrar en Honduras por el sitio de Las Manos, en la frontera oriental con Nicaragua, al que llegó conduciendo en vehículo y acompañado por el canciller de Venezuela, Nicolás Maduro. Centenares de policías y militares lo esperaban al otro lado de la frontera para capturarlo por orden judicial.

Hasta ahora, las gestiones para restituir a Zelaya hechas por la Organización de Estados Americanos (OEA) y la mediación del presidente de Costa Rica, Óscar Arias, han fracasado, mientras que el presidente de facto, Roberto Micheletti, se fue consolidando en el poder e insiste en que lo entregará a Lobo el 27 de enero de 2010.

Zelaya fue depuesto el 28 de junio por promover una consulta popular orientada a reformar la Constitución, pese a tener una prohibición legal.

Su mandato de cuatro años finaliza el 27 de enero de 2010 y, según dijo el pasado viernes telefónicamente a Radio Globo, no hay posibilidades de salir de la embajada de Brasil antes del 24 de diciembre.

El pasado 11 de diciembre, Marco Aurelio García, asesor internacional del presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, indicó que "no hay ningún problema" en que el derrocado presidente de Honduras, Manuel Zelaya, "se quede todo el tiempo que quiera" en la embajada brasileña de Tegucigalpa.

"El problema es el tiempo que no está en Palacio de Gobierno (de su país)", declaró entonces García a los periodistas.

Zelaya planteó ayer al embajador de Estados Unidos, Hugo Llorens, quien lo visitó en la legación brasileña, que su salida del país debe hacerse bajo un procedimiento que "no afecte su investidura", dijo hoy a Efe el asesor y portavoz del gobernante derrocado, Rasel Tomé.

El 30 de octubre, representantes de Zelaya y Micheletti firmaron el Acuerdo Tegucigalpa-San José que establecía, entre otras cosas, que el Parlamento hondureño resolviera si el derrocado presidente era restituido o no.

Además, señalaba que el 5 de noviembre tenía que estar instalado un Gabinete de unidad y reconciliación, lo que no se cumplió porque lo querían presidir tanto Zelaya como Micheletti.

El 7 de noviembre Zelaya dio por fracasado el Acuerdo Tegucigalpa-San José y dijo que era "letra muerta".

El 2 de diciembre, el Parlamento hondureño ratificó el acuerdo mediante el cual destituyó a Zelaya del poder el 28 de junio, cuando designó como su sucesor a Micheletti, quien presidía el Legislativo.

Zelaya condenó esa decisión y reiteró que "los golpistas" encabezados por Micheletti se han convertido en "una dictadura".

El Gobierno de facto se opuso el pasado 9 de diciembre a que se le extendiera a Zelaya un salvoconducto para que viajara a México y también se frustró un diálogo para buscar una salida a la crisis entre el presidente de la República Dominicana, Leonel Fernández, Zelaya y Lobo en el país caribeño.

Micheletti considera que Zelaya solamente puede salir con "asilo político territorial" a cualquier país fuera de Centroamérica.

Al cerrar 2009, Honduras se encuentra con el inusual caso de tener tres presidentes: un derrocado, uno de facto y otro electo en unos comicios que Zelaya y la mayoría de la comunidad internacional no reconocen.

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