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Jueves, 14 de diciembre de 2017 Actualizado a las 05:26

Análisis

Elecciones en Venezuela: realismo mágico e igualdad

por 8 octubre, 2012

Elecciones en Venezuela: realismo mágico e igualdad
Ante la sorpresa de los medios de comunicación occidentales supuestamente de centroizquierda, como Le Monde, El País, The New York Times, etc., Chávez se impuso en una elección limpia. Lo que no pueden entender es que el factor determinante de la democracia es la igualdad y no lo es el lucro.

Para muchos las elecciones venezolanas son un enfrentamiento entre la izquierda y la derecha sudamericanas. Para algunos bolivarianos, es otra batalla de Ayacucho, en la que la victoria de Chávez sería un nuevo paso hacia nuestra segunda y definitiva independencia, no solamente de Venezuela, y su derrota un fenomenal retroceso. Para partidarios de la oposición, es una competencia entre una izquierda radical, representada por Cuba, de la cual Chávez sería el hijo predilecto, y una reformista, de tipo brasileño, o lo que es más o menos lo mismo, entre el autoritarismo populista y la democracia representativa. Por mi parte creo que es más bien un realismo mágico.

Después de 14 años de gobierno y de haber ganado varios comicios, Chávez por primera vez compite, también en demagogia, con un candidato competente y que logró unir a una oposición variopinta.

La popularidad del presidente se explica porque sustituyó a un sistema de partidos que implotó por su cleptocracia en 1998. Y lo hizo con un discurso que desnudó al sistema venezolano por su racismo, clasismo y desigualdad.

A  lo que se sumó una masiva asistencia social (alimentación, salud, educación, vivienda), por medio de las llamadas misiones, que financió con un precio extraordinariamente alto del petróleo. Todo ello disminuyó la pobreza y la indigencia, logró uno de los gini, medida de desigualdad, más bajo de América Latina, y excelentes puntajes en el Latinobarómetro 2011, debido a que “su pueblo acusa positivamente recibo de las acciones de gobierno del presidente Chávez” según ese informe.

Sin embargo, tiene tres problemas. El más importante es el económico, que Chávez reconoció. La población sufre penurias, en materias tales como la vivienda, la electricidad, los alimentos, el agua. La infraestructura amenaza ruina. Las acerías producen una fracción del acero que deberían según su diseño. El subempleo es rampante, el 43 % de la población activa trabaja en la economía sumergida, y los salarios han bajado 40 % entre 2000 y 2010.

Un documento del Partido Comunista venezolano, citado por Le Monde, hace notar que la parte del león se la lleva en Venezuela una burguesía importadora y que, por ello, no hay ningún progreso en la diversificación de la economía, pero sí un incremento de la dependencia, en especial, en materias alimentarias y tecnológicas. En otras palabras, un típico modelo rentista e improductivo de un exportador de productos extractivos como Chile.

La producción de petróleo disminuyó, de 3,5 millones de barriles en 1998 a 2,4 millones en 2012, y el número de empleados de la petrolera estatal subió de 32.000 a 105.000. Se trata de explotaciones mixtas, 60 % para el Estado y 40 % para la empresa extranjera (Chevron es la más importante). Venezuela se ve obligada a importar gasolina, a pesar de que tiene una gran red de gasolineras en EE.UU. El problema es la falta de inversiones en refinerías.

La política monetaria, una moneda sobrevaluada, más el control de la venta de divisas por el gobierno, han favorecido a los importadores por sobre los exportadores. A todo lo cual agregaría que el petróleo hoy es el 95 % del ingreso por exportaciones y, antes de Chávez, era el 67 %. El 75 % se exporta a EE.UU. Venezuela es su cuarto abastecedor y esas relaciones petrocomerciales son ópimas. Mientras tanto, la bolsa de Caracas ha subido, desde el año 2000 al 2010, 870 %, más que las de Brasil, 299 %, y Chile, 275 %.

Por esas razones, Foreign Affairs sostiene que Chávez no es un bolchevique que quiere pulverizar el sector privado, como una vez lo dijo. Desea mantenerlo, pero pequeño, no competitivo y dependiente del Estado, agrega. Y para ser un Castro, como dijo Sarney, “le falta historia y le sobra petróleo”.

Un documento del Partido Comunista venezolano, citado por Le Monde, hace notar que la parte del león se la lleva en Venezuela una burguesía importadora y que, por ello, no hay ningún progreso en la diversificación de la economía, pero sí un incremento de la dependencia, en especial, en materias alimentarias y tecnológicas. Indica el fracaso de las cooperativas, considera al Estado altamente ineficaz y deplora la intensificación de la corrupción. Concluye que hay una brecha entre el discurso socialista y la práctica en el gobierno. En otras palabras, un típico modelo rentista e improductivo de un exportador de productos extractivos como Chile.

A lo que se suman otros dos problemas de Chávez: Venezuela tiene la cuarta tasa de homicidios intencionales más alta del mundo. Y estuvo enfermo de cáncer, con tres operaciones, que lo ha debilitado, disminuyendo su actos públicos y la extensión de sus discursos, y del cual se declara sanado.

Capriles, su rival, logró articular un discurso más allá de la tradicional consigna de la oposición, "Chávez, vete ya" o "ahora o nunca". No insulta, y cuando lo insultan evita los golpes. Curioso, durante el golpe contra Chávez el 2002, fue parte de una poblada que intentó apoderarse de la embajada de Cuba.

Las palabras del candidato opositor tienen similitud con las del presidente, pero promete mayor eficacia, más una dosis de un nacionalismo más propio de la guerra fría, aunque se dice cercano a las posiciones de Brasil, que navega por el mundo sin esos prejuicios.

Promete mejorar la recolección de basura, terminar con los apagones, reducir los atascos de tráfico, más transparencia administrativa y combatir la delincuencia. Es la eficiencia versus la ideología.

Capriles, como Chávez, proyecta duplicar la producción de petróleo entre hoy y el 2019, y sembrar el resultado en el desarrollo agrícola y la industrialización del país. Además, quiere revisar los contratos de explotación con China, Bielorusia, Irán y Rusia, y terminar con las ventas en condiciones ventajosas a los países bolivarianos, todo lo cual, insisto, me huele a guerra fría, una desgraciada enfermedad residual en Latinoamérica.

Ante la sorpresa de los medios de comunicación occidentales supuestamente de centroizquierda, como Le Monde, El País, The New York Times, etc. se impuso en un elección limpia Chávez. Lo que no pueden entender es que el factor determinante de la democracia es la igualdad y no lo es el lucro.

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