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Septiembre: tiempo de cambios

por 1 septiembre, 2002

Mientras la crisis parece instalarse en los mercados mayores y la amenaza de guerra se cierne sobre el mundo, en Chile personalidades de notoriedad pública, representantes gremiales y líderes políticos, de gobierno y de oposición, parecen no leer las oscuras perspectivas mundiales.

Mientras la crisis parece instalarse en los mercados mayores y la amenaza de guerra se cierne sobre el mundo, en Chile personalidades de notoriedad pública, representantes gremiales y líderes políticos, tanto de gobierno como de oposición, parecen no leer las oscuras perspectivas mundiales e insisten en entramparse y perder tiempo en prerrogativas partidarias o sectoriales de corto plazo.



La nación espera un golpe de timón del Presidente de la República para que gobierne por encima de las presiones partidarias. Esto exige migrar de ese estilo participativo de gran comunicación social que tanto le gusta a Ricardo Lagos, a un estilo de gobierno que pregunte menos y actúe con mayor fuerza y consistencia. Uno tiene reminiscencias de esos tiempos de la Unidad Popular y recuerda las múltiples transgresiones a la autoridad presidencial cometidas por partidos que querían interpretar la revolución al trasluz de su propios prismas, con la consecuencia final de un desgobierno.



"Cuídame , Señor, de mis malos amigos, que de mis enemigos me cuido solo..." A eso se le teme. La Concertación se ha quedado en la cúpula y mantiene estilos de aristocracia política con escasa base social. Es real que en las poblaciones el populismo ha prendido, con un discurso superficial, pero que aborda sensibilidades a flor de piel de la gente. Dentro del conglomerado oficialista se siguen acumulando casos de militantes corruptos que son expulsados frente a hechos consumados.



Los conflictos de la DC con el gobierno han demostrado una mala estrategia de la dirigencia de ese partido para recuperar un espacio que se perdió precisamente por enfrascarse en el poder, caer en sus trampas y abandonar su ideario. Los gallitos con el gobierno en poco ayudan a reposicionar una sensibilidad humanista cristiana en la población, pues aparecen como una lucha de pasillo, cupular, egoísta y alejada de lo que la gente quiere como soluciones a sus problemas.



Se echa de menos una voz unitaria de la Concertación frente al tema económico. Las relaciones del poder con intereses sectoriales les dificulta a sus partidos ser categóricos ante la ciudadanía, y juegan dentro del modelo, con poca capacidad de análisis o de imaginación para corregirlo, para agregarle transparencia, para defender un Estado más efectivo, con mayor poder de regulación de las distorsiones del mercado y capaz de ejercer una fiscalización oportuna, honesta y efectiva que resuelva en la dirección del interés público los conflictos con el sector privado.



Como vivimos en una sociedad mediática, se le teme a un discurso asertivo, porque siempre se está pensando en la encuesta, en como se leerá el mensaje y qué dirá el otro.



El Presidente aparece muy solo. No hay una movilización de los actores políticos frente a temas que ameritarían coherencia y un respaldo público y categórico, como lo es el caso de la demanda que ha hecho la Exxon al Estado de Chile. Es necesario que el Presidente acorte las riendas para que la coherencia de su gobierno se logre y evite las actitudes erráticas de ministros o intendentes que no tienen claras las políticas o las interpretan a su gusto.



Es preciso que los Ministros salgan menos en televisión y que sea sólo la voz cantante del Presidente, mediante cadenas nacionales periódicas, la que transmita una orientación a la ciudadanía y a los diferentes agentes sociales y económicos.



Es preciso desahogar la agenda comunicacional para entrar en la agenda movilizadora, transversal, que agrupe a los responsables con criterios multisectoriales, rompiendo los compartimentos estancos de un Estado enmarañado en que cada cual se las ingenia para salir con sus conferencias, con sus asesores de imagen y sus relacionadores públicos. Le haría muy bien al gobierno recuperar una actitud frugal en el ámbito de las comunicaciones, para no desgastarse en debates que nutren la prensa pero terminan cansando a la gente o haciendo que se pierda el norte o la distinción entre lo urgente y lo importante.



Creo que una señal decisiva sería que el Presidente instalara en su gobierno un equipo de ministros que rompiera los cupos partidarios, y llamara a servir al país a personalidades que considere idóneas para llevar adelante un plan de reactivación, independientemente de su sensibilidad política, incluso aunque sea de oposición.



Estas movidas audaces son las que se extrañan en el estadista Ricardo Lagos, y creo que es tiempo de poner todas las energías en esto.



Es preciso, remecer las burocracias que se instalan en los vericuetos públicos para que sean receptores del sentir ciudadano. Quizás resulte duro decirlo, pero lo que se requiere en este período de crisis -reconocida o no - es una gestión presidencialista fuerte, que dé señales de independencia frente al partidismo anquilosado y sectario que amenaza la institucionalidad.



Es duro para quien ha mantenido siempre una posición que apunta a la profundización democrática concluir que la dirigencia política ha fallado, y que la ciudadanía hoy no haría distingos entre una dictadura y una democracia mientras sea efectiva. Por eso, como administrador público considero que el Estado no puede decaer por culpa de los malos políticos, sino que debe fortalecerse por encima de pretensiones partidistas menores.



Plantear un período de fuerte presidencialismo por encima de los partidos de la alianza de gobierno, significa abrir un nuevo proceso, que se sustente en la incorporación directa de personas que puedan dar al espectro un sentido nacional de participación social, con un Presidente en terreno, controlando que los mecanismos de gobierno funcionen y siendo inflexible cuando se detecten errores, abulias o actitudes displicentes de cualquier servidor público, cualquiera sea su tienda, apellido o rango dentro de la fronda política.



Si esto se aplicara, entraría una energía nueva al escenario político y quizás así se restablecería la confianza en nuestro sistema, con un efecto positivo en lo económico y social.



* Especialista en gerencia internacional y relaciones internacionales, escritor, académico y consultor.



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