Pensamiento único y “autoflagelantes” - El Mostrador

Sábado, 16 de diciembre de 2017 Actualizado a las 15:56

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Pensamiento único y "autoflagelantes"

por 11 octubre, 2002

Nuevamente caímos en la descalificación fácil de los proponentes, acusándolos de autoflagelantes, populistas y estatistas. Sin embargo, al revisar los lineamientos básicos de sus propuestas surge la pregunta de qué aspectos de ésta los hace merecedores de estos adjetivos.

Esta semana hemos conocido el documento La Concertación por Chile por un desarrollo justo, elaborado por un equipo de economistas y suscrito por un grupo significativo de parlamentarios de la Concertación.



Al igual que la mayoría de los chilenos, supe de su existencia a través de la prensa, a través de un titular de La Segunda que decía: Proponen otra vez cambios de impuestos, y con el encabezado Parlamentarios autoflagelantes de la Concertación buscan apoyo social.



Así, como normalmente ocurre, un medio escrito de derecha nos pautea el debate. Tengo la convicción que el periodista que redactó la nota no leyó el texto completo o bien no lo entendió, de otra forma no se explica el simplismo en su tratamiento (mirada ingenua).



Esto último no debiera sorprendernos ni molestarnos, pues de eso se trata: manipular la información para soslayar la necesidad y fondo del debate (mirada realista).



Por mi parte, para no incurrir en el mismo error, leí el texto de cincuenta y un páginas. Me tomó más tiempo del esperado dada la riqueza argumentativa del mismo.



En lo principal, su contenido se estructura en tres partes. La primera contiene una argumentación sólida acerca del agotamiento del modelo económico aplicado en Chile desde mediados de los '80. La segunda ofrece una comparación, basada en indicadores, de los rasgos distintivos del modelo chileno respecto del modelo seguido por los países desarrollados (OECD), y la tercera presenta una propuesta de cómo producir desarrollo económico con justicia en Chile, haciéndose cargo de la formulación de una serie de medidas reactivadoras para nuestra economía.



Podremos discrepar de algunas líneas, énfasis y propuestas del documento, pero lo que no debemos hacer es desconocer que se trata de un esfuerzo serio y necesario para abrir un diálogo con espíritu constructivo y autocrítico destinado a pensar una estrategia de desarrollo distinta para Chile.



Desgraciadamente esto no es lo que está ocurriendo. Así es: nuevamente caímos en la descalificación fácil de los proponentes, acusándolos de autoflagelantes, populistas y estatistas. Sin embargo, al revisar los lineamientos básicos de sus propuestas surge la pregunta de qué aspectos de ésta los hace merecedores de estos adjetivos.



¿Merecen acaso tales calificaciones las ideas de avanzar hacia una segunda fase en el desarrollo exportador basada en mayor valor agregado, incorporar a la pequeña y mediana empresa en el desarrollo exportador, avanzar hacia una descentralización efectiva y real otorgándole autonomía a las regiones tanto en inversión como en la promoción de nuevas actividades económicas, elevar sustancialmente la calidad de nuestra educación, acotar los fenómenos de concentración económica o avanzar en una adecuada red de apoyo social?



Me temo que no se trata de eso. Más bien me inclino hacia una explicación que explora otras claves interpretativas.



Primero, la aspiración del neoliberalismo en constituirse en pensamiento único, o bien en la aspiración a la absurda pretensión de cientificidad infalible que muestran muchos economistas.



Curiosamente, el mismo día del titular mencionado, en una entrevista en El Diario, Alejandro Foxley sostenía: "Si en algo se nos ha pasado la mano, es en términos de una política demasiado cautelosa en lo social", sin que esto le haya merecido ninguna acusación de irresponsabilidad. Será que su apertura a la discusión sobre privatizaciones contrarresta la eventualidad de las críticas, al ofrecer una opción tentadora a los guardianes del neoliberalismo.



Segundo, la predominancia de la matriz neoliberal, que en sus proposiciones básicas es una ideología que sigue claramente viva, y a pesar de retrocesos y modificaciones sufridas en años recientes desempeña un papel fundamental en la formación y racionalización de las políticas que se llevan a cabo.



Esta ortodoxia imperante es heredera de la opción capitalista que sirvió como referente en Chile, que tuvo como modelo al sistema norteamericano en lugar del renano o europeo.



Tercero, un cierto optimismo ingenuo, que supone que podemos prosperar individual y socialmente sin cambiar realmente las reglas articuladoras de nuestras interacciones, ni los modelos mentales, de actitudes y valorativos que las subyacen. Este conservadurismo liberal nos hace perder capacidad crítica frente a los problemas de funcionamiento del actual modelo asociados al hecho, como señala el documento, que la apropiación de las rentas económicas generales en el período de bonanza más bien generaron una espiral de crecimiento en el consumo suntuario en lugar de una reinversión orientada a fortalecer la capacidad productiva del país.



Las cifras son elocuentes. Entre 1990 y 2000 las importaciones de los artículos de joyería aumentaron en un 302 por ciento, los aparatos para cuidados estéticos crecieron en 373 por ciento y los artículos de perfumería aumentaron en un 903 por ciento. Asimismo, el crecimiento de los malls en un 55 por ciento entre 1996 y el 2000, es otro indicador sintomático del mismo problema.



Esto me hace recordar a don Patricio Aylwin, a quien prácticamente se le acusó de herejía por declarar que no los visitaba, con el agravante de ser feliz a pesar de ello.



En consecuencia, me parece que ha llegado la hora de abrirnos a nuevas exploraciones en el plano de las ideas si queremos representar como Concertación una opción de cambio de cara a las próximas elecciones. Mientras tanto, suscribo el documento y reclamo mi derecho a no ser estigmatizado de autoflagelante, estatista o populista.





(*) Investigador del CED. Ingeniero Comercial y Doctor (c) en Management.

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