Cautivo en El Caribe - El Mostrador

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Cautivo en El Caribe

por 3 septiembre, 2006

En reciente viaje por El Caribe leía un libro sobre los aborígenes antillanos mientras estaba tendido en una de sus playas. Días de sol intenso. A pocos metros las aguas cálidas del suroeste de Puerto Rico (Borinquen para los indios taínos que la habitaron antes de llegar los europeos). También una agradable brisa de palmares me protegía de los 38 grados Celsius. Más de quinientos años después, o muchos más si incluimos los siglos antes de llegar los europeos, la imaginación me llevaba a diversos lugares del pasado que relataba aquel libro.



Cuando Cristóbal Colon llegó a las Antillas Mayores, principalmente la Española (hoy Haití y Republica Dominicana) y luego a Cuba, los indígenas taínos le hablaron inmediatamente de la ferocidad de los indios llamados "caniba" o "canima". Luego Colón en la Española en 1492 escribe por primera vez la palabra "caribe" refiriéndose a los que vivían en algunas islas de las Antillas Menores. Los taínos le relataron en Cuba, el 23 de noviembre de 1492, que esos "caribes" se comían a sus enemigos. Con seguridad se comunicaron con mucha dificultad pues el Almirante no tenía todavía ningún traductor. Sí tendrá un traductor taíno (lo bautizaron "Diego Colón") a partir de su segundo viaje. Este traductor era uno de los siete indios taínos (los primeros del Nuevo Mundo obligados a dejar su tierra original) que el Almirante llevó a la fuerza para mostrar a los Reyes Católicos al regreso de su primer viaje.



Colón convertiría luego en sinónimos los términos "caribe" y "caníbal" en su famosa carta del descubrimiento (febrero de 1493), la que tuvo amplia difusión en Europa. Hoy día, únicamente por la información de documentos escritos por franceses e ingleses, pues no hay evidencias antropológicas o arqueológicas, se ha afirmado que fue cierto que los indios caribes comían carne humana. Los principales investigadores actuales coinciden sin embargo que aquella práctica hay que considerarla como un "canibalismo ritual".



En una "canoa" (primera palabra indígena que Colón incorpora en su diario de octubre de 1492) podían ir 50 caribes. La canoa era hecha del árbol llamado Ceiba. Como eran guerreros constantes, durante 6 meses al año (desde julio a diciembre) desaparecían por las islas buscando prisioneros. Se dice que podían salir 500 caribes en sus canoas en aquella expedición de captura. Navegaban por las islas, principalmente las islas grandes donde estaban sus enemigos eternos: los taínos. O sea que también la isla de Borinquen (hoy Puerto Rico) podía ser asediada, principalmente en noche de luna, y entrar por esta playa donde ahora, después de 514 años o más, estoy tendido, leyendo una historia que tomó siglos en escribirse para que tuviéramos una idea aproximada de esos indios caribes. Llegaron cientos de años atrás, quizás antes de Cristo, por el norte de Venezuela, de islote en islote, habitando las Antillas Menores.



El libro cuenta que los meses restantes, desde enero a junio, cuando se quedaban en sus comunidades, los hombres caribes se levantaban temprano, se lavaban en un río, se reunían a conversar o a tocar la flauta (hecha de los huesos de las piernas de sus enemigos o de madera). Las mujeres preparaban el desayuno, los peinaban (una característica de los indios caribes era su larga cabellera negra tanto en hombres como en mujeres y andaban desnudos). Luego unos iban a pescar en el mar o en los ríos. Otros quemaban árboles para preparar el lugar de cultivo. O construían o reparaban las viviendas. Hacían cierto tipos de canastos tejidos, cuerdas, asientos de madera, pequeñas mesas de fibra, unos coladores tejidos para colar la harina de yuca.



Los más adiestrados se ocupaban en hacer canoas para la expedición anual que comenzaba desde julio a diciembre. Otros construían arcos y flechas, algunas con un veneno mortal. Otros fabricaban las grandes macanas planas de madera dura, pulidas, adornadas en el mango. Con ellas aturdían a sus enemigos. O con un golpe más fuerte mataban de un certero "macanazo" en la nuca al que sería comido en una ceremonia especial.



Con luna llena entraban a una parte de alguna isla. Rodeaban el lugar donde estaban los indios y las indias taínas durmiendo. Con un gran alarido para causar miedo, a eso de las tres de la mañana, los atacaban. El objetivo no era matarlos a todos sino reunir una cantidad de prisioneros y prisioneras. Eran llevados a sus comunidades. A los hombres capturados los hacían esclavos. No los comían sino que eran destinados a trabajar en sus tierras o en otros oficios. Con las mujeres cautivas (taínas, y también se sabe que capturaron a mujeres mestizas, luego a africanas) se mezclaron. Las taínas cautivas fueron las que fundamentalmente trabajaban la cerámica para los caribes. Oficio que por generaciones ellas realizaban en su comunidad taína..



El libro dice que no comían a todos los prisioneros sino que elegían a uno para su ritual caníbal. El sacrificado era hombre. En una ceremonia especial se vestían con adornos. Todos comían y bebían un tipo de alcohol (también daban de beber a la víctima). Con las macanas de madera lo atemorizaban y en algún momento alguien le daba en la nuca el golpe final. Le cortaban la cabeza y se vaciaba su contenido. Se guardaría como trofeo para que futuras generaciones vieran el valor de los caribes. El resto del cuerpo se partía y cortaba con cuchillos de piedra y se ponía a asar en parrillas de madera. Se guardaban los huesos de las piernas para hacer flautas. El pene era la única parte que no se comía y se tiraba al mar.



Está oscureciendo aquí en la playa de Borinquen. Hay luna llena. Es gigante. Ilumina el palmar y la costa. Aún no he terminado de leer mi libro. Hace tres días y tres noches que vivo en esta playa con poca agua y algunos víveres. Escucho ruidos en el mar (sin duda son las "canoas") que se acercan. Reman hacia la orilla donde he estado todo el día. Ahora escucho gritos y voces en otra lengua. Tres hombres desnudos de cabelleras negras y largas se acercan con unas grandes macanas de madera dura. Son iguales a las reproducciones que aparecían en el libro que leía en esta playa, al suroeste de Puerto Rico, este mes de agosto de 2006.





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* Javier Campos. Escritor, poeta. Es académico de la Universidad Jesuita de Fairfield, Connecticut, Estados Unidos.


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