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El poeta Gonzalo Millán (1947-2006)

por 17 octubre, 2006

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Me acaba de escribir Oliver Welden que ha fallecido el poeta Gonzalo Millán. El primero de enero de 2007 cumpliría 60 años. Siempre recuerdo su fecha de nacimiento porque alguna vez entre amigos nos decía que nacía cada año -el primero de enero- por tanto pensaba que era eterno. Recuerdo que eso me lo dijo hace años allá en Concepción cuando nos conocimos. Era finales de los años 60 en pleno movimiento estudiantil que marcó para siempre a muchos y a muchas. El compromiso de buscar una sociedad mejor y casi utópica Una gran cantidad de muchachos y muchachas en flor, luchando por esa utopía, iría a desaparecer o morir bajo la persecución o torturas implacables de la dictadura militar chilena.



Esos tiempos, fines de los 60, abundaban las marchas de jóvenes estudiantes por las calles pidiendo lo imposible. O sea influidos por la Revolución Cubana, la guerrilla de Che Guevara en Bolivia, el movimiento hippie en Estados Unidos, la matanza de Tlatelolco en México el 2 de octubre del 68. O el mayo 68 francés cuya frase "seamos realistas, pidamos lo imposible", muchos la repetíamos, tanto poetas o no poetas, como una consigna de batalla.



También vivimos con Gonzalo muy cerca el nacimiento del MIR en aquella Universidad de Concepción. Estuvimos en muchos recitales poéticos por varias partes de la región de Concepción, o hacia el sur. Participamos en el grupo literario "Arúspice" con Jaime Quezada, Silverio Muñoz (fallecido hace dos años en Estados Unidos), Floridor Pérez, Edgardo Jiménez y Omar Lara, que si bien era del grupo "Trilce" de Valdivia frecuentemente venía a Concepción. Era el tiempo cuando los poetas jóvenes éramos queridos por los muchachos y muchachas de nuestra misma edad. Pero también si bien no eran multitudes que nos seguían, éramos apreciados por el resto de universitarios o estudiantes secundarios. No recuerdo envidias de otros poetas sino por contrario, nos sorprendía siempre que hubiera gente que escribiera como nosotros, a nuestra edad. Recuerdo en ese tiempo los "jueves de Arúspice" en un lugar debajo del campanil de la Universidad de Concepción. Cada jueves de la semana aquello se llenaba para escuchar poesía. Allí leíamos nuestros poemas junto a algún poeta mayor que se invitaba siempre.



Gonzalo había publicado su libro "Relación personal" en 1968 a los 21 años. Pero realmente lo había escrito como a los 19. Fue un libro de un joven poeta precoz que muchos envidiábamos por varias cosas. Primero ni se nos había ocurrido escribir de esa manera tan desgarrada a los 19 años. Segundo, había asimilado e incorporado a la poesía el mundo juvenil de los 60, pero ese mundo influenciado por medios masivos de aquel entonces: las historietas, la música popular juvenil. Escribió en ese libro un poema, entre muchos más, que yo leía y releía y quería imitar su forma original incorporando también aquel mundo juvenil de fines de los 60. Hasta ahora yo creo que sigue siendo un poema que me gusta, a pesar del paso del tiempo, porque hay en él una sorprendente universalidad en un mundo dominado por la cultura de la imagen:



"Cubierto con la cremosa ornamentación de los pasteles/ me he desvaído como el breve gas de las gaseosas/ tras el marino azul de tu uniforme,/ y con mi corbata listada y gomoso de gomina/ soy otro perdido de la orquesta/ en fiestas juveniles,/ y otro más entre los nombres/ escritos con tinta sobre el cuero en tu bolsón de colegiala".



Recuerdo que por él conocí a poetas norteamericanos, o cierta música también de aquel país que en la casa de sus tíos (creo que estaba en el sector Pedro de Valdivia, de la ciudad de Concepción) nos hacía escuchar cuando nos dejábamos caer por allí como esos "Long plays" norteamericanos de Bob Dylan y una colección casi completa de "Los Beatles". Y entre música y unos traguitos sacaba de una caja mágica unos cigarritos de marihuana que fueron los primeros que fumé a fines de los 60.



Gonzalo tenía tesoros que mostraba a algunos poetas de provincias que frecuentábamos el entonces grupo "Arúspice" de poesía. Sacaba libros de poetas franceses, ingleses, u otros de América Latina. Siempre recuerdo que me prestó, y esto es en 1972, -además nunca supe como obtenía tantos tesoros que los compartía generosamente- una reciente antología de poesía cubana joven editada y compilada por el poeta español José Agustín Goytisolo. Se llamaba "Joven poesía cubana" publicada en 1972 en Barcelona. Esa edición me la prestó Gonzalo por varias semanas y fue una revelación descubrir cómo podía integrase el proceso revolucionario cubano y el amor juvenil.



Luego en la Universidad de Concepción escribió varios poemas cuya preocupación eran los objetos de consumo y que mucha influencia tendría en la mejor poesía que escribió años después en su exilio de Canadá y otras partes de Europa. Lo curioso es que cuando vivió en Chile, aquel mundo del consumo y de la industria cultural, que comenzó a plasmar en su poesía desde 1968, luego a fines de los 60 y comienzos de los 70 en Concepción vería -principalmente en ciertos objetos de alta tecnología (el automóvil por ejemplo)- como un cosa maravillosa y misteriosa en su compleja construcción. Sin embargo en el exilio aparecerá algo diferente: todo ese consumo del primer mundo como un universo aplastante de la condición humana. Pero más que eso, yo siempre he visto que aquella mejor poesía de Gonzalo Millán es la mirada del exiliado que es reducido al silencio por un mundo ajeno al que no pertenece ni quiere pertenecer. O sea, la nostalgia que apabulló a muchos exiliados viviendo fuera de la "Matria", muy lejos de su país de origen.



Gonzalo viajó por muchas partes del mundo durante su exilio pero creo que siempre quiso regresar a su país de origen. A su Santiago de Chile. Pudo quedarse muy bien instalado quizás en alguna universidad de algún país del Primer Mundo, pero reaparecía por Chile como si aquel país lo chupara como un imán poderoso. Siempre cuando yo viajaba a Chile lo llamaba o nos juntábamos por corto tiempo. La última vez fue hace cuatro años. Creo que era julio o agosto. Me invitó a su apartamento que estaba cerca del centro de Santiago. Allí lo encontré tomando mate y fumando. En su escritorio tenía una montaña de libros que estaba leyendo todos a la misma vez (eso me pareció a mi). Gonzalo poseía una cultura literaria que ojalá yo pudiera tenerla alguna vez. Pero también manejaba una amplio conocimiento de la pintura universal .



Hace años, en noviembre de 1991, hice arreglos con "Americas Society" en Manhattan, Nueva York, para traerlo y que diéramos juntos una lectura poética bilingüe. Él estaba, creo, en Canadá pero vino con una traductora. Fue una lectura inolvidable aquella noche en Manhattan. Luego salimos a comer comida hindú y allí me habló de cuando había estado por un año de "Teaching Assistant" (puesto de estudiante y a su vez de profesor de lenguas) en la Universidad de Stony Brook, Long Island, Nueva York. Fue un tiempo donde Millán intentó ser estudiante disciplinado en una escuela graduada norteamericana pero no pudo. O no aguantó.



A lo mejor esa estadía influyó también en la escritura de sus magníficos poemas escritos sobre el impacto de la sociedad altamente industrializada y consumista. Aquella es mi poesía preferida de Gonzalo Millán que siempre releo. Yo hasta ahora me lo imagino (leyendo esos magníficos poemas de su libro "Vida") cuando él vivía en el Primer Mundo, como aquel poeta uruguayo -el conde de Lautréamont-, quien vivió como un extraterrestre en Paris escribiendo en un estado de locura alucinada sus "Cantos de Maldoror".



Millán sí que anduvo por el infierno gran parte de su vida y allí escribió lo mejor de su poesía para mi gusto. Luego de ese viaje quiso regresar para siempre a su planeta de origen. O sea a su Itaca que lo llamaba constantemente con una voz imposible de silenciar.



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*Javier Campos. Es poeta, escritor, académico. Vive en EE.UU.








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