El neoliberalismo conduce a la derrota - El Mostrador

Lunes, 20 de noviembre de 2017 Actualizado a las 03:13

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El neoliberalismo conduce a la derrota

por 22 octubre, 2007

La suerte de la Concertación no está echada si se analizan las causas de las dificultades y se adoptan las medidas correctivas con la prontitud necesaria. Pero al fin, creo, que nada se hará. Es más cómodo estrangular a Casandra.



El gobierno ha descendido en su nivel de aceptación al 27% en la Región Metropolitana y a 35% a nivel nacional. De mantenerse esta tendencia, la Concertación tiene en peligro muchas alcaldías y la elección presidencial en situación más que riesgosa.



Fijar el Transantiago como causa central y única de este futuro tan poco promisorio es, a mi juicio, una visión muy poco abarcadora del fenómeno. En efecto, si bien este plan es una forzada y autoritaria puesta en escena del neoliberalismo en el ámbito del transporte público de pasajeros, no fue el primero ni el único problema que el gobierno enfrentó.



Le precedieron el gigantesco movimiento de los pingüinos y un movimiento neosindical con dirigentes y formas nuevas de enfrentar las negociaciones con el gran capital. Hace ya más de un año que la siempre ponderada iglesia Católica había denunciado las desigualdades sociales como escandalosas.



El hilo conductor de los problemas del gobierno es la aplicación que éste hace de los dogmas neoliberales. Cualquier gobierno, quienes fueran sus integrantes, habría enfrentado los mismos problemas. Si fuera de derecha, estaría en medio de una tormenta. Sólo la legitimidad democrática del gobierno y el carisma de la presidenta atempera las cosas.



Cuando se inició la transición lo que estaba en el imaginario de los millones de chilenos que la hicieron posible era que los gobiernos de la Concertación debían tener como objetivos fundamentales democratizar el país y desarrollar económicamente la nación, lo cual implica crecimiento y redistribución del ingreso.



La primera de esas tareas se emprendió a ritmo de tortuga y con enormes concesiones políticas a la derecha y los militares, pero en todo caso en la dirección correcta.



Las concesiones llegaron a incluir la impunidad para el general Pinochet, que tuvo en el gobierno del presidente Eduardo Frei su más eficaz defensor durante su detención en Londres. En el ámbito de lo institucional se toleró durante más de un decenio la existencia de los senadores designados e incluso existieron dirigentes concertacionistas que ejercieron estos cargos, tan desprovistos de legitimidad democrática.



El sistema binominal nunca ha sido puesto en cuestión desplegando todas las enormes energías democráticas que una iniciativa de esta naturaleza podría concitar. Simplemente se cuentan los votos parlamentarios y luego se invita a la derecha a que voluntariamente abandone su lugar privilegiado en el sistema.



Ahora se ha cuestionado el binominal por la necesidad que se tiene de los votos comunistas para la segunda vuelta de la presidencial. Como ya se ve que el sistema se mantendrá, se idean compensaciones a los comunistas.



Resulta paradójica la actitud de éstos. Cuando precisamente se inicia la crisis del modelo que ellos vienen anunciando por casi veinte años, ponen en el centro de sus preocupaciones una representación parlamentaria que será necesariamente de testimonialidad mínima.



Desde el gobierno se llama a colaborar a Joaquín Lavín, con prontitud Longueira también se declara bacheletista/aliancista. Schaulsohn, de su parte, señala abiertamente el sentido en que pueden evolucionar las cosas: un gobierno de unidad nacional.



Hacer que la mayoría democrática que alcanzó el gobierno se desprenda de tal calidad y se siente a conversar en situación de igualdad política con la ínfima minoría del país, que son los empresarios, implica reconocer potestades de decisión a poderes fácticos, en este caso fundados en el dinero, y se excede de los contenidos del mandato democrático recibido. La presidenta no nos dijo que si ganaba gobernaría con la derecha, no estaba en el programa, no, no lo estaba.



¿Por qué estas debilidades, estas síntesis políticas extrañas, estas cohabitaciones difíciles de explicar, en apariencia incoherentes? La política no es sino expresión concentrada de la economía.



Al inicio de la transición no se tocó el modelo. Se dice, justificatoriamente, que se trataba de evitar una confrontación simultánea con los militares y con el empresariado.



Lo real es que muchos dirigentes democráticos es han convertido en exitosos y ricos lobystas, otros han pasado a directorios de empresas tan depredadoras como las AFP, los bancos o las concesionarias de Transantiago. Evidentemente no se contratan talentos profesionales sino expeditos vínculos con las esferas de decisión gubernamental.



Se ha perdido el pudor. Se ejercen simultáneamente cargos políticos del más alto nivel con gerencias y directorios de empresas con relaciones más que conflictivas con el Estado y con su clientela cautiva. Quienes nos oponemos a esto, somos objeto de todo tipo de maquinaciones que implementan sus serviciales amanuenses, con la eficacia que el bobo coyote persigue al correcaminos.



Los partidos han perdido su capacidad generadora de ideas y propuestas, su militancia envejece ostensiblemente y las juventudes obtienen su reclutamiento en íntima relación con su capacidad para proveer empleos. El grueso de los jóvenes ni siquiera se inscriben en los registros electorales.



Los entendimientos en el marco de los beneficios concretos que proporciona el modelo neoliberal a una pequeña minoría y que por cierto incluye a la clase política no han podido dejar de trasladarse al ámbito de lo político.



El proyecto de depreciación acelerada no era sino aumentarles las ganancias a los más ricos, en la misma dirección esta el de incentivos al mundo privado para investigación e innovación tecnológica. El Mercurio y Copesa siguen disfrutando del gigantesco y lucrativo avisaje estatal.



La concentración económica y la desigualdad se profundizan. No menos de un millón de chilenos ganan menos del miserable sueldo mínimo. El quintil más pobre de los chilenos tiene más de un 20% de cesantía de acuerdo a la siempre atemperada encuesta Casen.



Esta realidad social injusta y una clase política que cohabita resguardando intereses propios es algo que el electorado no podrá observar con indiferencia eternamente.



El neoliberalismo ha permeado sensiblemente las políticas gubernamentales, ha creado grupos al interior de los partidos que defienden intereses propios y ha diluido de tal manera las diferencias entre los distintos sectores políticos que el gobierno de Unidad Nacional promovido por Jorge Schaulsohn no es algo incoherente con este cuadro general.



Hay sólidos intereses corporativos que se defenderán con uñas y muelas, con buenas y malas artes. Como siempre ocurre en la vida quien anuncia las malas noticias termina pagando el pato. Así, Juan el Bautista terminó con su testa en una bandeja.



Hay en curso una maniobra para expulsar a Alejandro Navarro del Senado. Si esta llegara a culminar exitosamente, habría jolgorio no sólo en la derecha. En tal evento, cabría preguntarse si la derecha tuvo colaboradores. Otras maniobras se despliegan en contra de quienes estamos en una posición critica al actual estado de cosas.



La derrota en la presidencial puede ser devastadora para quienes no tienen una profesión u oficio consolidado, han pasado los años y sólo han servido al Estado. Su castigo será compartir las peripecias que nuestro pueblo somete el neoliberalismo, entre ellas la cesantía fríamente calculada. Lo lamento por ellos. No promovemos la derrota, simplemente señalamos las causas, aún posibles de corregir.



Uno de los síntomas de decadencia de todo proyecto político es su ensimismamiento, su incapacidad para ver al realidad: lo que nos conduce a la derrota es la administración del modelo neoliberal y no la supuesta izquierdización del gobierno que algunos creen ver.







Roberto Ávila Toledo. Concejal Cerro Navia

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