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Incertidumbre en el barrio

por 11 febrero 2010

Todo Chile espera mucho de este cambio de gobierno, sería una lástima desaprovechar este remezón de energía para no realizar los verdaderos cambios que nuestro país requiere, y perder la oportunidad de hacer de una política de ciudad y territorio una política pública de Estado.

Con el nombramiento del gabinete, se ha verificada la primera señal política después del triunfo de Sebastián Piñera. El debate sobre la conformación del gabinete ha sido el dilema fundamental del próximo Presidente de la República, cuoteo político o equilibrio cada gobierno enfrenta siempre el mismo dilema: conformar un equipo que exprese políticamente a su coalición y al mismo tiempo técnicamente los desafíos del período en cada cartera o en aquellas más relevantes.

Cuáles serán las medidas y los perfiles de quienes asumirán la conducción del diseño y ejecución de las políticas públicas sobre la ciudad empieza a aclararse. Lo natural es la tentación de actuar desde el prejuicio. Pero por otro lado hay expectativas altas sobre lo que pueda ser “una forma de gobierno diferente”.

Todo Chile espera mucho de este cambio de gobierno, sería una lástima desaprovechar este remezón de energía para no realizar los verdaderos cambios que nuestro país requiere, y perder la oportunidad de hacer de una política de ciudad y territorio una política pública de Estado.

Existen genuinas dudas de la capacidad de comprender en profundidad y sin ideologismos simplificadores la real naturaleza de los problemas que en los distintos ámbitos del desarrollo del país enfrentamos.

Una manera de hacer este análisis, más que especular sobre el perfil adecuado o no del ministro que asume el liderazgo de los equipos, lo más saludable es revisar el programa de gobierno del presidente electo con sus medidas. Y contrastarlo también con los desafíos que hereda de la actual gestión, queha sido elogiada por los mismos que hoy quieren asumir el liderazgo desde el Estado para producir un cambio.

Se plantean como gran desafío algunos problemas emblemáticos, como terminar con los campamentos existentes, resolver los problemas ambientales de las poblaciones de Arica, enfrentar el problema de los deudores habitacionales, abordar el problema de calidad y deterioro de los condominios construidos durante los últimos años, entre otros temas relevados durante la campaña, para lo cual muchas de las medidas ya han sido tomadas y sus primeros efectos empezaran a evidenciarse.

Las grandes propuestas consisten en un “nuevo sistema simplificado de subsidio habitacional” con una serie de modificaciones dentro de un viejo esquema. Aquí es cuando, cualquiera que haya seguido el desarrollo del debate técnico de las políticas públicas en materias habitacionales y urbanas  estos últimos 10 años, no le queda otra que sorprenderse o espantarse.

Resulta a lo menos desesperanzador, que luego de 20 años de preparación y crítica desde la oposición, la gran propuesta se reduzca a mejorar el subsidio único a la vivienda. Una formula diseñada hace más de 30 años y que ha terminado por perder toda eficacia independientemente de quien la gestione, porque Chile simplemente cambio.

También es inquietante que una de las propuestas presentadas sea la creación de “un subsidio, endosable más de una vez, para que las inmobiliarias puedan vender su cartera de subsidios al sistema financiero y otros inversionistas, dado que se trata de instrumentos financieros estatales”. Y, perdón, ¿no fue por esto que el mundo enfrenta hoy una crisis financiera sin precedentes, debido a la irresponsabilidad de los agentes financieros e inmobiliarios que endosaron una y otra vez papeles tóxicos que terminaron no siendo solventes ni bancables? Ojo con este tipo de creatividad e innovación, podría costarnos caro.

Por último, se propone un “proyecto de ley sobre donaciones para proyectos sociales urbanos” tipo Ley Valdés pero de la ciudad, que permita enfrentar alguno de los déficits urbanos de equipamientos, áreas verdes y espacios públicos. Esta es una buena iniciativa, pero claramente no es una política pública de impacto territorial y social suficiente para enfrentar los profundos problemas de deterioro y vulnerabilidad territorial que padecen amplias zonas de nuestro territorio urbano.

Es por esto que emerge en la comunidad una sensación de incertidumbre respecto de cómo el próximo gobierno va a integrar lo aprendido durante estos últimos 20 años. Hay que saber recibir la herencia de los desafíos país que a cada gobierno corresponde. Hacer tabla rasa de los avances es no sólo un retroceso, es también un derroche de recursos y una estrategia ineficiente.

Los gobiernos de la Concertación estrujaron al máximo los instrumentos heredados de las gestiones anteriores. El gran consenso de los últimos años en todos los sectores políticos y técnicos es que la desigualdad territorial y la falta de oportunidades constituyen la principal causa de la vulnerabilidad y ausencia de cohesión social que corroe nuestras poblaciones y sus comunidades generando inseguridad y desconfianza en un proyecto de convivencia común en nuestros barrios.

Una parte de estos fenómenos tienen su explicación desde una dimensión espacial de la segregación y la geografía de oportunidades que ofrecen nuestras ciudades. Otra dimensión está en el rol que las ciudades cumplen en el territorio, como plataformas de un proceso productivo más innovador y competitivo, cuestión que nuestras políticas públicas en los últimos 30 años han intentado resolver, pero aún no han sabido abordar con los instrumentos disponibles.

Por eso es que una política habitacional disociada de lo urbano, con la consiguiente aproximación al déficit y los subsidios habitacionales; el retraso en el diseño e implementación de una política nacional de regeneración urbana como lo hiciera Chirac y continuara Sarkozy en Francia; un mejoramiento e institucionalización de líneas de acción como el Programa Quiero Mi Barrio; y el aumento en la participación de las decisiones en materias urbanas; entre otros desafíos, constituyen lo propio de una gestión de gobierno para el bicentenario con visión de Estado. Esto,  si alguien pretende liderar un nuevo ciclo político y consolidar un salto al desarrollo. Cuatro años son poco tiempo para soslayar lo aprendido y no hay tiempo para visiones ideologizadas.

Todo Chile espera mucho de este cambio de gobierno, sería una lástima desaprovechar este remezón de energía para no realizar los verdaderos cambios que nuestro país requiere, y perder la oportunidad de hacer de una política de ciudad y territorio una política pública de Estado. Lo que está claro es que hay un nuevo jefe en la ciudad y mucha incertidumbre en el barrio.

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