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Uganda y la homosexualidad

por 5 abril 2010

Esto que ocurre en Uganda entraña unas enseñanzas para nosotros en Chile, para garantizar la convivencia social pacífica y que permita aislar a los fanáticos.

Como el mundo sigue girando y para salir de nuestro propio dolor y del estado de estupefacción en que nos ha dejado el terremoto, miremos el mundo para distraer el espíritu, miremos, por ejemplo, al África.  Me suele escribir la organización “Avaaz. Org, The World in Action”, para pedirme que envíe una petición a alguna autoridad a favor de personas que están siendo perseguidas, para prevenir o remediar situaciones de diversa índole en el planeta.  Ahora me pide que protestemos por un proyecto de ley que reprime a los homosexuales y que, de aprobarse, en algunos casos, podría significar la muerte para los gays.

En lo más extremo, el proyecto sanciona a los denominados “homosexuales reincidentes” –imagino a los que persisten en su conducta– y también a los contagiados con Sida que tengan relaciones con menores o con parejas del mismo sexo.  El Presidente de Uganda, Yoweri Museweni, que al comienzo apoyó el proyecto de ley, plantea ahora que se debe estudiarlo más, aunque se desliga de un modo bastante irónico: “Cuando estuve en la conferencia de la Commonwealth, ¿de qué hablaba el primer ministro canadiense?, de gays. El primer ministro del Reino Unido, Gordon Brown, ¿de qué hablaba?, de gays. El asistente del secretario de Estado de Estados Unidos, Johnny Carson, ¿de qué hablaba?, de Somalia y de gays”.  El gobierno había accedido a rebajar la pena de muerte a cadena perpetua (actualmente la pena por ser gay es de 14 años), pero no cedía ante la prohibición de que existan Organizaciones de Derechos humanos para gays, lesbianas y transexuales.

Esto que ocurre en Uganda entraña unas enseñanzas para nosotros en Chile, para garantizar la convivencia social pacífica y que permita aislar a los fanáticos.

Por lo demás, en Uganda la familia tiene un gran valor y fue el único refugio humano cuando gobernaba el tirano antropófago Idi Amin, admirador de Hitler.  Este sentimiento ha sido reforzado porque las religiones principales, aparte del animismo tradicional, son el cristianismo católico y anglicano que suman más de la mitad de la población y la religión la musulmana con un 15%.  El anglicanismo, el islam y las demás religiones protestantes se expresan en versión fundamentalista.  El sesgo conservador religioso se ha acentuado por la epidemia de Sida, que un momento afectó a más del 10% de la población y que fruto de una vigorosa campaña –abstinencia, fidelidad y condón– ha cambiado la conducta sexual de los ugandeses y ha estimulado algunas sospechas.  La más importante es la que vincula a los homosexuales con la epidemia de Sida y otros males.

Dada esta situación, un importante grupo de fundamentalistas cristianos americanos ha desplegado un fuerte lobby en Uganda.  Como se trata de un grupo bien especial sigámosle la pista.  Son evangélicos de ninguna Iglesia –como los telepredicadores Swaggart y Robertson que hemos visto en Chile– sino una estructura legal que recibe donaciones o rebaja impuestos para así mantener sus actividades, con una declaración de principios religiosos amplia en la que cabe un pentecostalismo simple, arrebatacionistas casi siempre y, sorpresa, con un extraordinario pasado que se proyecta en el presente.  Los misioneros anti-gay incluyen a antiguos neonazis  –como Scott Lively, autor de la Suástica rosada–, enemigos de la teología de la liberación, sostenedores de los regímenes blancos de Sudáfrica y Rhodesia (ahora Zimbabue), supremacistas blancos, financistas de guerrillas en Angola, antimusulmanes furibundos  –aunque hoy día se unen con ellos en la persecución antihomosexual–,  e incluso ex gays que se habrían sanado de su enfermedad.  Como se puede apreciar, se trata, literalmente, de un elenco de miedo.  Una derecha racista ha mutado a derecha religiosa.  Y han tenido bastante éxito en África negra.

¿Por qué han sido exitosos?  Tanto para los musulmanes como para los cristianos evangélicos, fueron los homosexuales blancos quienes llevaron el Sida a África, los que, a su vez, corrompieron a los africanos de color.  En los últimos años esto se comprobaría con los casos de homosexualidad pública en algunos ministros cristianos anglicanos –incluso uno consagrado como obispo–, en la aprobación de matrimonios para personas del mismo sexo en iglesias luteranas escandinavas y en los casos de pedofilia entre sacerdotes católicos.  Es decir, quienes no consideraban personas a la población negra hasta hace unos años atrás, hoy día han reorientado la desconfianza a los blancos como causa de la decadencia, la destrucción de la familia y el riesgo de la condenación eterna.

Por ejemplo, el grupo derechista cristiano Family Life Network” dicta seminarios en donde expone la que llama Agenda Homosexual, y en Uganda ha tenido éxito ya que allí, como dijimos, la condición homosexual es un delito.  La expresión pública agresiva de los homosexuales ha sido usada como argumento y para ello se hace referencia a Brasil.  Este país habría sido usado como el “plan piloto” de los homosexuales blancos antes de ir a África.  Brasil es un país con gente de color, en que los carnavales eran una manifestación de lujuria heterosexual, pero los gays blancos los habrían usado para instalar sus temas y demandas de reconocimiento legal.  Los fundamentalistas consideran a Brasil un país que llegó a un inmenso grado de decadencia.

Los diversos grupos derechistas americanos se han encargado de inculcar la idea que los derechos humanos sólo han servido para la Agenda Homosexual, la que incluiría el derecho al aborto (que se opone al “Ubuntu”, concepto africano que implica la participación en la sociedad cuando se tiene una familia fértil), un supuesto derecho a la promiscuidad y la lujuria (es decir, el reconocimiento de la expresión pública de los sentimientos gays y a vestirse independiente del sexo biológico), en general, lo que más ha servido a su campaña es el travestismo exagerado y las conductas estridentes.  Como se dijo, en Uganda la homosexualidad y sus manifestaciones constituyen delitos para los nacionales del país, pero cuando son extranjeros blancos se manifiestan y los ugandeses los ven.

Por otra parte, como cristianos y musulmanes son muy misioneros, estos últimos tienen un argumento adicional para convertir a las personas al Islam, para mostrar el pecado y la oposición a la voluntad de Alá expresada por los homosexuales.  Ante esto muchos cristianos se han sumado tácitamente a las posiciones de los fundamentalistas americanos de derecha, especialmente los anglicanos ya que en ese país son alrededor de 12 millones de fieles de una población total de 29 millones.  Debido a esta posición antihomosexual, algunas Iglesias cristianas han enfriado sus relaciones con sus Iglesias matrices o con sus iguales en otros países, ya que han recibido críticas por su apoyo más o menos explícito a la nueva legislación o por no haber protestado por las nuevas leyes.

Quizás debemos hacer notar que uno de los líderes del movimiento antihomosexual para Uganda es Rick Warren, la persona escogida por el Presidente Barack Obama para que participara en la ceremonia en que asumió al poder.  Warren ha sido un gran defensor de las comunidades pobres en diversas partes del mundo, es un pastor progresista, pero que no es querido por la comunidad gay californiana porque se opone al matrimonio homosexual.  Y así hemos vuelto a USA.  Los fundamentalistas americanos en África se han nutrido de una imagen homosexual que se ve en los medios.  El homosexual rico –“dink”, es decir, Double income, no kids, doble ingreso, sin niños–, blanco, o por lo menos no africano, va con su dinero como cebo pervirtiendo a hambrientos niños africanos y, nótese, ofendiendo las costumbres de las familias y de los creyentes con su conducta.  Este último es el punto crucial porque, al parecer, es lo que permite considerar a los gays completamente distintos y no sujetos de respeto, pues ellos comenzaron a ofender las normas de la comunidad, es decir, el travestismo y, lo que llamamos en Chile, las ofensas a la moral son decisivas en la convivencia social.  Los fundamentalistas de los que hablamos dicen que esto es evidencia de que no pueden ser sujetos de derecho, porque los derechos sirven a los intereses de los homosexuales, quienes manipulando la historia en orden a empujar su agenda política.  Lively y sus seguidores han estereotipado el “estilo de vida homosexual”.

Esto que ocurre en Uganda entraña unas enseñanzas para nosotros en Chile, para garantizar la convivencia social pacífica y que permita aislar a los fanáticos.  Sin duda, la primera es que los homosexuales son igualados con los travestis, bisexuales y transexuales; segundo, que la conducta escandalosa, gay o hétero, es motivo de repulsa pública; tercero, que la explotación de adolescentes es causa de mucho rechazo y, finalmente, la actitud de ostensible prepotencia y agresividad que demuestran algunos no heterosexuales respecto del otro género causa rencores peligrosos.  Yo creo que hay un rechazo interior, en el medio privado a los homosexuales en bastantes sectores y que no se manifiesta porque es “políticamente incorrecto” hacerlo hoy: pero nadie nos garantiza que las condiciones culturales no cambien.

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