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El crudo invierno del jefazo de gabinete

por 21 mayo 2010

Si visita al ministro y le pilla encendida la calefacción en casa, ¡apáguesela! Mire que ya se comprometió el hombre a tenerla así “hasta que, si dios quiere, empiece a salir el sol de primavera”.

¿Sabía, acaso, que el ministro Hinzpeter pasa frío en su casa? Cómo saberlo, pensará usted. Creyendo en él, le contesto yo. (Y no es que lo haya ido a fisgonear para ver si usa o no pijama de polar). Lo sé, porque no hace mucho confesó en entrevista televisiva, con enternecedora sinceridad, que “decidí este invierno no prender la calefacción en la casa. Porque voy a pasar frío, para acordarme todos los días, de los chilenos que lo están pasando mal”.

Un gesto de entereza notable que por un lado, claro, perjudica directamente a su familia (que por simple lógica debiera estar sufriendo iguales inclemencias climáticas que él, si habitan bajo el mismo techo), pero que por otro reafirma la calidad de “alto servidor público” de la que astutamente se ha ido rodeando el jefe de gabinete (vicepresidente a veces, el perla).

Por eso mismo es que estuvo muy bien esta semana, dando uno de esos pasos que en política hablan de nobleza, grandeza (y, claro, viveza). Porque si maneja bien el asunto de las disculpas a Fidel Espinoza, podríamos alejar el foco desde el hecho indesmentible de que fue el diputado el que ganó este gallito, hacia otro mucho más provechoso para el jefe de gabinete: su obrar guiado por el “bien país”.

Si visita al ministro y le pilla encendida la calefacción en casa, ¡apáguesela! Mire que ya se comprometió el hombre a tenerla así “hasta que, si dios quiere, empiece a salir el sol de primavera”.

Actos con los que el líder de la “Orden del Pendrive” comienza a ganar un peso específico que ni el mismo Presidente habrá imaginado. Peso con el que, por ejemplo, se paró frente al empresariado, ¿se acuerda?, y le cantó clarita la intención de alza, transformándose en la cara visible de una reforma tributaria que terminó haciendo temblar hasta las más circunspectas cañuelas del gremialismo.

Mismo empuje y decisión con los que se encargó de solucionar, con gimnástica presteza, yerros como el nombramiento del gobernador del Bío Bío o el disparate de entregarle -sin licitación mediante- una millonaria cifra para reconstrucción a tres grandes “homecenters”. Mientras por otro lado, le ponía la firma al “Día del Joven Combatiente” menos combatido de la última década.

Habilidad. Sagacidad. Reacciones rápidas, propias de un animal político de por sí veloz. Aunque, tal vez en esta pasada… demasiado precipitado.

Porque no pocos podrán pensar que la jugada esa de “desclasificar” información media oculta de tal o cual parlamentario era una hábil movida (mezquina, pero hábil) para silenciar un ataque inesperado. Pero lo de gastarla con Fidel Espinoza… ¡vaya, vaya!, no es reflejo de una estrategia muy urdida. Básicamente, porque no sólo significó un desenlace en el que el diputado quedó como rey (obteniendo las disculpas que había solicitado previa amenaza de querella), si no porque -en efecto- si el ministro intentase de nuevo googlear a alguien “más de peso”, como que no lo pescarían mucho esta vez.

Pero, bueno. Es el manejo, el timing, (tiempo-distancia, agregaría un futbolero) que el titular de interior deberá ir puliendo en esta loca aventura gubernamental en la que aceptó embarcarse. Y que -si el pulido queda lindo- podría convertirlo en una de esas cartas fuertes, ¿presidenciable acaso?, que a veces explotan cual “Michelles”, cuando un proceso electoral se adivina en ciernes.

Por lo pronto, usted ya sabe. Si visita al ministro y le pilla encendida la calefacción en casa, ¡apáguesela! Mire que ya se comprometió el hombre a tenerla así “hasta que, si dios quiere, empiece a salir el sol de primavera” (o sea, en estricto rigor, no antes del 21 de septiembre).

Y ya que el Presidente no pudo cumplir los plazos en la venta de LAN, no le costará tanto a su jefe de gabinete respetar lo prometido con una simple estufita, ¿no? Sería un bonito gesto.

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