Jueves, 8 de diciembre de 2016Actualizado a las 22:18

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Debate en la Concertación: el método sí importa

Debate en la Concertación: el método sí importa
Partamos por hacer presente que ambos ex ministros han sido víctimas de manejos mediáticos por parte de la misma prensa que ahora eligieron para plantear sus diferencias. La fotografía al correo electrónico del ex Ministro de Hacienda, hecha desde la galería del Senado, es un ejemplo que se nos viene a la memoria. El Ministro de Defensa, cuando fue vocero, recibió múltiples embates de los medios de derecha.

Un ex ministro de Defensa Nacional del gobierno de Michelle Bachelet, ha señalado en entrevista dada a El Mercurio que la Concertación debe asumir, en el marco de la autocrítica, la presencia en su interior, de una cierta  lógica tecnocrática, profundamente ideológica y tremendamente liberal en lo económico. Puso como ejemplos decisiones gubernativas que se habrían tomado en forma errada, guiadas sólo por consideraciones económicas inmediatas, negociaciones hechas con desprecio de gremios y movimientos sociales y la ausencia de políticas fiscales y monetarias propias de gobiernos socialdemócratas.

A la semana siguiente fue el turno de salir al ruedo de un ex Ministro  de Hacienda. Este señaló que de si de asignar culpas se trataba, le recomendaba al ex Ministro de Defensa Nacional que partiera por mirarse al espejo; pues a su juicio la gente penalizó con el voto la política pequeña, de operaciones y contubernios, de la zancadilla y el insulto, que él encarnaría como pocos. El ex Ministro de Hacienda señaló que no eran ciertas las acusaciones que apuntaban a responsabilizarlo del Transantiago, no invertir en Ferrocarriles o en el Canal del Chacao. Alegó que los “tecnócratas” aludidos eran magníficos técnicos, ahora disputados por gobiernos extranjeros y empresas privadas.  Más conceptualmente señaló que políticos responsables y técnicos con sentido público abundaban en la Concertación. Finalmente dio cuenta no sólo de las magníficas cifras macroeconómicas del gobierno que ambos integraron hasta marzo pasado, sino que además agregó las encuestas que avalaban una buena evaluación del manejo  económico.

Ambos ex ministros representan distintos segmentos de la sociedad chilena que, de separarse,  sólo conducirán a nuevas derrotas de la Concertación.

La polémica así planteada solo tendrá un resultado desastroso para la coalición política en la que ambos ministros se reconocen. Para que el debate concertacionista tenga un sentido útil y positivo se requieren obviamente escenarios y métodos conducentes a esa finalidad. Partamos por hacer presente que ambos ex ministros han sido víctimas de manejos mediáticos por parte de la misma prensa que ahora eligieron para plantear sus diferencias. La fotografía al correo electrónico del ex Ministro de Hacienda, hecha desde la galería del Senado, es un ejemplo que se nos viene a la memoria. El Ministro de Defensa, cuando fue vocero, recibió múltiples  embates de los medios de derecha. La animadversión que estos le tienen es de una evidencia prístina: basta con mirar las fotos que El Mercurio seleccionó en la entrevista que originó la polémica. La conclusión que todos debiéramos sacar es que el espacio de debate no puede ser la prensa que manejan los adversarios.

Después de una derrota electoral los ex ministros que participen en una autocrítica lo harán en su calidad de actores. Parece de la más elemental prudencia evitar las referencias ad hominen (regla esta última que especialmente infringió el  ex Ministro de Hacienda).  Esto puede presentarse como fruto de una disputa impulsada por animadversiones personales, y no por diferencias sustantivas. Estas últimas son las que verdaderamente importan para la evaluación serena de la obra de la coalición, las causas de su derrota y la construcción de su nueva plataforma política y programática. Los más sesudos análisis y las mejores propuestas pierden toda relevancia ante la banalización a la que llevan las descalificaciones personales, quedando en la retina de los públicos de masas sólo una riña más.

A estas alturas debiera estar claro entre todos los actores de la Concertación que el debate no sólo es necesario sino ineludible.  Factores que pudieran haberlo impedido en el pasado ya no están presentes. La transición política concluyó hace años y la Concertación ya no está en el gobierno sino que en la oposición.  Lo que se va a producir es una deliberación política donde primaran los argumentos plausibles y no los juicios definitivos. Lo que hay que construir es una explicación común, que le haga sentido al conjunto de la coalición. No se trata de argumentos basados en cifras inobjetables ni en datos irrefutables. No hay ni habrá una verdad única ni menos científica. Por ello el respeto mutuo, la amistad cívica, la capacidad de escuchar, de cambiar de opinión ante un mejor argumento, de vencer prejuicios, la voluntad de persuadir, de ceder posiciones en aras del proyecto común son esenciales. Se trata ni más ni menos que de hacer política orientada al futuro y construir mayorías en condiciones democráticas. Sólo así se consigue conducir y representar.

En el caso concreto, ambos ex ministros representan distintos segmentos de la sociedad chilena que, de separarse,  sólo conducirán a nuevas derrotas de la Concertación. El ex Ministro de Defensa Nacional apunta a electorados de pertenencia que son la base esencial del conglomerado de centro e izquierda, sobre todo cuando se está en la oposición. Análogamente el ex Ministro de Hacienda, al destacar los logros de la coalición,  proporciona argumentos muy útiles para disputar electorados de opinión con la Derecha. Si se analiza el fondo de lo expuesto por los ex ministros, es probable que ambos tengan razón. La tiene el ex Ministro de Hacienda cuando defiende el progreso material bajo la Concertación. Pero también la tiene el ex Ministro de Defensa cuando señala que esto no es suficiente  para conseguir apoyos mayoritarios. Es más, desde el punto de vista político lo clave es cómo se concilian logros reales con las percepciones y las expectativas ciudadanas.  Por ejemplo, los cientos de miles de chilenos que en estos veintes años abandonaron la pobreza, probablemente hoy piden políticas sociales más universales y no sólo focalizadas en los pobres.

En suma, la deliberación política requiere de estilo. El método sí importa.

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