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Mala memoria, mucha mistificación

por 19 junio 2010

Todos esos proyectos o eran inviables económica y socialmente o no se encontraban en estado de maduración suficiente para su ejecución.

La entrevista del día domingo 6 de junio  me pone en el convencimiento de que Francisco Vidal carece memoria y de pudor a la hora de formular críticas en su evaluación política de las causas de la derrota electoral de la Concertación.

Vidal está en el convencimiento que tal derrota se debió a una errada visión tecnocrática e ideológica de diversos personeros de la Concertación, sobresaliendo entre ellos los ex ministros Eduardo Bitrán y Andrés Velasco. Enfila sus cañones especialmente a este último por el rol que le cupo como ministro de hacienda de Bachelet ya que como jefe de la caja fiscal, era quién finalmente determinaba la materialización de las políticas e inversiones públicas que menciona.

En consonancia con las críticas que formula, se permite dar multiplicidad de ejemplos de, - a su juicio -, acertadas políticas públicas que fracasaron o abortaron por la intercepción ideológica de ese economista liberal, entre otras: el puente del canal de Chacao, el tren al Sur, el mítico Transantiago.

Todos esos proyectos o eran inviables económica y socialmente o no se encontraban en estado de maduración suficiente para su ejecución.

Desde la perspectiva de Vidal, todo parece indicar que Velasco era un potente titiritero que digitaba y convencía a romanos y cartagineses sobre las bondades de sus determinaciones y, cuando ello no era posible, simplemente imponía su parecer al gobierno y sus autoridades incapaces de sobreponerse a sus dictados. Aunque no lo dice en sus comentarios bien se puede concluir de sus palabras que la ex Presidenta se encontraba entre quienes se rindieron convencidos a sus encantos o subordinaron sus propias creencias al juicio técnico e ideológico del ministro. Asimismo, Vidal se excusa por no haber frenado la marea liberal con su renuncia, escudándose en que el sacrificio de sus propios postulados obedecía a la no probada decisión de no afectar con ello la imagen y autoridad de la ex Presidenta. También se puede concluir que algo similar parece haber ocurrido con los demás ministros integrantes de la vertiente política de ese gabinete, pues todos sacrificaron su ideario en pos de no aparecer afectando la imagen e integridad del gobierno y su titular.

De este modo en su obrar, Vidal se erige en el joven héroe de un film que recuerda “La luz que agoniza” esa espléndida realización de George Cukor, donde Velasco tiene el rol del marido ambicioso y cruel que sojuzga a su buenísima e inocente mujer, papel asignado a Michelle, reservándose para sí el de su liberador, encargado de develar, - ex post -, toda la maldad que dicho sujeto albergaba en su alma. La atmósfera opresiva de este Thriller encuadrado en un Chile que a pesar de los avances económicos y sociales sigue marcado por una impronta decimonónica y si se quiere victoriana alejada del sentir popular llevó a que finalmente la Concertación de Partidos por la Democracia terminase perdiendo las elecciones y sumiendo al país en la hegemonía total de la derecha que ahora a más de detentar el poder económico se ha apropiado del político y nada menos que liderado por uno de los más conspicuos nuevos ricos forjados a la vera de la dictadura. ¡Esto es el Apocalipsis!

Pues bien, este guión hollywoodense amerita una revisión crítica punto a punto.

CANAL DE CHACAO

Vidal atribuye toda la responsabilidad de su fracaso a la errada determinación adoptada por los tecnócratas, representados en este caso por el entonces Ministro de OOPP, Eduardo Bitrán avalado por Velasco.

Tal imputación temeraria es merecedora de serios reparos, puesto que se hace desde el endeble andamio del populismo voluntarista y no desde la altura que requiere el análisis ponderado de las políticas públicas pensadas para lo futuro que no para un presente  fugaz y evanescente. En efecto, las palabras de Vidal omiten elementos de juicio profesionales ineludibles a la hora efectuar una revisión racional de los beneficios de una obra de esa envergadura, cuyo costo inicial se empinaba por sobre los mil millones de dólares. Nada dice acerca de las condiciones en que el negocio cuadraba, es decir, que para el funcionamiento efectivo de esa obra vial, se requería fijar una concesión larguísima en la cual se comprometería seriamente la capacidad financiera del Estado de Chile, ya que el limitado flujo vehicular existente en la comarca exponía a éste a tener que subsidiar aproximadamente el 40% de la inversión total.  Pero eso no es todo, ya que para lo anterior el Estado tendría que haber adoptado una más que cuestionable determinación:  establecer un monopolio artificial, consistente en que el único modo de transporte público por el que se podía acceder a esa zona del país era a través de dicha obra, de modo que debían eliminarse el transbordadores y otros modos transporte, afectando la libre competencia e hipotecando el futuro de esos medios en la zona y en ese expediente los chilenos hemos sido alertados con dolor del significado de no contar con modos o medios alternativos para el suministro de necesidades de transporte, comunicaciones, electricidad y aprovisionamiento oportuno de variados servicios, especialmente de aquellos esenciales para la vida como agua y alimentos, tal como ocurrió con ocasión del terremoto de febrero.

TREN AL SUR

Este es otro capítulo que no pasaba de ser un romántico sueño estival que devino en pesadilla ya que la promesa de conectar la capital con el Sur profundo no solo no se cumplió sino que se contrajo y la deuda de EFE con menos servicios que antes, se expandió.

Por de pronto se puede afirmar que el país o si se quiere, sus autoridades, hace tiempo eligieron beneficiar el modo de transporte carretero al ferroviario, de manera que éste último pasó a ser un medio complementario, orientado a la carga, que no a los pasajeros, salvo servicios de cercanía.

Actualmente el ferrocarril - que en su versión Tren al Sur debía correr desde Victoria hasta Puerto Montt-, ni tan siquiera llega a la fronteriza Temuco, proyecto que también habría de languidecer, ya que los equipos españoles reacondicionados, debían circular por una faja vía en deplorable estado en el sector de Panguipulli, lo que indefectiblemente los haría sucumbir. De hecho esto es una realidad indesmentible. Por su parte, la millonaria inversión en remodelación y construcción de nuevas estaciones de bello formato, se encuentran en completo abandono y sometidas al despojo de los vándalos, aunque Vidal imputa responsabilidad a los roedores.

Los especialistas en transporte estaban contestes en que la implementación de este proyecto tenía escasas probabilidades de éxito, pero el voluntarismo persistió y ahora resulta que el culpable es Velasco, que no se prestó para continuar sufragando ruinosas inversiones que hacían de la quiebra un desfalco.

Tan efectivo es lo anterior, que el anunciado tren a Puerto Montt, concluyó en un tímido servicio de Victoria a Temuco y, a su vez, el gran proyecto de ferrocarril Santiago – Temuco, se encuentra inoperante. Necesario es consignar, que esas vías al Sur mantienen un bajísimo estándar que apenas alcanza para soportar transporte de carga a una velocidad de no más de 20 kms/hora. Subir pasajeros a un convoy en estas circunstancias, habría sido someter a los usuarios a la contingencia incierta de llegar a destino o derechamente comprar un pasaje a la eternidad, pagando un sobreprecio. Sobre el estado material de esas vías existen calificados estudios efectuados por empresas especializadas que ratifican su total deterioro e ineptitud para la finalidad del transporte de pasajeros.

TRANSANTIAGO

El costo de este proyecto ha sido faraónico en términos económicos y desolador en lo social. Este luego de innumerables modificaciones en los contratos, incentivos y trayectos ha logrado ir paulatinamente normalizándose pero estando lejos aún de ser la maravilla anunciada que alojaba sólo en la imaginación de sus postulantes, pues su rápida priorización respondió al anhelo del ex presidente Lagos de dejar su impronta en el alma nacional. Pocos casos de proyectos públicos en la historia reciente de Chile admiten la calificación de chapuceros, es decir, de un trabajo tan mal hecho y negligente como éste.

Entre otros aspectos descuidados se pueden señalar, los siguientes: Las vías por las cuales habían de transitar sus autobuses no estaban adaptadas a las características de los mismos; no existían los paraderos adecuados para resguardar a los usuarios y con los cierros que evitaran la evasión, situación tan grave, que ahora disfrutamos de una millonaria campaña de apelación a la honradez que evite la verificación de aquella; los trayectos no obedecían a ningún estudio racional de la demanda de servicio; no funcionaba el sistema de control de flota afectando los tiempos de traslado gravemente; tampoco ha funcionado el sistema de seguridad para resguardo de los conductores y los usuarios; y,  ¡cómo no mencionar los incentivos mal ubicados! Que fustigaban la codicia de los operadores, que con mínimo esfuerzo cumplían las exigencias contractuales y hacíanse acreedores a su remuneración dejando a los usuarios abandonados en cualquier recodo de la ciudad. ¡Para qué seguir!

Tal vez lo único efectivo de las afirmaciones de Vidal son aquellas referidas a las multas por el retraso en las operaciones del Transantiago, ya que efectivamente Velasco se jugó por evitar pagarlas a los operadores, poniendo en ejecución un proyecto indigno de auspicio, causando con ello grave perjuicio a los usuarios y consecuencialmente a su coalición. Conste eso sí, que en esta decisión no estuvo solo, pues lo acompañaron la primera mandataria y su séquito político en pleno, sin renuncias verificadas.

Así las cosas el ex vocero se esfuerza por demostrar su falta de memoria, información fidedigna, o coraje respecto de las materias con que ejemplifica los supuestos yerros de Velasco y los tecnócratas, pretendiendo hacernos creer que la suerte de su conglomerado habría sido otra si los políticos profesionales hubiesen tenido el control de las políticas públicas truncadas, en tanto que la realidad era y es completamente diferente: todos esos proyectos o eran inviables económica y socialmente o no se encontraban en estado de maduración suficiente para su ejecución.

En consecuencia, Vidal nos quiere vender por leña seca la hojarasca del humedal que sin poder calentar la hoguera, sólo promete humo que pudiendo espantar mosquitos, no convence al ciudadano tribunal.

Pasa en política como con el lenguaje que muchas de sus expresiones por ser polisémicas tienen tantos significados como intérpretes, pueden tener tanta verdad como falsedad, quedando frecuentemente entregadas a la mistificación como en las declaraciones de Vidal y este flautista como el de Hamelín, me recuerda cuando lo leo, el chiste del huaso que le comentaba a un amigo: “Lucho, tanto que me costó aprender a decir Pilícula y ahora le dicen Flim”.

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