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Hermógenes, la Universidad de Chile y su rector

por 29 junio 2010

Hermógenes, la Universidad de Chile y su rector
En los Estados Unidos el aporte estatal para las universidades públicas ronda el 50%, suma que sube aproximadamente al 60% para Gran Bretaña, 70 u 80% para otros países europeos y una cifra cercana al 90% en el caso de los países escandinavos. El dispendio, en verdad, consiste en tener el Estado instituciones de las que después no se ocupa. La apreciación de Hermógenes muere sola ante las cifras.

En un posteo de Hermógenes Pérez de Arce aparecido en este diario electrónico se expresan gruesas simplificaciones acerca de la Universidad de Chile junto a pinceladas retóricas sobre la dictadura, agregándose a ello descalificaciones inaceptables respecto del Rector Víctor Pérez. Hermógenes, un comentarista talentoso, justamente elogiado, estudió en la Universidad de Chile titulándose de abogado en 1959 y ha sido, sin duda, un chileno que ha gozado de privilegios inalcanzables para muchos otros.

Desearía Hermógenes que la Universidad de Chile fuese saneada económicamente (en eso estamos todos de acuerdo) y posteriormente licitada (ahí si que no), para repartir esos recursos entre la gente modesta a fin de que puedan ellos elegir la universidad privada de su gusto. Cree Hermógenes que el rector Federici iba en la línea correcta: destruir a la Universidad de Chile.

Considera el abogado y periodista que la Casa de Bello es un tonel sin fondo, un dispendio administrativo. Lo cierto es que los terrenos e instalaciones de la Universidad de Chile son fiscales, y que el Estado provee el 14% de los recursos que necesita anualmente para funcionar. Ese aporte es el más bajo de todos los países miembros de la OCDE, donde Chile figura a la cabeza de la privatización de la educación superior.

Y existe Hermógenes, que con elegante insolencia trata de instalar una y otra vez en esta realidad que es de todos, esas ideas añejas, acartonadas, penosas, de las que sólo él, la Patricia Maldonado y algunos pocos otros siguen estando orgullosos.

En los Estados Unidos el aporte estatal para las universidades públicas (que atienden a tres cuartas partes de los universitarios de ese país) ronda el 50%, suma que sube aproximadamente al 60% para Gran Bretaña, 70 u 80% para otros países europeos y una cifra cercana al 90% en el caso de los países escandinavos. El dispendio, en verdad, consiste en tener el Estado instituciones de las que después no se ocupa. La apreciación de Hermógenes muere sola ante las cifras.

¿Qué se ganaría y quién ganaría con la licitación que propone Hermógenes después de haber estudiado él gratis en nuestra Universidad? Nos quedaríamos sin universidades públicas, hoy las tenemos, pero atrapadas en un sistema nefasto que las obliga a funcionar mal. Las universidades públicas existen y se siguen creando en todos los países desarrollados porque garantizan la libertad de cátedra y de pensamiento, la equidad en el acceso, el florecimiento del saber al margen de la tutela de sectas religiosas, grupos económicos o clases privilegiadas, la complejidad del conocimiento más allá de si una especialidad u otra están de moda. Porque mientras las privadas compiten, las públicas han nacido para colaborar. Se trata de un concepto distinto al de las universidades privadas, que consiguen calidades de otro tipo. Las universidades públicas necesitan de financiamiento, y éste no puede entregarse a las fuerzas del mercado porque ahí es cuando pierden sus atributos y dejan de ser públicas. El fondo del debate es si Chile quiere, como todos los países potentes del mundo, tener un buen sistema de universidades públicas, o si prefiere adoptar en solitario la fórmula que nos proponen Federici y Hermógenes.

Cuando el Rector le enrostra con firmeza al Presidente Sebastián Piñera que está preparando cambios que no se han consultado con los actores del sistema universitario, hace lo correcto y repara un error grueso de la autoridad. No es posible, como dice el Rector, que con el argumento de modernizar se quiera liquidar a las universidades públicas. Lo que hay detrás de ello es, simplemente, un afán insaciable de lucro y una operación para ahogar el pensamiento libre y el conocimiento abierto a cualquier tema y opinión.

La política del nuevo trato impulsada por el rector de la Universidad de Chile consiste en que el Estado se haga cargo responsablemente de sus universidades, y que éstas se obliguen a dar estricta cuenta de qué hacen con los recursos mediante indicadores y fórmulas como las que existen en los países desarrollados. Significa modernizar el sistema de verdad, quitar las trabas burocráticas absurdas, y poner el eje en una actitud mutuamente responsable y creativa.

Hay algo que se llama la realidad, y está compuesta de todo lo que un poco desordenadamente vemos y consideramos, es ese flujo cambiante, siempre diferente, descentralizado, que nos indica que estamos vivos. Hay otra cosa que son las ideas añejas, los cerebros pegados constituidos como cajas fuertes de donde no sale ni entra nada nuevo, porque han perdido el sentido de la realidad. Y existe Hermógenes, que con elegante insolencia trata de instalar una y otra vez en esta realidad que es de todos, esas ideas añejas, acartonadas, penosas, de las que sólo él, la Patricia Maldonado y algunos pocos otros siguen estando orgullosos.

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