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Allamand en Defensa: partiendo de nuevo

por 28 enero 2011

Allamand en Defensa: partiendo de nuevo
El ex senador y ahora ministro llega a un ministerio política e institucionalmente debilitado. Políticamente, durante el año 2010 tuvo lugar una inédita designación de ex uniformados en puestos de asesoría directa del ministro, marcando un retroceso sustantivo para el sector. Que el jefe de Gabinete y el Subsecretario de la Defensa —los dos asesores principales de Ravinet— fuesen ex uniformados marcaba una señal muy negativa no solo para la civilidad sino que para los propios institutos armados por cuanto erróneamente se estaba infiriendo que “los temas militares había que dejárselos a los propios uniformados”.

El año 2010 estuvo marcado por un gran número de desaciertos en el sector Defensa. Antes del cambio de mando se evidenció una velada tensión entre el gobierno saliente y entrante por los fuertes rumores asociados a la designación del entonces comandante en jefe del Ejército en un puesto político. Luego, aparecieron las contradicciones en las instituciones con ocasión del terremoto del 27 de febrero; a continuación, se produjeron las denuncias periodísticas por irregularidades en el sistema de pensiones de las FF.AA.; y finalmente se precipitaron las investigaciones de la Contraloría y las posteriores declaraciones del ex ministro Ravinet y del ex general Le Dantec. Un año para olvidar.

El ex senador y ahora ministro Andrés Allamand llega a un ministerio política e institucionalmente debilitado. Políticamente, durante el año 2010 tuvo lugar una inédita designación de ex uniformados en puestos de asesoría directa del ministro, marcando un retroceso sustantivo para el sector.  Que el jefe de Gabinete  y el Subsecretario de la Defensa—los dos asesores principales de Ravinet—fuesen ex uniformados marcaban una señal muy negativa no solo para la civilidad sino que para los propios institutos armados por cuanto erróneamente se estaba infiriendo que “los temas militares había que dejárselos a los propios uniformados”.

Al traspasar al ministerio de Hacienda la responsabilidad de la administración de los fondos de la Ley del Cobre, Allamand hizo explícita la falta de capacidad para gestionar y planificar recursos financieros de corto y mediano plazo.

Institucionalmente, se aprobó una nueva Ley del Ministerio de Defensa hace menos de un año y todavía no existe la reglamentación que permita decir que Chile cuenta con un ministerio de Defensa en forma. Así, el ministro y los nuevos subsecretarios creados por dicha ley se instalaron para cumplir nuevos roles, pero carecen de la estructura organizativa para desarrollar sus funciones. No existe reglamentación del funcionamiento del ministerio, de su planta, de los proveedores, ni de la Junta de Comandantes en Jefe, entre otros.

Al parecer, el ministro Allamand llegó a encabezar la cartera con el mandato de resolver rápidamente los conflictos derivados de las investigaciones en curso. Así, ordenó la aceleración de las investigaciones por irregularidades al interior de las armas y tomó la decisión de traspasar al ministerio de Hacienda la responsabilidad de la administración de los fondos de la Ley del Cobre.

Esta última decisión debilita todavía más a la cartera y sienta un pésimo precedente dado que hizo explícita la falta de capacidad para gestionar y planificar recursos financieros de corto y mediano plazo y, de paso, marca una solución que eventualmente podría tomarse con otros fondos estratégicos del país. Esto es, ¿Le corresponde al ministerio de Hacienda administrar lo que otros no son capaces de hacer? ¿Con quién  tendrán que negociar ahora los comandantes en jefe sus próximas adquisiciones?

La agenda de Defensa parecería insípida a primera vista. Pero, en realidad involucra desafíos centrales para el Estado. Primero, construir un ministerio modelo en términos de gestión —oportunidad que muy pocas veces se dan; avanzar en la noción del soldado profesional innovando sustantivamente en el actual sistema formativo; promover capacidades civiles de dirección central; discutir y reformar el sistema de incentivos en la carrera militar incluyendo previsión, salud, vivienda, y educación; promover economías de escala vía esfuerzos conjuntos; establecer un esfuerzo centralizado de coordinación inter-ramas; y finalmente, proyectar al país internacionalmente a partir de misiones de paz.

Así las cosas, la demanda por transparencia parece ser solo un segmento de una larga lista de requerimientos pendientes. Estos últimos tienen sin duda que ver con mejoras en los procedimientos, pero más fundamentalmente con el establecimiento de una institucionalidad adecuada para enfrentar desafíos propios de un nuevo siglo.

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