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Nuevamente el SIMCE

por 12 abril 2011

Un nuevo resultado del SIMCE y la prensa hace su trabajo, en línea con las autoridades, para instalar en la opinión pública que la calidad de una escuela está amarrada inexorablemente a sus puntajes. Los semáforos se encienden nuevamente y algunos rojos pasan a amarillo, algunos amarillos pasan a verde y algunos pocos verdes se mantienen verde. Aunque el panorama nacional sigue siendo rojo amarillo, hay una tenue modificación  en la relación entre los colores.

Esta divulgación exagerada de los resultados es un festín (o un funeral, según sea el caso) para quienes apuestan todas sus cartas en estas mediciones. Pero en esta apuesta hay grandes olvidos. Para comenzar, el gran olvido que significa que se educa a las nuevas generaciones para algo más que lo que estas necesarias mediciones se proponen. La misma prensa lo señala todos los días y le reclama al sistema educativo y, especialmente, a los profesores, demandas que complejizan cada día más la labor de las escuelas y, para qué decir, de los profesores. Los apoderados levantan expectativas sobre las escuelas que, en algunos casos, más parecen transferencias de sus propias responsabilidades a las escuelas. El mundo del trabajo le recuerda a la escuela que debe estar al servicio de formar a sus estudiantes según un perfil de persona en el que el conjunto de las inteligencias humanas estén presentes. Y suma y sigue…

Se olvida, además, que el día del SIMCE todo se viste de manera especial. El día a día de la escuela es “como si” no existiera tal medición ya que se lleva adelante, regularmente,  la programación anual. Sin embargo, el SIMCE está esperando en algún recodo del año y el impacto de su presencia debe ser preparado. Ignoro si hay algún estudio sobre el efecto negativo que este hito anual genera en las dinámicas regulares de las escuelas y de los profesores. De los comentarios que uno recoge en las escuelas percibe que este acto de control evaluativo deja a muy pocos indiferentes. Y digo “efecto negativo” por cuanto los tiempos son limitados y los aprendizajes son múltiples de modo que la ecuación se hace difícil. El desenlace es conocido. Los profesores (en su gran mayoría) y los sostenedores (en algunos casos) lo han hecho notar una y otra vez: se corta por lo más delgado y se opta, preferentemente, por los aprendizajes vinculables a esta medición.

Se olvida, por último, al estudiante con sus intereses. El derecho a una educación integral y para la vida laboral y ciudadana pareciera ser un requerimiento que debe estar permanentemente defendido y revalorado. Sus propias expectativas se van formateando de acuerdo a la valoración social que constata en los medios y en los debates periodísticos. Se incorpora progresivamente una comprensión de que solo vale la pena aprender lo que se valora socialmente a través de los medios de comunicación.

Cuidemos nuestra educación. Valoremos la complejidad de esta tarea y evitemos reducirla a indicadores de calidad que no se hacen cargo de lo mucho que esperamos de ella.

(*) Texto publicado en El Quinto Poder.cl

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