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Mideplan cambia de nombre y Lavín nos trae la "felicidad"

por 24 octubre 2011

En el imaginario colectivo se encuentra muchas veces instalada la creencia de que “en la medida que sea más productivo, ganare mejores salarios y eso me llevara a ser feliz”. Sin embargo, esto es completamente falso. La Psicología Económica ha demostrado científicamente es al revés. En la medida que las personas son más felices, logran desarrollar mejor sus habilidades, se desempeñan mejor en sus puestos de trabajo, obtienen mejores retribuciones por su desempeño, y finalmente terminan obteniendo mejores ingresos. Y el círculo virtuoso continúa.

Las presiones al fin se escucharon en los pasillos de la Moneda. Durante años, personalidades de diversas partes del mundo han presionado para que los países comiencen a incluir dentro de sus indicadores económicos y sociales la medición de la felicidad. Sin embargo, durante décadas el mundo se había negado. Sin embargo, los asombrosos descubrimientos y sugerencias de los premios Nobel en economía Daniel Kahnemann, Joseph Stiglitz y Amartya Sen han logrado que naciones avanzadas tales como Francia e Inglaterra diesen un vuelco en sus aprehensiones y comenzasen a medir esta “descabellada” y “utópica” variable.

En concreto, acogiendo el llamado de los más afamados académicos y expertos en psicología y economía, tanto los gobiernos de Francia como de Reino Unido han comenzado a monitorear la felicidad humana para así complementar y mejorar los indicadores de desarrollo tradicionalmente usados (PIB per cápita, desempleo, inflación, etc.). En este sentido, Francia ha solicitado la ayuda de Joseph Stiglitz y Amartya Sen en esta titánica tarea, mientras que el primer ministro Británico, asesorado por Richard Layard del LSE, ha instruido a la Oficina Nacional de Estadísticas de su país (algo así como el INE en Chile, pero independiente!) que comience a medir la felicidad de la nación.

Sin embargo, hasta el momento Chile se había mantenido al margen de este crucial debate. Afortunadamente logramos presionar lo suficientemente fuerte como para lograr que las autoridades comprendieran la importancia de medir la felicidad y el bienestar humano. Con alegría y satisfacción hemos escuchado que el Ministro Joaquín Lavín ha anunciado que Chile, oficialmente, comenzaría a monitorear esta variable. Y lo hizo nada menos en La Moneda, en la ceremonia en que oficialmente dio a conocer que el Ministerio de Planificación Nacional (Mideplan) pasaría a llamarse Ministerio de DesarrolloSocial. ¿Alguna relación?

En el imaginario colectivo se encuentra muchas veces instalada la creencia de que “en la medida que sea más productivo, ganare mejores salarios y eso me llevara a ser feliz”. Sin embargo, esto es completamente falso. La Psicología Económica ha demostrado científicamente es al revés. En la medida que las personas son más felices, logran desarrollar mejor sus habilidades, se desempeñan mejor en sus puestos de trabajo, obtienen mejores retribuciones por su desempeño, y finalmente terminan obteniendo mejores ingresos. Y el círculo virtuoso continúa.

La noticia anterior no nos puede dejar indiferentes. Pero, ¿por qué es importante que midamos la felicidad en Chile?
Las razones son básicamente dos.

Primero, porque (aunque suene “cursi” decirlo) la felicidad es el objetivo último de los seres humanos. ¿Quién podría negar que lo que realmente quiere es ser cada día un poco más feliz? Al menos todas las investigaciones así lo demuestran. En este sentido, los índices de felicidad pasan a ser incluso más importantes que el PIB o que la tasas inflación, por ejemplo. El crecimiento económico y el empleo son obviamente tremendamente importantes para nuestro progreso y bienestar.

Sin embargo, son sólo medios para que los seres humanos cumplamos nuestros objetivos de vida, es decir, son sólo medios para que podamos ser más felices. ¿De qué nos sirve estar empleados, tener buenos salarios y crecer al 10% si eso no se traduce en mayor felicidad? Desde este punto de vista suena, por lo menos ridículo, que en la actualidad no estemos midiendo de manera consistente nuestra satisfacción con la vida. Suena, por decirlo menos, ridículo estar preocupados solo de indicadores económicos. Imaginemos por un momento que crecemos de un año a otro un 25%.

¿Significa esto que estaremos mejor? La respuesta es NO. La economía ha asumido durante siglos que la mejor manera de medir el “bienestar” y la “felicidad” de la población es a través del crecimiento económico y del ingreso per cápita. Sin embargo, la Psicología Económica ha demostrado que mayores ingresos monetarios o mayores tasas de crecimiento no están asociadas necesariamente a mayor bienestar. De hecho, puede suceder incluso lo contario. El problema es que al no medir los efectos del crecimiento económico en nuestra felicidad no sabemos qué está pasando de verdad con nuestras vidas. Este mayor crecimiento… ¿nos estará haciendo menos depresivos? ¿Menos ansiosos? ¿Más alegres? ¿Más vitales y optimistas? ¿Mejores padres? ¿O será quizás todo lo contrario? No lo sabemos, y por eso debemos medir nuestra calidad de vida.

Pensemos simplemente en Corea, país que ha sido considerado por décadas un ejemplo de desarrollo y progreso. Independiente de sus progresos materiales, ¿qué pasa con su calidad de vida? Pues bien, Corea tiene las más altas tasas de suicidio en el mundo. Si, de suicidio. Es claro que en el caso de esta nación, el crecimiento no solo va a asociado a progreso (lo que es indudable), sino que también a variables sumamente negativas que no siempre medimos, tales como depresión, drogadicción, contaminación, delincuencia y otras. ¿Queremos entonces este tipo de crecimiento para Chile? Obviamente no. Sin embargo, para saber que está pasando en Chile necesitamos medir variables como estas que representen de alguna manera nuestro bienestar y felicidad.

Pero cuidado. Para los gobiernos de turno puede resultar un riesgo extra. No todos tienen la valentía de querer indagar lo que está ocurriendo en lo más profundo de las mentes y los corazones de sus electores. Sin embargo, este es un riesgo que cualquier gobierno serio y responsable debiese enfrentar. Mal que mal, la información que se obtenga debiese ser usada para re-orientar las políticas públicas. La información no puede dormir en los escritorios de los ministros. Eso sería abandonar nuestros deberes para con los más necesitados psicológicamente.

Entonces, aunque hipotéticamente creciéramos al 25%, nada nos aseguraría que ese sea el tipo de crecimiento que queremos. Por lo tanto, para saber hacia dónde nos está llevando el crecimiento actual y nuestros cambios sociales, necesitamos medir la felicidad en Chile. De esta manera se podrían re-orientar las políticas públicas en pos de la población más vulnerable. Y aquí radica parte de la importancia del anuncio de Lavín. En la medida que conozcamos nuestros niveles de felicidad, sabremos si las políticas publicas van bien o mal encaminadas. Y tendremos luces también de cómo cambiarlas.

En segundo lugar, la importancia de medir esta variable radica en los efectos que se pueden lograr en el aumento de la productividad tanto individual como nacional. Investigadores en Psicología Económica han demostrado que las personas más felices son sustancialmente más productivas que el resto. Puede que este argumento suene bastante conocido, pero lo novedoso de los descubrimientos es que se ha demostrado que, contrario a lo que tendemos normalmente a pensar, la felicidad es el ingrediente necesario para ser felices y no al revés.

En el imaginario colectivo se encuentra muchas veces instalada la creencia de que “en la medida que sea más productivo, ganare mejores salarios y eso me llevara a ser feliz”. Sin embargo, esto es completamente falso. La Psicología Económica ha demostrado científicamente es al revés. En la medida que las personas son más felices, logran desarrollar mejor sus habilidades, se desempeñan mejor en sus puestos de trabajo, obtienen mejores retribuciones por su desempeño, y finalmente terminan obteniendo mejores ingresos. Y el círculo virtuoso continúa. Por lo tanto, el estimular el bienestar y la felicidad en la nación lleva a que la población sea más productiva lo cual de extrema relevancia para nuestro progreso económico.

Todos sabemos que cuando la población es más productiva, el país crece a mayores tasas, se reduce de mayor manera la pobreza, y el círculo virtuoso continúa. Pero es, a diferencia de lo que normalmente se cree, la felicidad la que comienza este ciclo y no los ingresos. Y por supuesto que este SI es el crecimiento que queremos. Un crecimiento que vaya de la mano de la felicidad. Y ahí radica mayor importancia de los anuncios del ministro.

Pero en concreto ¿cómo debería medir Chile su felicidad? Los investigadores en esta área han demostrado que para realmente medir la felicidad se requieren diversos y complejos abordajes. En este sentido, las indicaciones de Richard Layard apuntan a medir la felicidad en un contexto amplio (llamado “bienestar”) incorporando medidas relacionadas tanto con los ámbitos afectivos, cognitivos, depresivos y de salud psicológica del ser humano. Solo de esta forma se podría llegar a saber, de una manera acuciosa, real y científica qué tan felices somos en nuestro país y donde radican nuestros mayores problemas.

El ministro Lavín no ha dado mayores detalles de cómo se abordara su medición, ni de cuales serán las acciones que se ejecutaran a partir de sus resultados, pero al menos ya estamos en el camino correcto. Chile ha decidido comenzar a monitorear su felicidad y esto es un tremendo paso en nuestras ansias de desarrollo y de mejoras en nuestra calidad de vida.
En fin, sabemos que la medición del bienestar humano no es sencilla ni trivial, pero aquí radica el mayor desafío para Joaquín Lavín.

Esperamos sinceramente que se haga con la seriedad y el profesionalismo que este tema requiere. Esperamos también que la decisión tomada por La Moneda sea una decisión en pos del progreso de Chile y no simplemente demagogia que busque acallar las voces de quienes desde dentro y fuera de Chile estaban pidiendo incorporar esta variable a las cuentas nacionales. Y esperamos también que sus resultados sean capaces de iluminar las políticas públicas del Chile del siglo XXI. De lo contrario, la felicidad en Chile solo habría dado un corto paseo por el Palacio de La Moneda.

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