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El otoño del Bacheletismo

por 16 noviembre 2011

El otoño del Bacheletismo
Si hay una fuerza que puede transformarse en una amenaza real para que Bachelet pueda volver a La Moneda, es la fuerza del movimiento estudiantil, su frustración y su malestar. A Pancho Vidal -que le gusta estar en todas, de ahí “Pancho”- se le ocurrió felicitar a Noam Titelman tras su elección como nuevo presidente de la FEUC, pero la respuesta de Titelman fue un mazazo: “Gracias por las felicitaciones, pero después de 20 años de dejar la educación botada, por favor no se ande subiendo al carro”.

Si hay una fuerza que puede transformarse en una amenaza real para que Bachelet pueda volver a La Moneda, es la fuerza del movimiento estudiantil: la fuerza de su frustración y de su malestar.

En todo caso, no es sólo la fuerza de los estudiantes.

Es la fuerza de una conciencia crítica que ha despertado en la ciudadanía por la traición que los “Bachelet-boys” le infligieron -no solo a los “pingüinos” de carne y hueso- sino que al humilde hombre de a pie, a la mamá de clase media, a la pobladora o al obrero que creyeron en el proyecto Bachelet.

A Pancho Vidal -que le gusta estar en todas, de ahí “Pancho”- se le ocurrió felicitar a Noam Titelman tras su elección como nuevo presidente de la FEUC, pero la respuesta de Titelman fue un mazazo: “Gracias por las felicitaciones, pero después de 20 años de dejar la educación botada, por favor no se ande subiendo al carro”.

¿Qué hacer y por dónde empezar?

Primero es el turno de los autoflagelantes que salen al plató, como Carlos Montes, para declamarnos que la escenita de las “manos alzadas” fue un despropósito.

Después aparecen los Pilatos –incluyamos a todo el “girardismo full-HD”- que vocean y vocean “nosotros votamos en contra de la LGE”, como eximiéndose de una culpa maldita.

A Pancho Vidal se le ocurrió felicitar a Noam Titelman tras su elección como nuevo presidente de la FEUC, pero la respuesta de Titelman fue un mazazo: “Gracias por las felicitaciones, pero después de 20 años de dejar la educación botada, por favor no se ande subiendo al carro”.

Y finalmente, está todo el “Chile-veintiunista” que como Pancho Vidal culpan al “diablo Velasco” de las siete plagas que están arrasando con el ideario social demócrata de la Concertación.

¿Y los autocomplacientes? Esos se pelean con los estudiantes (los Bitar), andan en campaña en las “ferias de la pobla” los fines de semana (los Velasco), o hacen lobby en los medios para mantener la confianza del “bacheletismo-aliancista” (los Pancho Díaz).

La conciencia que la movilización estudiantil ha levantado provocó en primera instancia, al interior de la Concertación, todo un ajuste de cuentas en el que cada cual levantó sus ángeles y demonios: cada uno para sí mismo y Dios contra todos. Esto en primera instancia.

Hoy, por la vía de un rimbombante acuerdo de todas las fuerzas de la oposición, la Concertación quiere mostrar nuevamente liderazgo, conducción, y sobre todo aprendizaje: también hemos adquirido la conciencia crítica que está en las calles.

Así las cosas, una comisión entregó a los presidentes de todas las colectividades de oposición una propuesta para negociar el presupuesto de educación 2012; y vimos cómo, con una cara compungida al máximo, estos líderes entregaron a La Moneda y al país, dicha propuesta.

La pregunta es ¿de qué comisión estamos hablando?; ¿una comisión secreta?; ¿una  comisión en la que estaban los mismos de siempre, con los métodos de siempre, con los artilugios cuantitativos de siempre, con las lógicas del modelo de siempre?

¿Está en condiciones la Concertación de develar públicamente los nombres que puso en esa comisión?; ¿podemos exigirle este mínimo de transparencia?

Esa comisión puede ser una caja de Pandora. Mejor esconderla como muñequita rusa.

En todo caso, algunos hemos visto –con pasmo- en las sesiones de las comisiones de educación en el Congreso, esas que se transmiten por televisión, a uno de los rostros emblemáticos del clan  que en la era Bachelet aguó a los pingüinos. Siempre ahí. Detrás. Atento. Tomando nota.

En un artículo publicado en noviembre del año 2010, titulado “Políticas educativas de largo plazo y acuerdo amplio en educación”, Pedro Montt (a la sazón operador de la Concertación) y Cristian Larroulet (operador de la Alianza) nos entregan un interesante relato, como protagonistas, de lo que hoy leemos como la traición a los pingüinos.

Leemos ahí que finalmente el 11 de diciembre de 2006 se entregó el Informe Final a la Presidenta “el que no contó con la firma de representantes de los estudiantes y del profesorado quienes, días antes de esta entrega, desconocieron la representatividad de ese documento… de todas maneras, no consiguieron la resonancia ni el apoyo público suficientes para desacreditar el informe final”.

Dicen que Pedro Montt hasta lloró ese día, en el clímax de las manos alzadas.

Hoy es toda la Concertación la que llora.

“Pasaron máquina” ayer ¿la pasarán hoy ante el nuevo escenario y la nueva conciencia crítica aprendida?

La primavera de la actual movilización estudiantil nos hace ver el triste cuadro otoñal de la Concertación. Además, nada indica lo contrario: Piñera buscará otra vez alzar las manos, y para ello, consenso hay en la Concertación.

Es una arriesgada apuesta.

Cómo salen de ella, su resultado, nos dirá si tenemos Bachelet para rato o si este otoño se transforma en un crudo invierno antártico, como ese que soportan los pingüinos.

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