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Un, dos, tres momia

por 9 octubre, 2013

Un, dos, tres momia
Me resulta decepcionante que la candidatura mejor posicionada en las encuestas enfrente este desafío refugiada en el silencio, jugando a las escondidas con la esperanza de ganar oculta, para luego jugar al “un, dos, tres momia”. Por maternal que sea la mirada que se tenga sobre Chile y su gente, no es propio de una comunidad política activa el tratar a los ciudadanos como niños.
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A 23 años del inicio de nuestra democracia en la medida de lo posible y a poco más de un mes de una nueva elección presidencial, cabe preguntarse cuáles son los desafíos que las fuerzas progresistas, aquellas comprometidas con el avance y el cambio social, tenemos por delante.

Pertenezco a la generación de políticos que ha mantenido una mirada crítica respecto de los silencios y temores de la transición. Conozco el sistema por dentro, y por eso hemos apostado por romper con la inacción a la que conduce el miedo y su respuesta automática: el orden como un fin en sí mismo. Desde ahí es que hoy veo con desazón —pero sobre todo con ánimo de rebeldía— el retorno del discurso de la responsabilidad para justificar la mantención de una injusta distribución de la riqueza, el poder y las oportunidades.

Creo que nuestra misión ante la ciudadanía y ante los movimientos sociales de diverso cuño, que han apostado por correr los límites de lo posible y romper la inercia de un sistema marcado a fuego por la colusión del binominalismo y el proyecto político conservador de la dictadura, es llevar a la política las demandas de un país más optimista, creativo, inconformista y diverso. En suma, un país moderno y orgulloso.

Por esto me resulta decepcionante que la candidatura mejor posicionada en las encuestas enfrente este desafío refugiada en el silencio, jugando a las escondidas con la esperanza de ganar oculta, para luego jugar al “un, dos, tres momia”. Por maternal que sea la mirada que se tenga sobre Chile y su gente, no es propio de una comunidad política activa el tratar a los ciudadanos como niños.

Veo con desazón —pero sobre todo con ánimo de rebeldía— el retorno del discurso de la responsabilidad para justificar la mantención de una injusta distribución de la riqueza, el poder y las oportunidades.

Con nuestras acciones públicas —entre ellas el voto— estamos dando forma al ciclo político, social y económico del futuro. Y para estar a la altura no basta con acuñar eslóganes, repartir sonrisas y convocar a la ciudadanía a vencer a la derecha en las urnas. Yo los invito a cuestionar y preguntarnos ¿qué de la derecha es aquello que queremos vencer?

Nuestra candidatura expresa de forma nítida e inequívoca un camino. Nuestro diagnóstico es que el principal desafío del progresismo y de las fuerzas políticas que adscriban a él está en cambiar las reglas: cambiar la manera en que las construimos y con eso cambiar el resultado que estas tienen en la distribución del poder.

Por eso no da lo mismo reformar la constitución de cara o de espalda a la ciudadanía. Por eso no da lo mismo apostar sólo al crecimiento y el emprendimiento —clave para alcanzar nuestras metas— si no hablamos en serio de la estructura tributaria, de la relación entre trabajadores y empresarios y de los mecanismos para llevarla a mayores estándares de justicia y equidad.  Por eso es que no es suficiente que quienes lucran con la educación y quienes han alzado las manos para celebrar reformas que sólo maquillaron la injusticia institucionalizada en nuestro modelo educativo nos pidan ahora confiar en ellos porque sí. O porque ahora sí que sí.

Si queremos impulsar los cambios por los que decimos luchar, es hora de preguntarnos ¿qué ha cambiado en quienes ofrecen conducir este proceso? ¿Puede ser genuina una voluntad de cambio si a la hora de confrontar el escrutinio de la ciudadanía se elude el debate, se esconden las ideas y se justifica esta conducta con un mal entendido sentido de la responsabilidad?

Los invito a construir un futuro distinto. A no endosar cheques en blanco. Para que la política sea responsable con quienes votan y no con quienes pagan, es vital que exijamos coherencia y consistencia antes de votar. Tenemos un futuro por delante y depende de ti. Si tú quieres, Chile cambia.

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