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Elysium, Neoliberalismo y Educación

por 20 octubre, 2013

Los resultados están a la vista, al igual que Chile, en Sudáfrica conviven dos países, dos sistemas de educación, dos sistemas de salud y previsión, y dos lugares distintos donde vivir. La segregación espacial es total, y las posibilidades de intercambio o traspaso de un mundo a otro, prácticamente imposibles. Vale decir, el modelo impone dos tipos de realidades: contradictorias y contrapuestas; dos mundos distintos: paralelos e independientes; pero a su vez absolutamente dependientes y conectados. La metáfora de Elysium no podría ser más apropiada.
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Por estos días se encuentra en la cartelera de cines Elysium. La película, dirigida por el sudafricano Neill Blomkamp, retrata un mundo apocalíptico en el Siglo XXII. Elysium es el nombre del lugar donde viven los ricos y poderosos, nada menos que un satélite en el espacio sobre Los Ángeles. Mientras que los habitantes de Elysium viven en mansiones, con áreas verdes y piscinas, la mayoría de la población vive en absoluta pobreza, contaminación ambiental y desesperanza en la Tierra. La segregación espacial es, literalmente, perfecta.

En este mundo futuro, los ricos consumen los recursos naturales de la Tierra y controlan a las masas a través de un sistema represivo con autómatas. No se trata de extraterrestres que dominan a los terrícolas, sino más bien de una élite económica, que disfruta de su éxito financiero, construyéndose un suburbio perfecto. Mientras tanto en la Tierra la vida es dura y precaria, las únicas alternativas son el crimen o trabajar en fábricas orwellianas, para producir los mismos robots que posteriormente los reprimen.

Los resultados están a la vista, al igual que Chile, en Sudáfrica conviven dos países, dos sistemas de educación, dos sistemas de salud y previsión, y dos lugares distintos donde vivir. La segregación espacial es total, y las posibilidades de intercambio o traspaso de un mundo a otro, prácticamente imposibles. Vale decir, el modelo impone dos tipos de realidades: contradictorias y contrapuestas; dos mundos distintos: paralelos e independientes; pero a su vez absolutamente dependientes y conectados. La metáfora de Elysium no podría ser más apropiada.

Por supuesto existen diferencias en el acceso a bienes públicos. Las diferencias en salud son especialmente chocantes y dan pie para la trama de la película. Mientras que los habitantes de la Tierra tienen acceso a una existente, pero precaria, atención médica, los habitantes de Elysium tienen una tecnología que les permite regenerar tejidos en forma casi perfecta, incluso tratando enfermedades catastróficas como el cáncer.

Elsyium no es una sociedad totalitaria perfecta, como retrata Orwell en “1984”, lo que Blomkamp intenta retratar es una pesadilla neoliberal. En la visión del director no existe una casta burocrática, sino una élite económica, vinculada al gran capital que extrae las rentas de la Tierra. A diferencia del mundo retratado por Orwell, no existe ninguna intención de imponer una ideología totalitaria. Los habitantes de Elysium creen en la democracia y los Derechos Humanos; el único objetivo es mantener su estilo de vida, aunque sea a costa de la represión de los habitantes de la Tierra.

La película no funciona totalmente, ya que cae en la banalidad hollywoodense, pero es interesante porque, al igual que Orwell, Blomkamp intenta hacer una crítica profunda al modelo económico y social de nuestros tiempos. Si bien es evidente que Blomkamp se inspira en su Sudáfrica natal, la crítica que propone es igualmente válida para el Chile actual. Lo que Blomkamp intenta criticar y caricaturizar es el modelo neoliberal.

Los resultados están a la vista, al igual que Chile, en Sudáfrica conviven dos países, dos sistemas de educación, dos sistemas de salud y previsión, y dos lugares distintos donde vivir. La segregación espacial es total, y las posibilidades de intercambio o traspaso de un mundo a otro, prácticamente imposibles. Vale decir, el modelo impone dos tipos de realidades: contradictorias y contrapuestas; dos mundos distintos: paralelos e independientes; pero a su vez absolutamente dependientes y conectados. La metáfora de Elysium no podría ser más apropiada.

Es en este contexto que se debe entender la crítica que emerge de la sociedad civil al “modelo económico” implementado en Chile en los últimos años. Esto es lo que explica la disonancia entre las realidades que describen algunos candidatos presidenciales y el mundo descrito por los medios de comunicación. No existe un “país irreal”, sino dos países segregados social, cultural y económicamente y, por cierto, como observa Blomkamp tan gráficamente, en el espacio.

Por ello adquieren especial importancia las reformas estructurales en discusión. Las bases del modelo se encuentran precisamente en la Constitución, la estructura tributaria y el paradigma educacional. La gratuidad en la educación, o propuestas en esta dirección, no tratan exclusivamente de mejorar la calidad o equidad de acceso, estos son elementos importantes pero no centrales. El objetivo principal es, en conjunto con otras políticas, integrar dos mundos totalmente separados como consecuencia de la lógica misma del modelo económico. Por todo ello, Elysium es una película que hay que ver, pues nos recuerda lo que está en juego en esta elección presidencial.

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