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La tormenta perfecta

por 22 octubre, 2013

Sumemos también a los municipios que piden desmunicipalizar la educación y, mientras tanto –nueva ficción–, anuncian cierres de establecimientos educacionales, llamando a ello “fusiones”. En suma, una tormenta perfecta respecto de la cual no se ve salida. Pero sí hay algo real, que los estudiantes requieren educación y por ello resisten; sin embargo, parece que poco importa, total los jóvenes en edad escolar por regla general simplemente no votan.
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Curiosas reacciones ha generado la comunicación intempestiva del Consejo de Rectores de las Universidades Chilenas (CRUCh) de incorporar un factor de admisión adicional, esto es, el puntaje ranking de promedio de notas obtenidas en la Educación Media, que claramente, con el fin de igualar ficticiamente a estudiantes que han recibido educación con estándares aceptables y estudiantes que no la han recibido, apunta a reparar ficticiamente una brecha que ya se ha producido con anterioridad, al momento de la selección de ingreso.

El liceo N°1 "Javiera Carrera", institución emblemática por lo demás, decidió evaluar ficticiamente a sus estudiantes que cumplan con algunos requisitos de carácter disciplinario, agregándoles una nota 7.0 a cada una para subir sus promedios. Por otra parte, ante esta situación, la Ministra de Educación declaró que cada establecimiento es autónomo respecto de este punto, por lo que nada obstaría a que todos los establecimientos educacionales del país realicen lo mismo. Por otro lado, el rector del Instituto Nacional decide presentar un recurso de protección, judicializando el problema, frente a lo cual el órgano encargado de las políticas públicas del sector declara que no queda más que esperar a que los jueces resuelvan. Como si el problema, nuevamente de manera ficticia, terminara ahí.

Sumemos también a los municipios que piden desmunicipalizar la educación y, mientras tanto –nueva ficción–, anuncian cierres de establecimientos educacionales, llamando a ello “fusiones”. En suma, una tormenta perfecta respecto de la cual no se ve salida. Pero sí hay algo real, que los estudiantes requieren educación y por ello resisten; sin embargo, parece que poco importa, total los jóvenes en edad escolar por regla general simplemente no votan.

Nadie duda de que los jueces sepan derecho, pero ¿cuánto sabrán los jueces de políticas educacionales? Claramente no es la esfera jurisdiccional la llamada institucionalmente a darles solución a los problemas de la educación, sin embargo, el que se recurra a ella es un síntoma de la imposibilidad cierta y no ficticia de los actores de mostrarse coherentes sobre las políticas de educación y de comprender que las cuestiones de distribución justa de bienes socialmente relevantes, como la educación, no se entregan a la “mano invisible”, ni tampoco empiezan o se agotan en los Tribunales de Justicia.

Sin embargo, el mundo de la ficción no es nuevo en el sistema educacional chileno, y va desde lo estructural, por cuanto el derecho a la educación consagrado como garantía sólo en el papel de la Constitución Política no tiene acción de protección que lo resguarde, y con fallos del Tribunal Constitucional de por medio que lo subordinan al derecho del dueño del establecimiento educacional y a la lógica del mercado; hasta lo práctico, pasando por estudiantes que, no obstante no asistir a clases, se les pone presente igual para no perder la subvención, o estudiantes que el día de las pruebas Simce se “les recomienda” no ir a clases para no bajar el puntaje del establecimiento, llegando a colegios y universidades que, producto de paralizaciones y tomas, terminan “haciendo como que” han sido pasados todos los contenidos de sus programas; aplazamientos de los instrumentos de medición a los egresados en pedagogía (prueba Inicia), los que no se presentan voluntariamente a rendir el test; y ni hablar de las corporaciones que declaran que no lucran, cuando manifiestamente algunas de ellas sí lo hacen.

Por otro lado, los candidatos a la Presidencia, desde distintos enfoques –algunos hasta carnavalescos–, debaten sobre educación gratuita y de calidad, no obstante que no se ve debate político respecto del concepto de calidad que debería tener la educación, no hay propuestas sobre contenidos, sobre mallas curriculares, los actores no se escuchan o piden ser evadidos de la discusión. Sumemos también a los municipios que piden desmunicipalizar la educación y, mientras tanto –nueva ficción–, anuncian cierres de establecimientos educacionales, llamando a ello “fusiones”. En suma, una tormenta perfecta respecto de la cual no se ve salida. Pero sí hay algo real,  que los estudiantes requieren educación y por ello resisten; sin embargo, parece que poco importa, total los jóvenes en edad escolar por regla general simplemente no votan.

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