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La batalla universitaria por los recursos del Estado

por 24 abril 2014

Lo que más llama la atención es el nivel del debate, llegando a enlodarse, por ejemplo, a la Universidad de Chile, señalando que es ineficiente. Hay que decirlo claramente, pese a las dificultades impuestas por el autofinanciamiento y a todas las trabas burocráticas, la UCh produce el 20% de la investigación científica del país y es líder entre todos los planteles en el área, sean estatales o privados.

En los últimos días se ha extendido el debate acerca del “rol público” de las universidades privadas. A nuestro entender, detrás de esta maraña argumentativa se esconde una trampa semántica: lo que está en el fondo no es la discusión acerca de lo público, sino acerca de los recursos del Estado.

¿Por qué los chilenos tenemos que financiar universidades privadas si tienen un dueño y responden, por lo tanto, a los intereses de ese privado, en vez de priorizar el financiamiento de las universidades estatales, que pertenecen a toda la comunidad y cuyos propósitos deben dar cuenta de los intereses de toda la sociedad?

El argumento de que el rol público de las instituciones privadas las hace merecedoras del financiamiento del Estado es similar a pretender que el fisco entregue presupuesto al Club de Golf, porque –al igual que el Parque Forestal– aporta bienes públicos contribuyendo a la descontaminación de la capital y oportunidades de recreación.

Lo que planteamos desde las universidades públicas es simplemente volver a la normalidad. Dejar atrás la lógica del autofinanciamiento, instalada a la fuerza durante la dictadura militar, para exigir que el Estado se haga responsable de una propiedad que abandonó, aquella encargada de la generación del conocimiento, la ciencia y la cultura, donde la sociedad deposita la misión de formar ciudadanos y profesionales. Las universidades estatales no son un socio ocasional del Estado sino parte constitutiva del mismo.

Lo que más llama la atención es el nivel del debate, llegando a enlodarse, por ejemplo, a la Universidad de Chile, señalando que es ineficiente. Hay que decirlo claramente, pese a las dificultades impuestas por el autofinanciamiento y a todas las trabas burocráticas, la UCh produce el 20% de la investigación científica del país y es líder entre todos los planteles en el área, sean estatales o privados.

Además, el Estado debe emparejar la cancha. Hoy las universidades estatales no cuentan con un marco jurídico y administrativo que les permita endeudarse a largo plazo o contar con los recursos necesarios no sólo para mejorar y ampliar su nivel de investigación, sino para mejorar las condiciones económicas y de trabajo de los académicos y funcionarios.

Asimismo, es relevante que el fisco exija a las universidades privadas cumplir los mismos trámites y procedimientos a los que están sujetas las instituciones estatales cuando se les entregan fondos públicos. Por ejemplo, rendir cuentas de los dineros recibidos y estar sujetos a la supervisión de la Contraloría, entre otros.

Lo que más llama la atención es el nivel del debate, llegando a enlodarse, por ejemplo, a la Universidad de Chile, señalando que es ineficiente. Hay que decirlo claramente, pese a las dificultades impuestas por el autofinanciamiento y a todas las trabas burocráticas, la UCh produce el 20% de la investigación científica del país y es líder entre todos los planteles en el área, sean estatales o privados.

Mal podría llamarse ineficiente a la universidad que es líder en investigación científica en el país y que es la misma que forma al 50 por ciento de los especialistas médicos de Chile. El otro plantel que le sigue en la formación de este capital humano de tan alto nivel no sobrepasa el 20 % de la cobertura.

El punto aquí tampoco es quitarles fondos a las universidades privadas tradicionales; el tema es que el Estado debe priorizar y financiar a las universidades estatales, terminando con el autofinanciamiento, para satisfacer las necesidades educativas de su dueño, el cual es la comunidad completa, es decir, todos los chilenos.

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