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Respuesta al Wall Street Journal: no todo lo que brilla es oro

por 8 mayo 2014

Respuesta al Wall Street Journal: no todo lo que brilla es oro
Aquellos que escribieron o ‘provocaron’ la columna de The Wall Street Journal no conocen Chile, y seguramente tampoco Estados Unidos, reflejan una gran ignorancia acerca de la realidad, tienen una severa miopía y son tributarios de esa visión iluminista que aún invade las mentes de tantos que se dan por sabios, intelectuales, expertos en desarrollo, que siguen dictando cátedra.

Los países deben avanzar en dar oportunidades de desarrollo a la totalidad de sus ciudadanos, no pueden darse el lujo de mantener marginados a un alto porcentaje de quienes viven en su territorio, ni menos privarse de las riquezas presentes en sus capacidades naturales; sería un verdadero suicidio. Los seres humanos tenemos la misma dignidad, por lo que debemos ser considerados igualitariamente por la sociedad y el Estado, lo que implica que las leyes, políticas y programas sociales tendrían que favorecer la inclusión y no la exclusión, la igualdad de oportunidades y no los privilegios, la libertad y no la condena al no favorecer el desarrollo de las capacidades naturales presentes en cada persona.

La grosera desigualdad en Chile es dolorosa, injusta, perniciosa, indignante y alienante. Ésta no sólo se expresa en los ingresos de las personas sino también casi con mayor violencia en la vivienda, trabajo, educación y salud. No hay ‘milagro’ cuando sólo se beneficia un porcentaje minoritario de las habitantes de un territorio y cuando el resto debe esperar las migajas que ‘caen de la mesa’; por ejemplo, la llamada clase media chilena es de las más pobres de la OCDE con dificultad supera un salario anual de US $ 12.000 y debe además cofinanciar su educación, salud, pensiones y vivienda.

Aquellos que escribieron o ‘provocaron’ la columna de The Wall Street Journal no conocen Chile, y seguramente tampoco Estados Unidos, reflejan una gran ignorancia acerca de la realidad, tienen una severa miopía y son tributarios de esa visión iluminista que aún invade las mentes de tantos que se dan por sabios, intelectuales, expertos en desarrollo, que siguen dictando cátedra.

No nos engañemos, queda mucho trabajo por realizar en nuestro país y en eso debemos ser serios, honestos y justos, afirmarnos en la verdad y no en engaños pasajeros que dan una falsa ilusión de desarrollo, modernidad y tranquilidad que no es real, con espacios de injusticias dolorosos y con abismos sociales que nos deberían conmover interiormente si fuésemos realmente humanos. ¿Quién del 10% más rico se iría a vivir a los barrios segregados, llevaría a sus hijos a esas escuelas, recibiría las prestaciones de salud a las que ellos acceden y voluntariamente optaría por los trabajos que allí se ofrecen?

Aquellos que escribieron o ‘provocaron’ la columna de The Wall Street Journal no conocen Chile, y seguramente tampoco Estados Unidos, reflejan una gran ignorancia acerca de la realidad, tienen una severa miopía y son tributarios de esa visión iluminista que aún invade las mentes de tantos que se dan por sabios, intelectuales, expertos en desarrollo, que siguen dictando cátedra, pero que hace décadas no han pisado los barrios segregados, los espacios geográficos de exclusión, ni aquellas dramáticas realidades de personas, familias y comunidades que experimentan a diario la marginación. Habitan en un ‘limbo’. Son esos escritores del norte que viven en sus departamentos cómodamente amueblados y que no conocen los gigantescos barrios periféricos de Nueva York, no han vivido jamás en un ‘shelter’ ni menos en una ‘public housing’, que han ‘sobrevivido’ con rentas superiores a los US $ 100.000 anuales, que se niegan a reconocer que más de 45 millones de ciudadanos de EE.UU. están fuera de los sistemas de seguridad social, que aún en su país el 16% de las personas viven en pobreza, que desde la década de los 60 su fórmula de desarrollo ha fracasado y que a partir de los 80 se acabó la movilidad social que se había bautizado como el ‘milagro americano’.

Seamos honestos y sinceros, visitemos en Chile los lugares de exclusión y privación de oportunidades, dejemos de ser ciegos y sordos a lo que angustiantemente nos rodea, hagamos el simple ejercicio de desear a los demás aquello que deseamos para nosotros y nuestras familias.

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