Sábado, 24 de septiembre de 2016Actualizado a las 16:10

Opinión

Autor Imagen

Por una escuela abierta

por 23 mayo 2014

Fortalecer la educación pública, también significa repensar la escuela, lo cual lleva implícito estar dispuestos a acoger las demandas y las expectativas del entorno, que excede a la comunidad educativa, incluyendo a la sociedad organizada institucionalmente: juntas de vecinos, clubes deportivos, y a las organizaciones agrupadas desde la informalidad: bibliotecas autogestionadas, colectivos de madres, entre otras.

Las palabras del ministro de Educación –“las familias son seducidas por ofertas de colegios que sólo tienen el nombre en inglés y que por $ 17 mil le ofrecen al niño que posiblemente el color promedio del pelo va a ser un poquito más claro (...). Una cantidad enorme de supercherías que nada tienen que ver con la calidad de la educación”– son dolorosas, justas y necesarias.

Acordémonos de los colegios Britania, aquellos establecimientos de infraestructura indigna, miles de estudiantes y un sostenedor que terminó preso. Ese ejemplo grafica otras decenas de casos, que no son patrimonio de los establecimientos que atienden población vulnerable, también podemos apreciarlo en la educación particular pagada, la diferencia está en el capital cultural de cada niño/a, lo cual hace que los mecanismos de selección sean un tanto más finos, pero el valor agregado del colegio sigue siendo escaso.

Una manera de entender esta problemática es desde la culpabilidad del sostenedor y la institucionalidad que le permitió lucrar, e ir más allá, robarle al Estado y, por sobre todo, a la comunidad educativa que confiaba en sus promesas de convertir a más de un millar de estudiantes pobres en “alguien”. ¿No es eso lo que se les dice a los niños pobres? Ser alguien en la vida a cambio de mudarse de barrio, desconocer su origen y, desde la fragilidad de su salario, intentar domiciliarse en la extendida clase media. Ese “ser alguien” que se ha inculcado desde el diferenciarse de tu par, de tu vecino, de tu familiar, de tus hermanos.

Fortalecer la educación pública, también significa repensar la escuela, lo cual lleva implícito estar dispuestos a acoger las demandas y las expectativas del entorno, que excede a la comunidad educativa, incluyendo a la sociedad organizada institucionalmente: juntas de vecinos, clubes deportivos, y a las organizaciones agrupadas desde la informalidad: bibliotecas autogestionadas, colectivos de madres, entre otras.

Entonces, acudir a un colegio de nombre en inglés, es simbólicamente rentable, simula una aproximación a la cultura dominante, da prestancia, esperanza y distinción. Educarse en ese sitio promete el acceso a una economía de bienestar, cultura y ocio que nunca llega.

Esta promesa de mejorar tus condiciones de vida, por la vía de la competencia traducida en segregación, ¿es patrimonio de esos colegios?, creo que no, los establecimientos de elite que se financian con recursos públicos hacen una promesa parecida, excepto algunos que administran hábitos y talentos de estudiantes que, de todos modos, explotarían en cualquier lugar que les brinde condiciones mínimas de desarrollo intelectual.

Lo anterior, además de atentar en contra de los aprendizajes de los niños y jóvenes, estimula que la escuela pública urbana se enajene de su comunidad inmediata, sugiriéndoles a sus estudiantes despreciar el entorno en donde nacen y se crían, estableciendo barreras que instalan hostilidad y/o distancia con su comunidad.

En el marco de la nueva reforma educativa, por discutir, se ha puesto énfasis en las condiciones de acceso al sistema educativo, el copago, el lucro, entre otros contenidos, aspectos fundamentales para cambiar el sistema. Sin embargo, no aparecen ideas, ni reflexiones y mucho menos propuestas sobre el sentido social de la escuela y su vínculo con la comunidad. ¿Qué ubicación tiene la escuela, qué espacio ocupa en el desarrollo de su entorno, qué propósitos comunes se pueden construir comunitariamente?

Fortalecer la educación pública, también significa repensar la escuela, lo cual lleva implícito estar dispuestos a acoger las demandas y las expectativas del entorno, que excede a la comunidad educativa, incluyendo a la sociedad organizada institucionalmente: juntas de vecinos, clubes deportivos, y a las organizaciones agrupadas desde la informalidad: bibliotecas autogestionadas, colectivos de madres, entre otras.

Hoy, pueden generarse condiciones para que la escuela se transforme en un lugar abierto, que acoja las diversas inquietudes e intereses de la comunidad, un espacio de mediación cultural que releve la identidad local, promueva el conocimiento de los otros y facilite la producción y circulación de culturas y artes. Construir una escuela abierta a la comunidad, acogedora, prestadora y recibidora de servicios, espacio de intercambio y producción de sentidos, es crear educación pública activa y transformadora.

Compartir Noticia

Más información sobre El Mostrador

Videos

Más Noticias

Blogs y Opinión

Encuesta

Mercados

TV

Cultura + Ciudad

Deportes