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Debatir o no debatir, esa es la cuestión

por 27 mayo 2014

La aprobación del proyecto de ley en la Cámara de Diputados en un mes y medio es una señal clara de falta de debate, sin mencionar que éste fue despachado tal como ingresó, excepto por algunos cambios menores (como el caso del impuesto a los alcoholes, modificación que ni siquiera apunta en la dirección correcta y que más bien responde al clientelismo de algunos parlamentarios).

Subir el impuesto específico del diésel de uso vehicular a 5,5 UTM el m3 en un plazo de cinco años (eliminando el crédito al transporte), limitar el diferimiento a 10 años del pago de impuesto por utilidades no retiradas (cobrando interés anual por dicho diferimiento) e incentivar con una tasa reducida el retiro de utilidades de parte del FUT histórico, son tres medidas que permitirían reemplazar –sin perder un peso de recaudación– algunas propuestas del proyecto de reforma tributaria del gobierno, como son la eliminación del FUT y la introducción de ciertos impuestos correctores mal diseñados.

Lo anterior corresponde a una propuesta presentada hace algunos días por Horizontal, y que tiene como fin abrir un debate sobre alternativas de recaudación. Dicha propuesta pretende minimizar el impacto sobre la liquidez de las empresas que tendría aquélla del gobierno y, a la vez, corregir la ineficiencia generada por una tributación menor que la socialmente óptima que hoy en día tiene la utilización del petróleo diésel.

Así como Horizontal plantea esta alternativa, son varias las propuestas que han aparecido en los últimos días y que apuntan a generar un debate real en torno a la mejor forma de recaudar los recursos que el gobierno dice necesitar. Dado el tamaño y complejidad de esta reforma –que incrementaría la recaudación tributaria en un 20% aproximadamente y modifica los tributos que al menos generan un 60% de dicha recaudación–, lo mínimo que debiese existir es un debate de calidad. Desde el gobierno se señala que dicho llamado es una estrategia de la oposición para obstaculizar el proyecto. Sin embargo, el llamado a debatir y evaluar sus consecuencias no es exclusivo de la centroderecha: connotados ex personeros de la Concertación, como Andrés Velasco, Alejandro Foxley, Eduardo Aninat y Manuel Marfán (quien reconoció haber intentado infructuosamente ser escuchado por el ministro Arenas por cerca de un año), han manifestado la necesidad de debatir en serio.

La aprobación del proyecto de ley en la Cámara de Diputados en un mes y medio es una señal clara de falta de debate, sin mencionar que éste fue despachado tal como ingresó, excepto por algunos cambios menores (como el caso del impuesto a los alcoholes, modificación que ni siquiera apunta en la dirección correcta y que más bien responde al clientelismo de algunos parlamentarios).

Lo preocupante es que, hasta ahora, ese diálogo no ha ocurrido. Desde que el proyecto de ley ingresó a la Cámara de Diputados, los representantes del gobierno y parlamentarios de la Nueva Mayoría han invitado a un debate de calidad; sin embargo, las críticas al proyecto son acalladas con frases tales como “están defendiendo los intereses de los más ricos” o “no entienden la reforma”. Esta actitud genera desconcierto, pues debatir sin analizar ni argumentar parece, por decirlo sutilmente, complejo. Este hecho me hace recordar aquella frase que muchos escuchamos de niños: “Puedes jugar a la pelota, pero sin ensuciarte las zapatillas”; o, en este caso, podemos debatir, pero sin criticar.

La aprobación del proyecto de ley en la Cámara de Diputados en un mes y medio es una señal clara de falta de debate, sin mencionar que éste fue despachado tal como ingresó, excepto por algunos cambios menores (como el caso del impuesto a los alcoholes, modificación que ni siquiera apunta en la dirección correcta y que más bien responde al clientelismo de algunos parlamentarios).

A pesar de lo anterior, al parecer la tramitación en el Senado podría ser distinta y habría una mayor disposición al diálogo. El miércoles pasado la Presidenta Bachelet llamó a tener un debate con altura de miras. Ojalá esta opinión sea realmente compartida tanto por la oposición como por el gobierno y se traduzca así en un verdadero debate.

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