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El giro de Arenas y el segundo tiempo de la reforma tributaria

por 5 junio 2014

El giro de Arenas y el segundo tiempo de la reforma tributaria
El envío de la reforma al sistema electoral binominal, los anuncios acerca de los cambios en el sistema educativo, los focos de la administración Bachelet para los próximos cuatro años expuestos en el mensaje presidencial, así como la polémica instalada acerca de la despenalización del aborto, han permitido al ministro Arenas y su equipo de asesores ganar tiempo para preparar el segundo tiempo de la reforma.

Después de una conveniente pausa, la discusión de la reforma tributaria vuelve a ocupar un lugar destacado en la agenda política. A tono con el Mundial de fútbol que comienza en pocos días, el ministro Arenas y su equipo de asesores han ocupado el receso para (re)diseñar la estrategia para enfrentar el segundo trámite legislativo de una reforma que, en el papel y en los votos, aparecía menos compleja de lo que finalmente ha resultado. Las disputas y tensiones, sumadas a un aumento en la percepción de rechazo de la opinión pública y de los actores involucrados, dejaron en entredicho la eficacia gubernamental de la tramitación del proyecto en la Cámara de Diputados. Esta primera fase demostró que, si bien importan el contenido y los resultados de las políticas, también –y cada vez más– importa el proceso, esto es, cómo se discuten, debaten, aprueban e implementan las políticas públicas.

A lo menos dos elementos muestran la subestimación del valor que se le asignó al proceso en este caso. En primer término, un cierto estilo tecnocrático y a ratos soberbio desplegado por Hacienda –opuesto al estilo dialogante de la Mandataria o de algunos de sus colaboradores, como Peñailillo e Eyzaguirre– le restó mayor apoyo y legitimidad a la iniciativa del Ejecutivo. Se sumó a lo anterior una desafortunada estrategia comunicacional (el video cuya autoría, como ocurre con las malas ideas, nadie reconoce) que trajo más costos que dividendos a la reforma.

Tal parece que el primer tiempo demostró que el desafío de las complejidades técnicas en un cambio de política no se debe subestimar. Pero el factor determinante es político. El ministro parece estar procesando esta lección clave: finalmente las políticas son resultado de la negociación entre distintos actores, quienes ajustan mutuamente sus intereses divergentes.

En segundo lugar, un escaso análisis de los actores y sus intereses. Este déficit se expresó en una suerte de coalición variopinta que puso en entredicho la viabilidad de la reforma. Era previsible la reacción de algunos afectados: los grupos económicos (empresarios, gremios de la media y pequeña empresa) y de fuerzas políticas afines a estos (UDI, RN, Evópoli y Amplitud) por el cambio en la reglas del juego que promueve la reforma. Pero lo que no era esperable, es que se sumaran tempranamente sectores del propio oficialismo, que han expresado algo más que “matices” en relación con aspectos clave de la iniciativa. Un hecho inédito fue que se rompiera el fair play entre los ex ministros a cargo de las finanzas públicas durante las anteriores administraciones de la Concertación. Todos a su turno –Foxley, Aninat, Marfan y Velasco– y con la sola excepción de Nicolás Eyzaguirre –actual colega de Arenas en el gabinete– cuestionaron el “tono” y aspectos de forma y fondo de la política impulsada por el actual Ministro de Hacienda. Lo anterior alcanzó ribetes de crisis cuando el déficit de gestión política en la tramitación de la reforma comenzó, en forma silenciosa, a erosionar la evaluación del gobierno y de la propia Presidenta. La ligera caída del gobierno por debajo del temido guarismo del 50% ―según datos de las encuestas de Cadem-Plaza Pública y de la Universidad Central-Imaginacción-Cooperativa― desde el retorno a La Moneda en marzo, coincidió con el momento más álgido de la discusión de la reforma tributaria.

El envío de la reforma al sistema electoral binominal, los anuncios acerca de los cambios en el sistema educativo, los focos de la administración Bachelet para los próximos cuatro años expuestos en el mensaje presidencial, así como la polémica instalada acerca de la despenalización del aborto, han permitido al ministro Arenas y su equipo de asesores ganar tiempo para preparar el segundo tiempo de la reforma. Este está marcado por una mayor disposición y diálogo, dejando a un lado los estilos y prácticas de la primera etapa. Durante los días previos, se ha visto al ministro más abierto al debate, reuniéndose con más actores y mostrándose tácticamente más disponible para buscar acuerdos acerca de perfeccionamientos y cambios en la reforma.

Lo anterior es una muestra inequívoca del giro del ministro Arenas, ante la cual cabe preguntarse el por qué. Tal parece que el primer tiempo demostró que el desafío de las complejidades técnicas en un cambio de política no se debe subestimar. Pero, el factor determinante es político. El ministro parece estar procesando esta lección clave: finalmente las políticas son resultado de la negociación entre distintos actores, quienes ajustan mutuamente sus intereses divergentes.

La estabilidad de las políticas depende en forma crucial de la capacidad de los actores políticos de negociar y hacer cumplir acuerdos intertemporales y así alcanzar resultados cooperativos que permitan preservar ciertas políticas fundamentales más allá del mandato de determinados funcionarios públicos o coaliciones. Esperemos que la nueva performance del ministro Arenas dé cuenta de mejor forma de lo que la propia Presidenta entiende que debe ser la formación de las políticas públicas.

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