Domingo, 24 de julio de 2016Actualizado a las 19:32

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Nueva Mayoría: ¿acuerdo programático, alianza política y futura coalición?

La llegada del presente año 2016, da inicio a los procesos electorales y será la última etapa para consolidar las reformas prometidas por el Gobierno. El actual gobierno tiene su origen, más allá de la popularidad de la Mandataria, en un acuerdo programático, no aprobado por los consejos políticos de los partidos, de muy acelerada elaboración y en verdad no discutido previamente con profundidad y que constituye una débil carta de navegación de este período presidencial. Se ha debatido el carácter de este acuerdo y no es un secreto que ha tenido diversas interpretaciones y que en la práctica ha creado una división entre los ortodoxos y los exégetas que buscan interpretarlo a la luz de la realidad.

Resulta bastante claro que hemos pasado, en la práctica, de un acuerdo para un futuro Gobierno a una cuasialianza política, porque no había otra forma en que transcurrieran las cosas, ya que si un grupo de personas y partidos políticos apoyan a un candidato, sobre la base de un acuerdo de contenidos, ello en su esencia deviene en eso. Por razones estratégicas, no del todo comprensibles, no se ha reconocido mediante alguna formalidad y esta circunstancia es una ambigüedad que debe ser superada de conformidad a lo que expresamos, si realmente se desea con tiempo y serenidad, que hoy falta, conseguir la conducción para una etapa en que opere una auténtica coalición política.

La oposición de derecha, por su parte, ha iniciado un proceso de convergencia con mucha variedad en sus liderazgos y sin mayores contenidos, pareciendo más un atrincheramiento en defensa de algunos intereses esenciales para ese sector político, el derecho de propiedad privada llevado a su extremo máximo, la seguridad pública y los grandes monopolios.

Otros sectores de oposición identificables como de izquierda o paraizquierda anuncian una organización de corte electoral para enfrentar las elecciones, en una sumatoria de intereses particulares que entrecruzan personalismos con algunos particularismos supuestamente regionales.

Las semanales reuniones del Comité Político y las actuaciones en las cámaras legislativas, están lejos de considerarse un afiatado accionar político. Resultaría así clarificador que se realizara un esfuerzo programático a la luz de la actual experiencia, en particular frente al gran desafío de una nueva Constitución Política. Esto requiere mucho trabajo. No se puede volver a improvisar, a la carrera.

La ya vieja Concertación, que sin duda dio equilibrio a la política chilena, aunque no fue perfecta, ha sido dada por muerta hace unos años por el grupo que lideraba el control de la candidatura de Bachelet y ahora diversos comentaristas la insinúan como renacida en la forma de los últimos cambios ministeriales y hechos políticos de la coyuntura. Se trata de una materia nebulosa que es necesario despejar.

De este cuadro surge como inevitable enfrentar el diseño de la estructura futura de la actual cuasialianza programática para que, revisando lo que se ha hecho y las tareas que quedarán pendientes, permita saber a ciencia cierta cuál es el ámbito de las coincidencias y las discrepancias. No bastará con resolver el tema municipal, llevando un candidato a alcalde y varias listas de concejales, ni tampoco el nuevo sistema de elección parlamentaria, y sospechamos que tampoco bastaría un eventual y simple acuerdo o primaria para elegir a un candidato para la elección presidencial. Los vastos intereses y diferencias ideológicas a los cuales representan los partidos e independientes que configuran la Nueva Mayoría, necesitan un marco conceptual más acabado y preciso para evitar ulteriores discusiones en un ejercicio de gobierno.

Las semanales reuniones del Comité Político y las actuaciones en las cámaras legislativas, están lejos de considerarse un afiatado accionar político.

Resultaría así clarificador que se realizara un esfuerzo programático a la luz de la actual experiencia, en particular frente al gran desafío de una nueva Constitución Política. Esto requiere mucho trabajo. No se puede volver a improvisar, a la carrera.

El año 2005, terminados los tres primeros gobiernos de la Concertación, se formó una comisión de 15 miembros designados oficialmente por los partidos, la que elaboró unas bases de acuerdo que de alguna u otra forma vino a constituir, después del proyecto alternativo a la dictadura, el segundo esfuerzo, no ligado directamente a una candidatura presidencial, en orden a actualizar las ideas fuerza de la alianza política.

Lo anterior se hace más necesario hoy si consideramos que prácticamente todos los tropiezos que han tenido las reformas impulsadas por el deseo de la gran mayoría del país, se han debido a un acuerdo programático elaborado en forma sincrética y apresurada que dio origen a un texto farragoso y poco explícito, lo que se desconoce si fue producto deliberado de sus autores o simplemente una improvisación o incompetencia. Estando fuera del Gobierno actual las personas que elaboraron el programa aprobado, con casi nula consulta real a los partidos políticos que no conocieron ni analizaron en sus instancias políticas resolutivas dicho documento y que la ciudadanía solamente conoció en términos muy vagos y generales, resulta más necesario iniciar un trabajo programático en los términos y por las razones que planteamos. Esa autoexclusión ha sido muy dañina en sus efectos y ha contribuido al bajo prestigio de su accionar.

La ciudadanía no aceptará fácilmente candidaturas o proyectos que no estén bien sustentados y mejor discutidos, especialmente con los organismos intermedios de la sociedad, que hoy por hoy tienen una enorme influencia en el pensamiento crítico y problemático y que están llevando la delantera por sobre los movimientos políticos.

Con una fórmula como la propuesta se podrá evitar al país toda tentación populista o caudillesca que podría echar por la borda el notable avance que ha exhibido Chile y, de paso, permitirá definir lo que queda por hacer y lo que podrá ser un auténtico esfuerzo de sinceramiento para una alianza política sólida que se proyecta en materias concretas ajenas a todo voluntarismo.

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