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Algo huele mal en Santa Marta

por 13 febrero 2016

La comunidad sambernardina luchó a fines de los 90 para lograr el cierre de Lepanto. Los residuos sólidos domiciliarios (RSD) de más de 20 comunas tenían como destino final un vertedero que contaminaba las napas subterráneas de suelos agrícolas, con sus malos olores el bienestar de cientos de miles de vecinos y colapsaba las calles de la ciudad con camiones provenientes de casi la mitad de las comunas de la Región.

Se anunciaba una gran solución: un moderno relleno sanitario que cumpliría todas las normas medioambientales se instalaría en la frontera de las comunas de Talagante y San Bernardo. El paso de cientos de camiones de gran tonelaje sería por San Bernardo a través de una vía exclusiva, y en esta comuna estaría también el centro de transferencia donde llegarían los residuos sólidos de 19 comunas de la zona sur. Lo mismo sucedería en la zona norte con un “moderno” relleno en Til Til y estación de transferencia en Quilicura.

A poco andar surgieron los primeros problemas con el hedor y algunos incidentes detectados y reportados que indicaban un mal manejo técnico del relleno, que ha significado, hasta enero del presente, 45 sanciones desde la Superintendencia del Medio Ambiente, desde extremadamente graves a leves, varios sumarios ambientales, y pagos de multas que no superan lo ganado en un día de funcionamiento. Las autoridades regionales de ese entonces, tal vez olvidaban que en Chile estamos muy lejanos del concepto “Responsabilidad social empresarial” y lógicamente a estos consorcios solo les importaba el lucro a cortísimo plazo sin importar el bienestar de las comunidades más aledañas. El pago de multas es insignificante en relación con las multimillonarias ganancias.

El derrumbe de un cerro que contenía miles de toneladas de basura en Santa Marta y que superaba lo técnicamente aceptable y el posterior incendio que aún persiste de manera subterránea y emana gases tóxicos de difícil detección pero percibidos por nuestras narices, hizo derrumbar también el negocio de este consorcio e incendiar la capacidad de tolerancia de nuestras comunidades hasta decir basta ya; Santa Marta tuvo la posibilidad de demostrar un manejo responsable a un problema serio (todos botamos basura y necesitamos soluciones sustentables), y solo se limitó a ganar miles de millones de pesos sin importarle la calidad del aire en las comunas cercanas ni los derrames de líquidos percolados que se filtran en las napas subterráneas de importantes suelos agrícolas.

Es hora de cerrar Santa Marta y para ello necesitamos definir a la brevedad un Plan de cierre, acordando fechas, condiciones técnicas aceptables y un manejo con participación vinculante de la comunidad.

Pero el problema no concluye con el cierre de Santa Marta; más bien comienza. A fines de la década de los 90, como concejal de San Bernardo (paralelo al cierre de Lepanto), propuse una gran política de reciclaje, casa a casa, barrio a barrio, comuna a comuna, con una gran inversión pública. ¿En qué?: necesitamos primeramente educación medioambiental y la crisis de Santa Marta nos da una oportunidad única. “Todos botamos basura y nadie quiere un vertedero en el patio de su casa”. ¿Qué hacemos?: el Reciclaje es parte fundamental de la solución, pero si se hace en serio.

Necesitamos invertir en Educación Medioambiental, actuar para reciclar, pero necesitamos también recursos para dotar a cada casa de los medios necesarios para separar los residuos (contenedores diferenciados) y a los barrios y condominios contenedores especiales y centros de acopio. Simultáneamente una política pública de incentivo a los recicladores (metal, papel, plásticos, caucho, etc.) y la modificación de los contratos a las empresas recolectoras para que hagan esta labor de manera diferenciada (comenzar con camiones para los contenedores reciclables y luego los desechos orgánicos); un acuerdo en cada comuna con las uniones comunales de Juntas de Vecinos y los Consejos de la Sociedad Civil; sin la participación de la comunidad organizada cualquier proceso de reciclaje será fallido o muy lento.

Como Consejero Regional y miembro de la Comisión de Medio Ambiente del CORE, he sido parte de la aprobación el año recién pasado de casi trescientos mil lutocares o contenedores de basura, donde se invirtieron miles de millones de pesos del Fondo Nacional de Desarrollo Regional (FNDR) y en cada presentación de los proyectos comunales he puesto el tema del reciclaje; la mayoría de los municipios están disponibles, pero hace falta un mayor impulso.

Necesitamos ponernos metas. En 10 años deberíamos reciclar el 50% de nuestra basura, promover la fabricación de compost en cada hogar o en espacios comunitarios y a lo menos 5 plantas de producción de Biogás en la región para los desperdicios de ferias libres o domiciliarios que sirvan a este propósito. Debemos pasar de una actividad de mucho gasto social a otra de construcción de rentabilidad comunitaria.

Es hora de cerrar Santa Marta y para ello necesitamos definir a la brevedad un Plan de cierre, acordando fechas, condiciones técnicas aceptables y un manejo con participación vinculante de la comunidad.

En síntesis, lo que propongo como solución a la crisis ambiental que nos ha llevado Santa Marta es lo siguiente:

1) Cierre programado de Santa Marta, con un tope de funcionamiento parcial que no supere dos años (31 de diciembre de 2017), definiendo en una mesa tripartita Empresa-Sector público-Comunidad Organizada, las fechas y etapas técnicas del cierre, el que debe comprender la recuperación de los suelos, el manejo de gases y líquidos percolados a ser costeados por la empresa por un período superior al de funcionamiento real del relleno, es decir, a lo menos 15 años.

2) Definir AHORA un programa local y regional de reciclaje que contemple lo señalado anteriormente, con inversión pública adecuada y necesaria para asegurar metas, comenzando con un compromiso de reciclar el 50% de nuestros residuos sólidos domiciliarios en un período de 10 años. Estos programas deben ser ejecutados conjuntamente entre Gobierno Regional y Ministerios de Educación y del Medio Ambiente.

3) Ubicación de otro espacio para Relleno sanitario con una definición más drástica de condiciones de apertura, funcionamiento y cierre en otra comuna. San Bernardo ha aportado sus suelos más productivos y sus mejores vías para solucionar la carencia de espacios para instalar vertederos o rellenos sanitarios por más de 30 años para casi la mitad de la región. ¡Hoy es tiempo de otras comunas!

Algo sigue oliendo mal en Santa Marta y confirma que “En el negocio de la basura lo más limpio es la basura”. Informes de prensa recientes, y probablemente otros que se preparan, nos muestran y mostrarán que en este “negocio” que mueve miles de millones, los intereses de los monopolios en la industria nos mantienen como el segundo país más atrasado de la OCDE en materia de manejo de RSD y de reciclaje y en tiempos de sospecha entre la política, algunos políticos y los sucios negocios, algo nuevo está por verse. La verdad tendrá su hora, ¿qué más hay tras este negocio que enriquece a unas cuantas empresas y empobrece a las comunas? Pero hoy necesitamos soluciones y acciones. Es tiempo de la transparencia, la eficacia y la participación comunitaria para solucionar un problema de todos.

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