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Control de identidad preventivo: naturalizando el temor

por 22 febrero 2016

Durante los últimos meses, en el marco de la discusión de la llamada "agenda corta antidelincuencia", no han sido pocos quienes se han manifestado en rechazo a la indicación que consagra el control de identidad preventivo, el cual faculta a los funcionarios policiales a solicitar que una persona se identifique sin necesidad de que concurra algún indicio que justifique dicho control, bajo el pretexto de verificar si cuenta o no con alguna orden de detención pendiente. Sobran columnas y entrevistas que explican por qué este control es discriminador y arbitrario, en contraste con la opinión de algunos parlamentarios que han enarbolado el populismo penal como respuesta al problema de la delincuencia.

Ha sido, este populismo penal, resultado de años de una hegemonía en la reacción política a los índices delictuales. Cada vez que la seguridad ciudadana está en la palestra se discute una "agenda corta" en la cual, por un lado, se busca aumentar penas a determinados delitos y por otro se restringen libertades individuales.

Hemos naturalizado el temor a la coacción policial al punto de que parece normal que uno pueda ser controlado a pesar de no cometer ilícito alguno.

Es esta lógica la que nos ha llevado a que hoy se vea con bastante naturalidad que una persona pueda ser objeto de intervención en todo momento por parte de efectivos policiales. Es decir, hemos naturalizado el temor a la coacción policial al punto de que parece normal que uno pueda ser controlado a pesar de no cometer ilícito alguno. Lo que en otras latitudes sería impensado, en Chile es cada vez visto con mayor normalidad. Junto a ello, en nuestro país hemos reducido los deberes de cada ciudadano al absurdo de tener que llevar el carné a todo lugar, so pena de una intervención mayor a falta de este. Así, la justificación para tener que ceder ante la invasión de espacios de libertad individual, pese a no haber cometido delito alguno, es el volver normal el temor a una posible intervención policial en cualquier momento, pudiendo ser mayor si uno no logra individualizarse.

Si con la actual legislación se realizan casi dos millones de controles de identidad al año, es evidente que el control preventivo aumentará dicha cifra. Sin embargo, como es de esperarse, los resultados no serán sustancialmente distintos y los índices de victimización no bajarán. Con ello en un tiempo más, siguiendo la misma respuesta hegemónica de mayor coacción, se hablará de cómo seguir ampliando aún más la facultad de intervención policial en desmedro de derechos individuales.

Finalmente, hoy la discusión se ha centrado en el control de identidad preventivo. Mientras no cambiemos el foco de la discusión pasando del cortoplacismo del populismo penal a una verdadera política a largo plazo, una "agenda larga" que se centre en una mejor gestión en lugar de simples parches, seguiremos en el círculo que hoy nos tiene discutiendo sobre esta indicación, pero el día de mañana será una nueva medida en la misma dirección, igual o más gravosa e igualmente ineficaz. La preocupación por la delincuencia y la victimización es un problema del que todos debemos hacernos cargo, pero ahondando en la misma lógica que ha demostrado dar una respuesta ineficiente, no conseguiremos cambios sustanciales en esta materia.

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