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Caída de la natalidad: ¿Preocupante o relajante?

por 9 febrero, 2017

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Es común escuchar y leer la frase “Chile tiene un vasto territorio con muy baja población”. ¿Dónde es la población baja? ¿En el desierto del Norte? ¿En los fiordos Patagónicos? ¿En los Campos de Hielo? ¿En la Cordillera de los Andes? Por algo la mayoría de la población del país, un 86%, vive en o en los alrededores del Valle Central, entre las regiones de Valparaíso y Los Lagos. La densidad poblacional en las ocho regiones que abarca esta zona es de 71,4 habitantes por Km2.

Todos los países tienen porciones de su territorio de baja o nula habitabilidad. En ese sentido, Chile está entre los países con un porcentaje altísimo de territorio no habitable. Es difícil establecer parámetros adecuados para comparar superficies habitables entre países. Aunque la superficie cultivable es menor que la habitable, es un buen substituto para comparar habitabilidad.

La densidad poblacional por Km2 de superficie cultivable en Chile es de 815. A objeto de comparación, la de Canadá es de 74, la de Australia es de 52, la de Argentina 155 y la de Alemania 690.

Por otra parte, el jefe de extranjería de la PDI, el prefecto inspector Víctor Nakada informó el 15 de enero a El Mercurio, que ellos atienden a casi 2000 personas (inmigrantes) diarias que quieren regularizar sus papeles. Supongamos que el “casi” significa que sólo atienden a 1.800 personas diarias y que algunas son atendidas más de una vez. Por lo que podríamos asumir que en realidad, el número de inmigrantes que diariamente desean regularizar su documentación son 1.200. Esto se traduce en 300.000 por año.

Esta cifra indicaría que a Chile ingresan 16,6 inmigrantes anualmente por cada 1.000 habitantes. (138.000 inmigrantes fueron aceptados legalmente en el año 2014, equivalente a 7,56 inmigrantes por año por 1.000 habitantes. Cifra parecida a la de Canadá y Australia, países inmensos, desarrollados, pero con inmigración seleccionada). La cifra respectiva en Canadá es de 8,4 inmigrantes por año por 1.000 habitantes, 7,7 en Australia, 0,15 en Argentina y 13,5 en Alemania. La cifra correspondiente a Argentina es, indudablemente un subestimación, al no existir datos fidedignos, mientras que, la cifra para Alemania se debe a que en el año 2015, un año anómalo ciertamente, ingresaron a este país 1.100.000 personas.

Deducciones: Chile es el país con la densidad poblacional más alta por Km2 cultivable de los cinco países mencionados. Segundo: Chile tiene la mayor tasa de inmigración por habitante.

 En estos momentos en que demógrafos, ambientalistas y científicos de diversas disciplinas están alarmados por el aumento de la población mundial, en Chile se estima conveniente promover el aumento de la natalidad. Parece ignorarse que el aumento de población trae consecuencias: hacinamiento, degradación del medio ambiente, contaminación de aire y aguas (ríos, lagos, mar), incremento en producción de desechos caseros e industriales, disminución de tierras cultivables, etc.

Estos datos demuelen, incontrovertiblemente, el mito de que la población de Chile es aún muy pequeña.

En estos momentos en que demógrafos, ambientalistas y científicos de diversas disciplinas están alarmados por el aumento de la población mundial, en Chile se estima conveniente promover el aumento de la natalidad. Parece ignorarse que el aumento de población trae consecuencias: hacinamiento, degradación del medio ambiente, contaminación de aire y aguas (ríos, lagos, mar), incremento en producción de desechos caseros e industriales, disminución de tierras cultivables, etc. Además, hay que considerar el futuro impacto del crecimiento del desierto causado por la disminución de las precipitaciones, el retroceso y adelgazamiento de los glaciares provocados por el calentamiento global, —lo que agravará la escasez de agua—, y la pérdida de terrenos cultivables por urbanización.

El envejecimiento poblacional es ciertamente un problema. Pero esto no debe resolverse aumentando la población joven tratando de incrementar la natalidad o mediante inmigración masiva (aumento que, por lo demás, no puede sostenerse indefinidamente en el tiempo), sino con medidas económicas adecuadas (pensiones, presupuesto de la salud, etc.). En varios países europeos, el porcentaje de personas mayores de 65 años, es el doble del de Chile. Sin embargo, argumentar, como se hace en este editorial del 18 de enero en otro medio, que en ellos “las nuevas generaciones no logran sostener el sistema creado por sus padres” me parece una frase exagerada, especialmente si se considera que el sistema sí sigue funcionando y, no creo que sea discutible, que funciona mejor que en nuestro país.

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