Haití : el paraíso del intervencionismo extranjero - El Mostrador

Jueves, 18 de enero de 2018 Actualizado a las 19:57

Análisis Internacional

Haití : el paraíso del intervencionismo extranjero

por 2 marzo, 2004

Los grupos disidentes de J.B. Aristide son todos antiguos aliados, excepto los remanentes de las FFAA de Haití, desmontadas por el propio Aristide a instancias del Departamento de Estado de los EEUU, durante la administración de Bill Clinton. En este sentido, la rebelión es una vuelta de mano de las FFAA que se sintieron alienadas y alejadas del poder.

J.B.Aristide, el depuesto Presidente de Haití, después de una intensa y rápida desestabilización de su gobierno, se comprueba que fue una invención estadounidense. Cuando llegó al poder en 1990, asumió durante el período en que Clinton pregonaba la democracia o algo que se le parecía, en los cuatro puntos cardinales del globo. En efecto, J.B.A. fue el primer presidente elegido, democráticamente, por sufragio universal, en toda la historia de Haití, de 200 años.



Haití en su borlette



Borlette son los bancos -especie de kioskos- donde el haitiano común hace transacciones y donde se venden boletos de lotería. Estos kioskos son operados como cadenas y tienen nombres de personas comunes, pero también asociadas a la estructura política, en algún sentido. Asi tenemos el borlette de Ricard, el de Edouard, el de Patrick, el de Charles, y así sucesivamente los borlettes llevan sus nombres que los caracterizan. En éstos también se transa la corrupción y de allí se obtiene el pulso del país en cierta forma. En los últimos días del derrocado presidente Aristide, los borlettes señalaban la alta temperatura que experimentaba el país.



Paraíso de una oligarquía con sello antiguo



Haití, como es sabido, es uno de los territorios de América Latina menos expuesto a las políticas de reforma política y social impulsadas por la Alianza para el Progreso, de los años sesenta, y de las influencias revolucionarias duras del castrismo de Cuba.



Igual ha permanecido como un anatema histórico. Con una oligarquía -que en Haití se le denomina la élite- que ha prevalecido poderosa e inclaudicable a través de todos los gobiernos, en los últimos 45 años. Con la vulnerabilidad de ser una clase dirigente minoritaria, formada por mulatos de orígen francés y africano y a veces mezclados con inmigrantes del medio oriente, se ha mantenido en el poder en forma ilegítima, sobre la base de la fuerza. El carácter policial del estado haitiano ha sido la norma y no la excepción, y eso lo ha hecho proclive a la intervencioón extranjera, sea francesa o norteamericana.



Hoy día Haití es un punto de encuentro para Francia y los EEUU y para la concertación de países que forman la OEA. Haití, en efecto, es una especie de mancha indeleble en el esfuerzo de las potencias occidentales de hacer progresar las sociedades, sobre la base de las políticas de crecimiento y libre mercado. El Presidente Aristide derrocado, fue un puntal en ese sentido y no pudo torcerle la mano a la historia, en sus raices más profundas y subayacentes.



El Banco Mundial, como el FMI, estimularon políticas monetarias y de gestión económica que apuntaron al corazón de la herencia oligárquica-militar, a la que Haití estuvo acostumbrado a funcionar. Allí la raíz del problema.



El ultimo Golpe: una reconciliación fracasada



Aristide intentó hacer funcionar un pacto de reconciliación, ya en su regreso al poder, en octubre de 1995. Siguiendo con los patrones de reparación y justicia estimulados por la administración Clinton/Gore, la "reconciciliación" consistía en no practicar la venganza en los militares que habían cometido las atrocidades de los gobiernos anteriores.



Ahora los medios se concentrarán en el caos y la rebelión que marcó los últimos meses de Aristide. Sin embargo, el problema central y mayor está situado más atrás en el tiempo.



Durante los dos períodos de los dos Duvalier, entre 1957 y febrero de 1986, (refugiado en Francia), y en los períodos del Gobierno de de-facto del General Namphy (1986- 1988) y del Presidente Leslie Maniget, elegido (1988-1990) a través de una elección controlada por un Colegio Electoral Militar, fueron asesinadas varios miles de personas (el número exacto se deconoce). Durante el mismo tiempo, abandonaron Haiti, por razones económicas o políticas, más de medio milllón de personas, de allí los balseros que entran ilegalemente en los EEUU.



Los grupos disidentes de Aristide son todos antiguos aliados, excepto los remanentes de las FFAA de Haití, desmontadas por el propio Aristide a instancias del Departamento de Estado de los EEUU, durante la administración de Bill Clinton. En este sentido, la rebelión es una vuelta de mano de las FFAA que se sintieron alienada y alejadas del poder.

El registro dice que fue elegido en 1990 y apenas habia formado su gobierno, instaló las primeras medidas que fueron claramente antioligárquicas y antimilitares. No pasaron dos años y JBA fue derrocado por un Golpe de Estado, a mediados de 1991, por los mismos grupos de poder o de elite, como se les llama en Haití a los que apoyaron a Papa Doc y su hijo Baby Doc, durante casi medio siglo. Aristide fue puesto de nuevo en el Gobierno, en octubre de 1995, después de que fuerzas estadonunidenses desalojaran el gobierno militar y mandaran al exilio a los militares que lo derrocaron .



Literalmente puesto de vuelta en el poder por una operación estadounidense, de allí hacia delante, JBA estuvo apoyado por los EEUU. Este ha sido el factor que le ha pasado la cuenta. A pesar de ser un populista, con visos de tecnócrata, celoso aplicador de las políticas del Banco Mundial y del FMI, no pudo con las dinámicas nativas del poder de-facto en Haití, que son la misma élite que ha gobernado durante toda su historia: las FFAA y las fuerzas paramilitares creadas en sucesivos gobiernos. Durante los últimos 10 años, algunas fuentes señalan que en manos privadas existen más de medio millón de armas de fuego, de variado poder.



Chile y su afán protagónico, envía tropas



"Chile es visto -por sus vínculos y sincronía con los EEUU, en materia de política internacional- como una especie de estado de Israel en el cono sur". Lo dijo un analista y periodista boliviano en medio del intercambio beligerante por la salida entre los gobiernos de Bolivia y Chile.



"No por mí, sino por la gente y no sólo en Bolivia, sino también en Venezuela, Colombia y Perú", agregó el analista.



Para algunos, la observación sabe a elogio; para otros, una advertencia de futuras tensiones. La frase tiene la connotación de que Chile es un serio aspirante a convertirse en un país vigilante, con características de estado policial, aunque para algunos esta interpretación parezca exagerada.



Por cierto, las manifestaciones chilenas hacia el exterior, tanto en la acción oficial -envío de tropas a Haití; como privadas, colocación de recursos humanos (ex) militares en Irak,- no desmienten esta posibilidad. Se palpa vigorosamente por la intensidad que permea desde el ámbito del Ministerio de Defensa, como del silencio de las comisiones de defensa respectivas, del senado y de la cámara baja.



Como que el capítulo inconcluso de los DDHH y la participación militar en sus violaciones, necesitara de nuevas tareas y emociones para cumplir con el refrán popular, respecto a los amores: "un clavo saca otro clavo".

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