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El conspirativo estilo del ex ministro de Pinochet

Por la boca muere Cuadra

por 14 septiembre 2010

Por la boca muere Cuadra
Cada vez que hace una declaración que causa conmoción pública pierde el trabajo. Acusó a parlamentarios de RN de consumir drogas y los clientes de su empresa Identitas desaparecieron. No tuvo más opción que renunciar a la rectoría de la UDP en medio del escándalo que provocó su declaración acerca de cómo se le salvó la vida a Ricardo Lagos mientras era vocero de Pinochet. Ahora dice que cinco días antes del asesinato de Jaime Guzmán fue alertado de que podía ser un blanco del FPMR. Su barómetro de credibilidad ya no marca.

No deja pasar una década sin convertirse en titular principal. Las características son siempre las mismas: él posee información secreta que genera conmoción pública, la da a conocer sin que nadie se lo pida y nunca logra ser comprobada.

En 1995 declaró “algunos parlamentarios consumen drogas” en la revista Qué Pasa. En 2005 sostuvo al Diario Siete que, gracias a una orden del gobierno del que era vocero, Ricardo Lagos y otros dirigentes fueron detenidos por la PDI para evitar ser asesinados en represalia por el atentado al general Pinochet.

Cinco años después –el pasado 3 de septiembre- afirmó en El Mercurio que, cinco días antes del homicidio de Jaime Guzmán, fue alertado de que podía ser uno de los objetivos del Frente Patriótico Manuel Rodríguez. Su fuente, el ex general Jorge Ballerino, declaró ayer ante el juez en su departamento, pues sufre de un tumor cerebral que lo mantiene grave.

Experto en anticipar escenarios políticos, tratándose de él no mide las consecuencias. Cuando se descuadra lo paga caro. Su exocet sobre consumo de drogas en el Congreso vació a su empresa Identitas de clientes, entre los cuales se contaban la Papelera, los Luksic y la CAP. Hacía informes diarios y semanales de coyuntura y análisis político que eran entregados por mano. Uno de los primeros en abandonarlo fue la Papelera.

Francisco Javier Cuadra debió mudarse a una oficina más chica y cambiar a sus hijos al colegio Alcázar de Las Condes, creado para hijos de militares y por ende más barato. Uno de los pocos clientes que conservó fue la CAP, gracias a su amistad con Roberto de Andraca, quien maneja la compañía desde su privatización con un pequeño porcentaje de acciones como sucedía en Enersis. “Una vez al mes Cuadra daba una charla a cada cliente. Tenía un centro de documentación grande y hacía investigaciones históricas muy entretenidas. Me acuerdo que a De Andraca le hizo un análisis de las guerras del Peloponeso; él tomaba un episodio y lo llevaba a un manejo de crisis empresarial”, recuerda una persona que trabajó con él.

Hasta el día de hoy de Andraca es fiel a Identitas, pese a que los análisis de coyuntura fueron perdiendo valor dada la competencia de las agencias de comunicaciones y a que el escenario político ya no reviste las complejidades de la transición.

De Andraca fue uno de sus aliados en la Universidad Diego Portales. Como miembro del consejo directivo lo apoyó cuando se votó su nombramiento como rector. No había otro candidato según los estatutos redactados por Manuel Montt, pero la decisión  implicaba aceptarle la renuncia forzada al único rector que había tenido la UDP. Montt ostentaba la calidad de vitalicio: sólo podía ser reemplazado en caso de muerte, inhabilidad o renuncia y quien debía sucederlo era el vicerrector general, en este caso, Cuadra. El mismo que  llegó como asesor de imagen externo, probablemente por su parentesco político con Montt –una de sus hijas es casada con un hermano de Cuadra-, trepó a la cima dejando una estela de vicerrectores y decanos cesantes. Y a Montt sin el cargo cúspide en la universidad que había creado en los 80’.

Sólo se mantuvo en la rectoría un año y medio. Su afirmación de que él era parte del grupo de quienes le había salvado la vida a Ricardo Lagos, Germán Correa y Patricio Hales, le costó la salida del plantel. “Como vocero del gobierno militar señaló que el asesinato de los cuatro opositores (José Carrasco, José Manuel Parada, Santiago Nattino y Manuel Guerrero) parecía responder a un procedimiento típico de purga dentro de los grupos marxistas, lo que sugiere que deliberadamente desinformó a la población”, sostenía una carta suscrita por 74 académicos titulada “Cuadra está inhabilitado para ser rector de nuestra universidad”.

“Todo era rito”

Su paso por la UDP, entre 2002 y 2005, interrumpió su actividad permanente: el procesamiento de información. Comenzó con el arribo de la democracia cuando era una industria nueva. Debutó con Civitas, uno de cuyos socios era Vicente Muñiz, dueño de la corredora de bolsa Chilemarket y fuente de las secciones económicas de los medios. Se habían conocido en la Universidad Adolfo Ibáñez, donde Cuadra cursó un semestre de Ingeniería Comercial para luego trasladarse a Derecho en la UC. La empresa funcionaba en el estudio jurídico de su padre, ex abogado de El Teniente, razón por la cual la infancia y adolescencia de Cuadra transcurrieron en Rancagua. Él es un ex alumno del Instituto O’Higgins.

Para un conocido asesor de imagen “es mala idea meterse en estas polémicas tan conspirativas, porque tu prestigio se va minando y vas quedando como una persona oscura”. “Es puro narcisismo”, acota una periodista del sector político.

La sociedad con Muñiz se disolvió en 1993 y el ex ministro siguió solo con FJ Cuadra y Asociados. Contaba con una encargada de documentación y dos cientistas políticos. Curiosamente, uno de ellos había pertenecido a las Juventudes Comunistas mientras estudiaba en la Diego Portales y había sido alumno de Cuadra en el curso Historia del Derecho. Tenía la peor imagen de él, por lo que habló con el decano de la carrera, Jorge Correa Sutil, pidiendo cambio de profesor, pero Correa lo tranquilizó y le planteó que cualquier problema se lo hiciera saber. Aquel estudiante era Jorge Insunza, quien trabajó con Cuadra entre 1992 y 1996 y cultivó una amistad que perdura hasta hoy.

Egresado de Derecho y titulado como cientista político, Insunza realizaba, al igual que su jefe, informes de distintos temas y escenarios políticos para que los empresarios tomaran decisiones informadas. Fue testigo del florecer de la empresa, que llegó a tener unos 10 clientes y oficina en el barrio El Golf, y de su caída en 1996, cuando el equipo se achicó y él se fue.

Otra persona que trabajó con Cuadra describe su oficina y uno de sus hábitos: “Todo era un rito. Cada objeto tenía una historia. Los libros los mandaba a empastar. Cada cierto rato se encuevaba. Las llamaba sus referencias cotidianas: los hitos que podía ver día a día y que lo hacían recordar quién era él”. También salía a caminar acompañado de uno de los tantos bastones de su colección.

Cuadra ha emprendido asesorías particulares acompañado de personajes muy distintos. “En alguna época lo hizo junto a Enrique Correa”, sostiene una fuente de la industria. Con el abogado Felipe Cubillos, líder de la campaña Levantemos Chile, llegó a exponer ante los ejecutivos españoles de Aguas Barcelona que recién había comprado Emos, la empresa de agua potable. Mario Lubbert, el publicista, fue el nexo como ex compañero de colegio de Cuadra y conocido de Cubillos por la navegación. Cuadra eclipsó a los españoles y se quedó con  la cuenta de Aguas Andina, la ex Emos, que mantiene hasta hoy. Cubillos después sería decano de Economía de la UDP, con el apoyo del ex ministro. Otra de las actividades de Cuadra radica en Paraguay, donde prestaría asesorías.

Es todo lo que se conoce acerca de su presente laboral.  “No quiero hacer declaraciones” fue su respuesta ante la petición de entrevista de El Mostrador.

Las clases a Evelyn

Cuadra no se hizo querer en La Moneda, porque acaparó tanto poder que se transformó en el jefe político del gabinete de Pinochet siendo vocero. En su libro de memorias “Mi lucha por la democracia”, publicado en 1994, Sergio Fernández cuenta que cuando asumió por segunda vez como ministro del Interior, en 1987, pidió que Cuadra fuera reemplazado por Orlando Poblete, actual rector de la U. de Los Andes. “Me parecía que durante la gestión de mi predecesor (Ricardo García: 1985-1987) había asumido un papel que, en algunos aspectos, aparecía en paralelo al del ministro García. De mantenerse esa situación, daría lugar a roces y desentendimientos. Eso era desaconsejable en la decisiva etapa que iba a comenzar, de ardorosa campaña política”.

Según Fernández, él y su equipo planificaron que durante la proclamación de Augusto Pinochet como candidato, el 30 de agosto de 1988, hiciera un discurso concentrado más en el futuro que anclado en el pasado, “pero Cuadra vino en secreto desde Roma (era embajador ante el Vaticano) y a través del viejo problema de las asesorías paralelas le entregó al general otro texto, que éste prefirió porque destacaba más la situación de crisis de Chile durante la UP y lo que habían hecho los militares”. Para muchos, incluido Fernández, aquel discurso fue el augurio de que perdería el plebiscito.

Tampoco hizo buenas migas con Sergio Onofre Jarpa, quien encabezó una apertura que Cuadra no compartió. Jarpa no estuvo de acuerdo con que Andrés Allamand llevara al ex ministro a RN y lo nombrara vicepresidente del partido sin que mediara la votación del consejo general. Como no era bienvenido en la sede de Antonio Varas, Allamand lo designó director –fue el primero- del Instituto Libertad. Allí se llevó mal con Lily Pérez, por entonces una joven publicista a cargo del área de comunicaciones del instituto. Su creciente relación con los medios producía celos en su jefe al punto que los informes que preparaba para RN dejaron de llevar su firma por decisión de Cuadra. “Un desagradable incidente” entre ambos, que nadie en el partido ha querido aclarar nunca, hizo que Pérez abandonara el instituto en 1992.

Tres años después Cuadra renunciaría a RN como consecuencia de sus acusaciones sobre consumo de droga en el Parlamento. Un episodio que comenzó con la entrevista en Qué Pasa y culminó con Cuadra requerido por Ley de Seguridad del Estado –acción emprendida por RN, la Cámara y el Senado- y querellado por injurias y calumnias. Pasó tres semanas en Capuchinos y nunca pudo probar con los testigos aportados por Evelyn Matthei que su amigo Andrés Allamand, Alberto Espina e Ignacio Pérez Walker eran los supuestos consumidores, según relata el libro “La historia oculta de la transición”, del periodista Ascanio Cavallo.

El ex ministro que acompañó a  Sebastián Piñera en su casa la noche en que Ricardo Claro dejó en evidencia su intención de perjudicar a Evelyn Matthei, una de las cartas presidenciales de RN, se convirtió en aliado de ella. Un encuentro casual con Matthei en una librería y un comentario posterior a Mario Lubbert acerca de que la entonces diputada podría mejorar su cultura política, convirtieron a Cuadra en el guía de lectura de clásicos de Evelyn. Así fue como estrecharon lazos y ella se involucró en la denuncia de Cuadra. El primer atisbo de que  la ex diputada RN buscaría la venganza, según el libro “La historia oculta de la transición”, fue su declaración de que “esto no es una canallada (por los dichos de Cuadra). Canallada es lo que me hicieron a mí”.

La  información es poder

Como secretario general de gobierno, entre 1984 y 1987, manejó su elemento favorito: la información. En ese entonces, a través de Dinacos, que dependía de su cartera o personalmente. “Cuadra llamaba directamente a Agustín Edwards para pedirle que no tratara ciertos temas o les bajara el tono. Presionaba de la peor manera, tirando el peso del poder encima. Agustín nos pedía no crear más problemas. Era una espada de Damocles”, recuerda una periodista del cuerpo dominical de Reportajes.

En una oportunidad exigió, a última hora, no publicar una entrevista a Ricardo García, ministro del Interior, porque no le habría gustado el tono y el contenido de sus palabras.

Un montaje fotográfico lo enemistó de la peor manera con el decano. “Cuadra fue el intermediario de una operación de la CNI. Presionada por las protestas en el Parque O’Higgins durante la visita de Papa Juan Pablo II, la CNI decide entregar información de dos jóvenes con pasamontañas que, supuestamente, habían participado en la manifestación, dando sus nombres y apellidos. Cuadra manda esas fotos, el editor nocturno le consulta a Edwards y Cuadra le certifica la información”. Las identidades no correspondían a los encapuchados que eran imposibles de reconocer. Los aludidos presentaron una querella por injurias y calumnias, una de las pocas que ha perdido El Mercurio y la más costosa de su historia. Cuadra se convirtió entonces en un personaje ignorado en el diario durante mucho tiempo, pero no por siempre. En El Mercurio destapó su última revelación que lo llevó nuevamente a los tribunales. Fue llamado a declarar ante el ministro en visita, Mario Carroza, tras la reapertura del caso del asesinato de Jaime Guzmán originada por los dichos de Mauricio Hernández Norambuena desde Brasil. El “comandante Ramiro”, su chapa, mencionó al abogado Ambrosio Rodríguez y a Sergio Fernández dentro una lista de posibles blancos del Frente, pero no a Cuadra.

“Le gusta estar en el centro de la política y hacer una relectura del pasado. Se incluye entre los cinco dirigentes, todos tótems de la derecha, que podían ser asesinados. Dice Sergio Fernández, Sergio Diez, Sergio Onofre Jarpa, Jaime Guzmán y yo. Además, lo que no hace verosímil su versión es que dos días antes Guzmán había votado en contra de los indultos (ley que favorecía, según su postura, a los terroristas). El Frente lo escoge por eso”, dice una fuente que siguió el caso.

Para un conocido asesor de imagen “es mala idea meterse en estas polémicas tan conspirativas, porque tu prestigio se va minando y vas quedando como una persona oscura”. “Es puro narcisismo”, acota una periodista del sector político.

Esta vez sus palabras no encendieron la mecha, pero volvieron a darle vida en los medios. Aquellos que censuró y que ha usado como tribuna sin recordar un dicho básico para un asesor de imagen y analista político: por la boca muere el pez.

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