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¿Y si no vota Mischeeele?

por 16 noviembre, 2013

¿Y si no vota Mischeeele?
El triste fuego de artificio articulado por Joignant y compañía llamado “el otro modelo”, estéril juego de máscaras que buscó dotar de un relato grandilocuente a una candidata que es pura conexión emocional, es tal vez la mejor de las señales que nos anticipan lo que todos ya sabemos de antemano: las segundas partes son siempre peores que la original. Aunque como están de líquidas las cosas, de emocionales, no debiésemos descartar que resuciten un nuevo “otro modelo” de la nada, como a un conejo: en esto Joignant ha demostrado ser un extraordinario ilusionista, uno más de los Houdini del socialismo chileno capaces de zafarse de las cadenas del pensamiento de izquierda para agasajar a los señores de smoking y pipa de siempre. Sin escrúpulos. Hay que gobernar.
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Se nos viene un nuevo gobierno de la Concertación, aguada, esta vez, como Nueva Mayoría… que es casi lo mismo que una manada de lobos aparentando ser un rebaño. Se nos viene el sexto gobierno de la Concertación después del actual periodo de Sebastián Piñera. Y se viene con todo, con comunistas incluidos, que para gobernar no creo que lo hagan mal, si no pregunten en la municipalidad de Recoleta cómo va el régimen de gobierno ahí, están para Ministerio del Interior.

Como una manada aparentando ser un rebaño, como un cuerpo organizado, han salido por estos días los mismos conspicuos de siempre a hablar de gobernabilidad, de mesura en el arte de gobernar, de tradición republicana, de búsqueda de consensos y equilibrios con la clase empresarial, de gradualismo reformista, etc. Son los mismos que durante los 20 años de la Concertación (los Ottone, los Correa, los Viera-Gallo) manejaron y manejan como nadie el arte de la ambigüedad, que tal vez sea hoy por hoy la mejor forma de definir el arte de hacer política en Chile. Como también dominan hace ya bastante tiempo el arte del cinismo en la política, es altamente probable que no tengan empacho en encontrarme la razón en esto, pues “otra cosa es gobernar, pongámonos serios”.

Así están las cosas, como sea que se pronuncie “Mischeeeele Bachelet” (no sé a ustedes, pero me resulta cada vez más difícil pronunciar el nombre “Michelle Bachelet” por cómo se escucha pronunciarlo a ella misma en la radio…), da lo mismo, ella será sin duda la cabeza de ese nuevo espejismo creado por la clase política chilena llamado “Nueva Mayoría”, que nos gobernará de ahora en más.

Crearon otro Chile (“Chile cambió”) y crearon otra Bachelet (Michelle made in NYC) y hasta pretendieron crear otra utopía social (el “otro modelo”), que finalmente viene siendo la primera carta del glamoroso castillo de naipes en caer. Razones hay.

El triste fuego de artificio articulado por Joignant y compañía, llamado “el otro modelo”, estéril juego de máscaras que buscó dotar de un relato grandilocuente a una candidata que es pura conexión emocional, es tal vez la mejor de las señales que nos anticipan lo que todos ya sabemos de antemano: las segundas partes son siempre peores que la original. Aunque como están de líquidas las cosas, de emocionales, no debiésemos descartar que resuciten un nuevo “otro modelo” de la nada, como a un conejo: en esto Joignant ha demostrado ser un extraordinario ilusionista, uno más de los Houdini del socialismo chileno capaces de zafarse de las cadenas del pensamiento de izquierda para agasajar a los señores de smoking y pipa de siempre. Sin escrúpulos. Hay que gobernar.

Escúchenla por estos días haciendo campaña arriba de un camioncito por las comunas de Santiago, además a todo volumen: “¡Ya poh…! ¡chiquillos! ¡chiquillas! ¡vayan a votar puéh el domingo!” ¿Qué se pretende con el uso de este tipo de recursos? Es evidente que si nos retrotraemos desde este producto electoral al “otro modelo”, lo que hubo y lo que hay es sólo una operación política triste y sin sentido, pues en verdad la misma jauría de los 20 años de Concertación aparentando mientras tanto pura mansedumbre de rebaño, lo que está haciendo es reunir cada vez más energías para el asalto final a la yugular de La Moneda: no hay “otro modelo” como sí hay otro producto de marketing electoral.

En efecto, Michelle Bachelet es un constructo político creado por la Concertación sobre la base de un naipe de emociones y frases empáticas, de gags y salidas de libreto livianas. Está lejos de ser un constructo creado sobre la base de un discurso articulado mediante argumentos, enrevesados o no, o por una racionalidad al estilo Joignant. Es la candidata de las emociones y ya está. No es una ofensa, para nada. Se sabe del valor que tienen para el capitalismo contemporáneo las habilidades emocionales y la inteligencia emocional: en el neoliberalismo de hoy las habilidades blandas hacen la diferencia, la Escuela de Chicago lo sabe y bien hace rato (cf. James Heckman).

De todos modos, nadie está diciendo que Michelle Bachelet no tenga un marco teórico, simplemente lo que pasa es que resulta demasiado evidente que no conocemos ese marco teórico, sino que, por el contrario, solamente percibimos el producto electoral que ella es, una especie de seguro de vida barato para una coalición que está con sus sepulcros blanqueados y que hace de ella –feliz– una especie de tótem tribal o de carta "adolescencial" tipo Mitos y Leyendas. La Concertación le sigue dando oxígeno a la hoguera de su propia incineración.

Escúchenla por estos días haciendo campaña arriba de un camioncito por las comunas de Santiago, además a todo volumen: “¡Ya poh…!, ¡chiquillos!, ¡chiquillas!, ¡vayan a votar puéh el domingo!” ¿Qué se pretende con el uso de este tipo de recursos? Es evidente que si nos retrotraemos desde este producto electoral al “otro modelo”, lo que hubo y lo que hay es sólo una operación política triste y sin sentido, pues en verdad la misma jauría de los 20 años de Concertación aparentando mientras tanto pura mansedumbre de rebaño, lo que está haciendo es reunir cada vez más energías para el asalto final a la yugular de La Moneda: no hay “otro modelo” como sí hay otro producto de marketing electoral. Y ojalá este mismo domingo la presa, La Moneda, esté dispuesta en bandeja de plata. Por esa razón, si alguno de ustedes imagina a esta Michelle pensando en el “otro modelo” de Joignant, por favor, no se sienta mal si automáticamente comenzó Ud. a tararear la Cumbiera Intelectual: se trata de un reflejo condicionado, es ciencia.

Estimadas, estimados, todo indica que es mejor no ir a votar este domingo a las presidenciales. ¿Para qué ir a votar? Atrévase de una buena vez y no vote Michelle, total, ella va a ganar de todas maneras sin su voto. Todo lo que ha prometido esta candidata, producto electoral de los mismos de siempre, es de una ambigüedad brutal, casi idéntica a la letra chica de Piñera, sólo que esta vez para peor la letra chica viene en Braille.

Como tenemos una cantidad importante de burbujas en el aire, como nunca antes las habíamos tenido, en realidad es muy buena la idea que un comunista ocupe el Ministerio del Interior para así mantener en orden y control a la calle el 2014, que se viene agitado, por algo les dicen los “pacos rojos”, si no me cree vea lo que le pasó a la mamá de Matías Catrileo. Hay algunos bromistas que están insinuando que el Partido Comunista chino está haciendo un lobby feroz para que un comunista chileno, el primero en la historia, ocupe el sillón del Ministerio de Hacienda, como ahora son más capitalistas que Adam Smith... ¡bromistas! ¿Que no saben que estamos en periodo de seriedad gubernamental? ¡Los comunistas a Interior, señores! ¡Pongámonos serios!

Está bien, en todo caso, si va y vota. Por quien sea. No soy quién para decirle perentoriamente lo que tiene que hacer, simplemente lo animaba a que si quiere no ir a votar por Michelle como un ejercicio del mismo poder, lo piense y pase en el acto. No va a pasar nada, como tampoco pasa nada si quiere votar por la otra cara de la “moneda Bachelet”, la 7. Ahí verá usted… tal vez podría pasar algo si ganan los otros, pero no nos engañemos, no ganarán.

El show de la democracia

Ahora bien, si lo pensó, si acaso lo pensó porque razones hay muchas para haberlo pensado, y quiere dar un  paso al acto más radical que no votar Michelle, a mí me gustaría reafirmárselo con mucha humildad y sin subestimarlo para nada: rebélese y no vaya a votar. Absténgase. Ejerza su poder. Quédese en su casa y no vote por nadie.

Si es esto lo que pensó o está pensando, hágalo. Si quiere hacerlo como un acto de rebeldía, hágalo. Si quiere con esto jabonarse de todo lo que le han hecho, hágalo. Si tiene ganas de rebelarse contra el orden político tradicional, ese mismo que cree que el poder es un atributo personal, y usted esta vez quiere demostrarles que el poder es un puro ejercicio, que usted también puede ejercer mandando todo –aunque sea una vez– a la mierda, hágalo. Aunque lo traten de “bolas”, hágalo. Aunque le digan que Ricardito tanto que sufrió para que todos los chilenos pudiésemos votar, hágalo, enjuáguese con Ricardito y deje que el resumidero haga el resto. Si usted quiere desmontar con este mínimo acto de rebelión todos los mitos de progreso, más todos sus corolarios que le han vendido todos estos años, de una buena vez, hágalo. No será el primer placer culpable que se dará en su vida y espero que tampoco sea el último. Son los políticos y no nosotros (seres comunes y silvestres a mucha honra) los que creen que todo es sobre sexo, menos el sexo mismo: ellos creen hace rato que incluso también el sexo es sobre el poder. Así de embriagados están de poder. Uno, simple ciudadano de a pie, trabajador cotidiano, a veces, cuando las cosas se ponen demasiado serias cuando en verdad está a la vista lo ordinarias que son, a veces digo, nos dan ganas de hacer un minúsculo pero simbólico acto de rebeldía contra el poder, su ejercicio, su estrategia, su disciplinamiento, sus saberes y sus instituciones, haciendo un pequeñísimo ejercicio de contra-poder a través del poder mismo: me abstengo, simplemente me abstengo. Me rebelo sin pudor a esa microfísica del poder tan sinuosa en este país y tan moralizada que es tener-que-ir-a-votar. Total, una vez que lo haga no le hará mal a nadie.

En vez de ir a votar, haga un asadito en su casa y disfrute del espectáculo y la fiesta de la democracia por televisión, pues de todas maneras es muy entretenido. Será todo un show impagable: ver los tics de un Piñera perdedor será todo un festín; escuchar las nuevas frases hechas de Carlos Larraín, todo un placer; adivinar al fin el peluquero de Felipe Salaberry, un gran motivo de apuestas; ver la cara de “Felipe el Hermoso” de Camilo Escalona cuando tenga entre manos su escaño tan querido, impagable; calcular las piscolas que Juan Guillermo Tejeda se está tomando mientras ve el mismo show, para adivinar siquiera el título de su nuevo y delirante panegírico a los próceres de su Concertación, toda una gracia; sumar todas las perogrulladas de Matías del Río en el día y elegir, mientras se espera la cuenta final, cuál es la más perogrullada de todas (por no decir otra cosa), toda una proeza; o ver la cara de plomo que tendrá Undurraga, y la de más plomo aún que tendrá Velasco, al perder contra el (dígase con voz rasposa) “Senatore Girardi”, al mismo tiempo que se ve la cara de felicidad de la Senadora Rincón, una exquisitez. En fin, ir minuto a minuto siguiendo el desenlace de si gana o no gana Moreira, con lo descontrolado emocionalmente que es, será tal vez uno de los mejores festines de la velada.

En cualquiera de los casos, disfrute lo más que pueda del show de la democracia que gratis no es, el gasto estatal para mantenerlo es muy oneroso y lo pagamos todos. Y como el 2014 se viene ganoso con un comunista de ministro del Interior (¿de verdad se lo imaginan?), mejor reímos al inicio del show, que al final de la velada, el champán ya caliente parecerá un té amargo que, querámoslo o no, tendremos que tragar de todas maneras: ahí, en ese minuto, lo comido y lo bailado, su secreto acto simbólico de no ir a votar, no se lo quitará nadie. Será su placer culpable. Uno que sea.

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