Miércoles, 31 de agosto de 2016Actualizado a las 03:01

Presidenta no ha bajado la línea sobre el destino del administrador de Palacio seriamente cuestionado

Caso Riquelme: La Moneda mira al techo

por 15 enero 2016

Caso Riquelme: La Moneda mira al techo
La situación de Cristián Riquelme es como una papa caliente que se pasan unos a otros en la casa de Gobierno sin querer tomarla ninguno, porque no es cualquier personaje, se trata de quien en el primer mandato de la jefa de Estado también fue el administrador de Palacio y durante todo el 2013 tuvo a su cargo Somae, la empresa que se utilizó para manejar los recursos de la campaña presidencial ese año. Por eso, ponerlo en el foco de los cuestionamientos implica apuntar de alguna manera a la Mandataria y a la llamada precampaña del 2012, respecto de la cual Bachelet públicamente ha insistido en que no existió.

Un “no” tajante, escueto y conciso fue la respuesta ayer del ministro vocero, Marcelo Díaz, a la posibilidad de que La Moneda finalmente adoptase una definición sobre la permanencia del administrador de Palacio, Cristián Riquelme, silencio que refleja la incomodidad de la situación para el Gobierno que se quedó sin respuestas en este caso. Eso, a pesar que la figura de la G-90, hombre de confianza del ex ministro del Interior Rodrigo Peñailillo, nuevamente estuvo en el epicentro de los cuestionamientos públicos esta semana, al conocerse que el ex operador político Giorgio Martelli afirmó en su declaración judicial –en el marco de las investigaciones del financiamiento irregular de campañas– que le pasó 32 millones de pesos.

A estas alturas ya son varios los episodios cuestionables que han puesto en tela de juicio la permanencia de Riquelme como administrador de La Moneda, un cargo que es de exclusiva confianza de la Presidenta Michelle Bachelet, por lo cual solo ella puede resolver su continuidad o salida, aunque en la formalidad se debe tramitar a través de un decreto del Ministerio del Interior.

A las declaraciones de Martelli, se suman la compra –en pleno período de la llamada precampaña el 2012– de un terreno de 375 millones de pesos en Peñalolén, que adquirió a través de un crédito hipotecario, del cual Peñailillo es codeudor solidario y que no incluyó en su declaración de intereses mientras estuvo en el Gobierno; la criticada reunión en Palacio en pleno Caso Caval con el operador UDI, Juan Díaz, y el impasse con el ministro Díaz por el formateo del computador de Sebastián Dávalos, cuando el polémico hijo de Bachelet renunció a la Dirección Sociocultural de la Presidencia.

Por estos temas es que Riquelme ha estado en la palestra por meses y por lo mismo es que cada cierto tiempo su permanencia en el Gobierno instala los casos de financiamiento irregular de la política en pleno patio de La Moneda, a contracorriente de los intentos gubernamentales por superarlos, especialmente el caso Caval. A pesar de ello y aunque en reserva las autoridades de Palacio reconocen la complicación, solo impera el silencio sobre el futuro del funcionario que sabe demasiado sobre asuntos muy sensibles para la Presidenta.

En la Nueva Mayoría reconocen que nunca en ningún comité político ni reunión se les ha dado una explicación de por qué hasta ahora no se le ha pedido al hombre de confianza de Peñailillo que dé un paso al costado o al menos, explicaron dirigentes de los partidos oficialistas, si se fijó criterio en Palacio para sortear esta situación. “No es tema, no se habla del asunto, no han dicho nada, no explican nada”, acusó un dirigente de la Nueva Mayoría.

Esta semana quedó en evidencia el nivel de la incomodidad interna en Palacio con Riquelme, al punto que ha sido notorio que es más fácil para La Moneda asumir un discurso político y público para enfrentar la formalización de la nuera de la Mandataria, Natalia Compagnon, en el Caso Caval, donde han puesto el foco en el respeto al funcionamiento de las instituciones, en el hecho de que nadie está por sobre la ley aunque sea un miembro de la familia presidencial y en que Bachelet separa sus dolores personales de su rol de jefa de Estado.

En el seno del propio Gobierno y de La Moneda varios reconocen en privado que el “costo” de la permanencia es muy alto para el Ejecutivo y que lo lógico es “su salida”. Pero acto seguido agregan que lo cierto es que no hay una respuesta política concreta sobre Riquelme, lo que queda en evidencia con las escuetas respuestas de los ministros sobre el punto, porque la Presidenta hasta ahora no ha bajado ninguna línea al respecto y es la única que puede zanjar el futuro del integrante de la G-90, lo que limita a todo el resto a decir algo al respecto.

La situación de Cristián Riquelme es como una papa caliente que se pasan unos a otros en la casa de Gobierno sin querer tomarla ninguno, porque no es cualquier personaje, se trata de quien en el primer mandato de la jefa de Estado también fue el administrador de Palacio y durante todo el 2013 tuvo a su cargo Somae, la empresa que se utilizó para manejar los recursos de la campaña presidencial ese año. Por eso, ponerlo en el foco de los cuestionamientos implica apuntar de alguna manera a la Mandataria y a la llamada precampaña del 2012, respecto de la cual Bachelet públicamente ha insistido en que no existió.

Esta semana quedó en evidencia el nivel de la incomodidad interna en Palacio con Riquelme, al punto que ha sido notorio que es más fácil para La Moneda asumir un discurso político y público para enfrentar la formalización de la nuera de la Mandataria, Natalia Compagnon, en el Caso Caval, donde han puesto el foco en el respeto al funcionamiento de las instituciones, en el hecho de que nadie está por sobre la ley aunque sea un miembro de la familia presidencial y en que Bachelet separa sus dolores personales de su rol de jefa de Estado.

Pero con Riquelme no hay respuestas. Junto al categórico “no” de ayer, el ministro Díaz durante la semana esquivó todo lo que pudo el asunto y se remitió a precisar que su par de Interior, Jorge Burgos, ya se había referido al tema, que no tenía “nada nuevo que agregar” y que “no porque me pregunten más veces van a obtener una respuesta distinta”.

El punto es que Burgos el lunes dijo que tenía una opinión sobre el tema de Riquelme, pero que “no corresponde que la señale todavía” y acotó que “hay que ir viendo ahí las cosas”.

Al principio en la Nueva Mayoría también evitaban hablar del tema, pero con los meses de a poco se han ido sumando voces, públicamente, que ponen el acento en la necesidad de que el integrante de la G90 salga de su cargo para no seguir complicando al Gobierno y al oficialismo en general. “Yo creo que el señor Riquelme sabe muchas cosas”, dijo el martes el diputado PS, Juan Luis Castro, integrante de la comisión investigadora del caso Caval y cuyo informe “censuró” la permanencia en su cargo del administrador de Palacio, al tiempo que cuestionó que “el gobierno” no se haya pronunciado sobre su situación “ni haya instruido procedimiento disciplinario alguno”.

No es el único. El lunes, tras el comité político habitual en La Moneda, el senador y presidente del MAS, Alejandro Navarro, sentenció que “es insostenible que Cristián Riquelme siga en La Moneda. El principio de inocencia se mantiene, pero su permanencia hace daño al Gobierno, a la Presidenta, se quiere pensar que se le busca protección, no es así, y por lo tanto su permanencia nos está causando un daño indebido y yo espero que él lo evalúe personalmente. La gente no tiene para qué pedírsele la renuncia, puede, conscientemente, dar un paso al lado ahora y no seguir esperando más”.

Mientras el presidente del PC, Guillermo Teillier, sentenció ese mismo día que Riquelme “debe dar un paso al lado”, el timonel del PR, Ernesto Velasco, agregó que era necesario que exista “transparencia total” sobre la situación de Riquelme y que, si bien es un tema que lo tiene que evaluar el Ejecutivo, “lo saludable sería indudablemente que todas las personas que tienen algo que ver con esto dieran un paso al costado y liberar al Gobierno de algo que es complejo, eso no implica no creer en la presunción de inocencia”.

A pesar de la postura pública de varios presidentes de partido, la situación de Riquelme no se trató en el cónclave del miércoles en la noche en Cerro Castillo,  que convocó a dirigentes, parlamentarios, al comité de ministros políticos y Bachelet.

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