Miércoles, 24 de agosto de 2016Actualizado a las 02:37

Ausencia de liderazgos enfrenta a la colectividad a una implosión política

UDI: un ejército desorientado y sin coroneles

por 18 marzo 2016

UDI: un ejército desorientado y sin coroneles
Tras la renuncia de Longueira, la decisión de Jaime Bellolio de postergar una postulación a dirigir el partido y las intenciones hasta el momento de Hernán Larraín de no prolongar su mandato, se desarrollará un Consejo General que busca iniciar la refundación del partido. Hoy en la colectividad hay más preguntas que certezas. Por lo pronto, la idea es superar la crisis y apostar a una sobrevivencia que permita encontrar y proyectar liderazgos que hoy no se avizoran.

Un Consejo General de la UDI clave se desarrollará este sábado en la sede de Santiago del Congreso. ¿El gran hito? Las consecuencias de la renuncia del emblemático líder del partido, Pablo Longueira, debido a sus vinculaciones con SQM y su eventual cohecho. ¿El objetivo? La refundación de la colectividad. ¿La incertidumbre? Quién se hará cargo del partido cuando el actual timonel, senador Hernán Larraín, deje su puesto en mayo próximo.

Esta semana las conversaciones entre los militantes y parlamentarios del partido gremialista se multiplicaron, sobre todo en el Congreso. Si bien el objetivo inicial era continuar la búsqueda de insumos para la propuesta generada por una comisión ad hoc –que integró, entre otros, el ex candidato presidencial Joaquín Lavín y el ex presidente de la Cámara de Diputados, Edmundo Eluchans– para realizar cambios internos al partido que se presentarán en la instancia de este sábado, lo cierto es que la ausencia de liderazgos es un tema ineludible y al igual que el golpe duro que provocó la salida de uno de referentes.

En tanto, el actual presidente de la colectividad llegó al cargo como un “salvavidas”. Esto, luego de la renuncia en marzo del año pasado del diputado Ernesto Silva en medio de los duros cuestionamientos recibidos por el manejo de la directiva en la crisis desatada por el caso Penta. De hecho, el arribo de Larraín tampoco fue fácil y debió integrar en su mesa a varios nombres que no eran de su total gusto, en medio de tensas negociaciones en las que participaron, entre otros, los “coroneles” Andrés Chadwick y Jovino Novoa.

Hoy la situación es igual de compleja o más. Larraín ha insistido en que dejará el cargo en mayo, cuando correspondía terminar su período a Silva, y aunque entre los militantes UDI, sobre todo desde los más emblemáticos “se alberga la esperanza de convencerlo” y a pesar de que se le ha hecho una serie de gestos, el senador por el momento no ha cambiado su opinión.

De hecho, la mayoría de los integrantes de la mesa ha puesto sus cargos a disposición para que Larraín continúe al menos hasta noviembre, es decir, después de las elecciones municipales, con gente de su confianza. Entre los argumentos también hay algo de pragmatismo, ya que nadie estaría en condiciones de encabezar el partido en medio del complejo escenario que existe actualmente.

Uno de los coroneles, el senador Juan Antonio Coloma, ha sido nombrado como posible carta para suceder a Larraín, sin embargo, ha recalcado que no tiene esas aspiraciones y que buscará convencer a Larraín de continuar. El primero, no quisiera tampoco arriesgar sus opciones de repostular al Senado, asumiendo el liderazgo partidario en medio del complejo escenario y las nuevas críticas y cuestionamientos que pudieran surgir.

Cabe recordar que quien había sido ungido con las banderas de la renovación en el partido, el diputado Jaime Bellolio, el pasado 7 de marzo expuso su determinación de postergar una potencial postulación a la presidencia del gremialismo en su grupo, que ha sido denominado de renovación, conformado además por el propio Silva, el actual vicepresidente Javier Macaya, Felipe Ward, Arturo Squella y María José Hoffmann, entre otros. Los argumentos que ha expuesto Bellolio en la interna apuntan a que necesita estar empoderado para asumir el complicado desafío, es decir, no tenía piso y fue resistido por personeros como el diputado Ulloa y el senador Pérez.

Existen coincidencias respecto a jubilar el concepto de “UDI popular”. “Ahora hay que interpretar a un Chile que es distinto”, explica un legislador gremialista. En este punto también hay coincidencias al menos hacia el exterior. La idea es enfocarse en la clase media, el grupo además más relevante electoralmente. Esto también da cuenta de que una lectura respecto a que la “base pinochetista” que dio sustento a los primeros años de la colectividad ya no es lo amplia de antes, cuando Jaime Guzmán vio el escenario para fundar el partido.

Por su parte, el diputado José Antonio Kast ha planteado que no es conveniente que se prolongue el mandato de Larraín y que es imperiosa la necesidad de iniciar un “nuevo ciclo”. Dentro de las alternativas, plantea realizar una elección ahora bajo el mecanismo “un militante un voto” y que luego un Consejo General de la colectividad ratifique, por ejemplo, la opción del propio Bellolio, con el posterior reempadronamiento que exige la nueva Ley de Partidos. En esa línea, plantea que quienes fundaron el partido “eran personas de 30 años” y, por lo tanto, es necesaria una renovación total.

Viejos estandartes

Para varios analistas y políticos, tras la renuncia de Longueira, uno de los fundadores del partido, la UDI selló su destino y la colectividad de calle Suecia tal y como la conocemos hoy se acabó. A esto se suma la situación de otro de sus emblemáticos, Jovino Novoa, quien fue condenado a tres años de pena remitida por delitos tributarios. En el partido aseguran que la influencia de este último en la colectividad ha disminuido y que, al menos públicamente, hay consenso en que a la colectividad no le conviene que al ex senador se le relacione con las decisiones que se allí se toman.

Pese a que se pudiera cuestionar el peso y poder que aún tiene en el partido Novoa, quien incluso sigue estando permanentemente en la sede de la colectividad, y se reunió con Longueira tras su renuncia, lo cierto es que los militantes más antiguos del partido coinciden en que este “se renueva o se muere”.

“Hoy día el partido tiene sus mandos bastante claros, ninguna de las personas que usted menciona (Longueira y Novoa) toma parte en esa determinaciones o resoluciones del partido, hay una directiva, hay una comisión política, hay estamentos que tienen sus propias directivas y son ellos los que toman las decisiones políticas del partido. Esta semana tenemos decisiones importantes que adoptar y son las bases del partido las que están participando y resolviendo esta materia. Hay muchas personas que han tenido una larga historia y han sido claves en la historia del partido y que hoy día no tienen un rol activo en él", explica el propio Larraín.

El Consejo de mañana es visto por muchos como un punto de inflexión para debatir y sentenciar sobre cómo se debe proyectar al partido. “El relato se ha ido perdiendo y hay que volver a ser protagonista”, sostiene un senador gremialista.

También hay coincidencia entre varios en cuanto a que, si bien no se puede renunciar a buscar un triunfo en las próximas municipales, es muy probable que el resultado no sea de los mejores. “No hay con quien sacarse la foto, hay que apelar a los liderazgos locales”, apunta un parlamentario.

¿La muerte de la UDI popular?

Por su parte, el documento que ha elaborado un grupo de dirigentes de la UDI encabezados por Hernán Larraín, y que se discutirá mañana, pretende transformarse en un hito refundacional de la colectividad.

“Estamos trabajando por una reestructuración total del partido, este sábado tenemos un Consejo General en donde vamos a plantear un nuevo proyecto político, un nuevo discurso, nuevas formas de trabajo, nueva imagen y estrategia comunicacional, vamos a trabajar para una nueva UDI”, explicó el timonel del partido.

En esa dirección también existen coincidencias respecto a jubilar el concepto de “UDI popular”. “Ahora hay que interpretar a un Chile que es distinto”, explica un legislador gremialista. En este punto también hay coincidencias al menos hacia el exterior. La idea es enfocarse en la clase media, el grupo además más relevante electoralmente. Esto también da cuenta de que una lectura respecto a que la “base pinochetista” que dio sustento a los primeros años de la colectividad ya no es lo amplia de antes, cuando Jaime Guzmán vio el escenario para fundar el partido.

El presidente gremialista explica que se pretende buscar “una UDI que haya aprendido, no solamente las lecciones de los hechos de irregularidades y de falta a la ética que se hayan producido en estos tiempos, sino que también hacernos cargo de la demanda ciudadana, de los cambios que ha tenido Chile para trabajar de aquí hacia el futuro y nuestra aspiración ha sido proyecto nuevo, estilo nuevo, imagen nueva y rostros nuevos”.

Eso sí, a pesar de las intenciones públicas de Larraín en torno a modificar un discurso partidista que se quedó estancado en los años 90, la doctrina y principios UDI no serán modificados. Así, por ejemplo, con pasajes como “consciente del proceso de descomposición política y social que el régimen democrático chileno experimentó en las últimas décadas, cuya derivación totalitaria hizo ineludible el pronunciamiento militar de mil novecientos setenta y tres. Unión Demócrata Independiente se propone imprimir al nuevo sistema político, la rectitud, la seriedad y la eficiencia necesarias para evitar el imperio de la demagogia y el retorno de la amenaza totalitaria”.

Tampoco serán puestos en discusión fragmentos de la declaración de principios de la UDI, “que parecen de otra época”, como explica un diputado de la propia colectividad. De esta manera, esta frase tampoco estará en discusión mañana: “Consecuentemente con el humanismo propio de una sociedad libre, Unión Demócrata Independiente se declara resueltamente contraria a todo totalitarismo, cualquiera sea su signo. Por ello, Unión Demócrata Independiente repudia el Marxismo y condena todo pacto o alianza que facilite su penetración e influencia en la sociedad chilena. Independientemente de su agravante leninista, la doctrina de Marx y Engels es esencialmente totalitaria. No hay compatibilidad posible entre ser marxista y ser demócrata. En definitiva, no existe conciliación posible entre marxismo y libertad. El marxismo-leninismo es, además, un instrumento del imperio soviético en sus propósitos hegemónicos. Combatirlo es, pues, una exigencia patriótica en defensa de la soberanía chilena, y comprende la lucha contra el Partido Comunista como el agente directo de la Unión Soviética en su afán por convertir a Chile en otro satélite de su órbita”.

Según ha explicado el propio Larraín en el partido, la situación que atraviesa el colectivo obliga a no perder el foco en discusiones que pueden eternizar el debate. La mirada está hacia el futuro con el objetivo final de sacar “a la UDI de los tribunales ya y enfocarlo en la política”.

Con todo, independientemente de lo que ocurra mañana, en el partido sigue habiendo más preguntas que certezas. La apuesta por que las figuras nuevas puedan hacerse con el poder aún no tiene un sustento más que en el discurso. Los militantes históricos apuestan por un cambio, pero sin dejar a un lado a quienes han sostenido históricamente la colectividad. “Los líderes no se inventan”, señala un miembro del partido y, aunque la premisa pueda ser cierta, la mayoría en ese partido sabe que necesitan uno urgente.

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