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“Aysén, Patagonia Chilena. Cuentos y recuerdos” de Claudio Max Rosso Heydel CULTURA|OPINIÓN

“Aysén, Patagonia Chilena. Cuentos y recuerdos” de Claudio Max Rosso Heydel

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Costumbres que van desapareciendo, historias rescatadas de la tradición oral, trascenderán a futuras generaciones gracias a este libro. Lo anterior de por sí es un mérito, al que se agrega otro: el de que las historias estén bien contadas.


Claudio Max Rosso Heydel, cumple la promesa estampada en la contratapa de este libro “Déjame ayudarte a viajar por los fiordos y archipiélagos donde cada isla cuenta también una historia. Historias de sirenas que…”.

Si las personas que leen esta obra, se dejan llevar por los cuentos y relatos narrados por el autor, viajarán a esa hermosa zona de nuestro país, y recorrerán su accidentada geografía, sentirán la fuerza de la presencia de su fauna, y podrán disfrutar de los paisajes de bosques nativos, nieve, glaciares, cascadas, ríos, lagos y fiordos. Y conocerán a sus habitantes, con su modo de vida que difiere en varios aspectos al del resto de sus compatriotas, sus creencias, costumbres y valores, moldeadas seguramente por los siglos de convivencia con ese entorno en que aún la naturaleza es uno de los protagonistas más destacados, y respetados, como lo fue en los albores de nuestra condición humana.

Conocí al autor, en la XIX Feria del Libro de Puerto Aysén, “Remando Entre Palabras”, que se llevó a cabo en esa hermosa ciudad entre el 30 de noviembre y el 3 de diciembre del pasado año 2023. Debo agradecer a mi colega Carlos Vignolo, de la Universidad de Chile, y a Álvaro Contreras, gestor ejecutivo de CorpAysen, que hicieron las gestiones para que yo pudiera participar en esa Feria, y así conocer (presencialmente, ya que de algunos había leído parte de sus obras) a escritores y escritoras de esa zona como Eleodoro Sanhueza, Cristián Arregui, Maribel Quintana, y a Claudio Rosso, a quien me refiero en esta reseña.

Claudio llegó desde Santiago a la Patagonia en 1964, pocos días antes de su cumpleaños número diecinueve. Iba a visitar a su padre que se encontraba de paso en Coyhaique. Un punto de inflexión. De no haber existido ese  viaje, seguramente su vida habría transcurrido de forma muy distinta, en la capital. Pero se enamoró de la Patagonia, y se quedó ahí. Si bien a fines de los ochenta vuelve a Santiago, no logra olvidar la tierra que lo marcó en su juventud, y regresa el 2007.

En aquellos primeros años en la región, comienza a ganarse la vida con la compra y venta de animales “Comencé así a recorrer la zona. Comprando animales en lugares apartados, que eran vendidos en Coyhaique o embarcados al norte. Todo mi ser, toda mi existencia se fue impregnando entonces, de bosques, cordilleras, pampas, lluvias, nieve y viento.

“Zorros colorados, liebres, avutardas y caiquenes. Miles de ovejas, arreadas a caballo por caminos y senderos, con diestros y nobles perros que iban respondiendo con la rapidez de un destello órdenes que generalmente eran solo silbidos, movimientos de cabeza o un brazo en alto”.

Varias de las historias de la obra tienen que ver con caballos y perros. Destacan entre ellos el caballo Gringo y el perro Rommel, lo leales compañeros en las andanzas del autor, en vivencias personales que salen a la luz llamado la atención respecto a la inteligencia, el afecto y la entrega, de aquellos que él considera como sus grandes amigos.

También esos recorridos por la Patagonia, Claudio Rosso va confraternizando con el pueblo patagón. “Cuantas veces, entre sus troncos botados solíamos, como arrieros, cobijarnos al calor de una fogata, a la espera de mejor tiempo, con un trozo de carne ensartada, tortas fritas en grasa y los buenos mates amargos, mientras nuestras mantas de Castilla recuperaban su calor dejando salir la humedad…”

Nos advierte que sus narraciones están basadas en sus experiencias, o en historias escuchadas a sus compañeros en esas largas jornadas de cabalgatas y conversaciones en torno al fuego, o en algunas de sus navegaciones  por los canales y fiordos de Aysén. Con ambas fuentes, sus vivencias y los relatos escuchados a otras personas, algunos de ellos claramente basados en las mitologías de la zona, el autor hace con este libro una labor de rescate del patrimonio. Costumbres que van desapareciendo, historias rescatadas de la tradición oral, trascenderán a futuras generaciones gracias a este libro. Lo anterior de por sí es un mérito, al que se agrega otro: el de que las historias estén bien contadas.

Cabe señalar que Claudio Max Rosso Heydel, luego de la obra comentada en este artículo, publicó otra con nuevos relatos: El tallador y otros cuentos. Ambas fueron ilustradas por Cristian Bustamante Barrientos, fotógrafo, muralista y diseñador gráfico, cuyo trabajo complementa muy bien las historias.

  • Aysén, Patagonia Chilena. Cuentos y Recuerdos
  • Claudio Max Rosso Heydel
  • Primera edición, 2013. Quinta a edición 2022
  • 210 páginas
  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.
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