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Escazú y la ausencia de Chile

por 4 junio, 2020

Escazú y la ausencia de Chile
Si bien los esfuerzos están centrados en resolver la crisis del COVID-19, en estos momentos otra gran crisis se aproxima, tal vez más lenta y silenciosa, pero su impacto será aún más global, duradero y perjudicial para la humanidad toda. Por cada día que pasa la crisis climática gana terreno, la megasequía se vuelve más insostenible y, aún en plena pandemia, el Servicio de Evaluación Ambiental continúa aprobando proyectos mineros a espaldas de la ciudadanía en Putaendo, al tiempo que Quintero volvió a tener otro peak de contaminación por dióxido de azufre. Las vidas de millones de personas hoy están en riesgo.
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Enciendo la tele, leo el diario, escucho la radio y me pregunto: ¿en qué mundo estamos si miles de personas no tienen agua para lavarse las manos en medio de una crisis sanitaria?, ¿en qué mundo estamos si cientos de personas no saben si han contraído coronavirus o es que se acaban de intoxicar con un nuevo peak de contaminación?, ¿en qué mundo estamos si, en medio de una pandemia, las autoridades siguen aprobando proyectos que destruyen nuestro hogar común?

Hoy, la gran tarea de nuestros líderes mundiales debe ser una: salvar vidas. No salvar las vidas de unos cuantos o las vidas de otros tantos, salvar las vidas de la humanidad en su conjunto. Si bien los esfuerzos están centrados en resolver la crisis del COVID-19, en estos momentos otra gran crisis se aproxima, tal vez más lenta y silenciosa, pero su impacto será aún más global, duradero y perjudicial para la humanidad toda.

Por cada día que pasa la crisis climática gana aún más terreno, la megasequía cada vez se vuelve más insostenible en la zona centro del país y, aún en plena pandemia, el Servicio de Evaluación Ambiental continúa aprobando proyectos mineros a espaldas de la ciudadanía en Putaendo, mientras que tan solo el mes pasado Quintero volvió a tener un nuevo peak de contaminación por dióxido de azufre. Las vidas de millones de personas hoy están en riesgo, no tan solo por el coronavirus, sino también por el avance de la crisis climática y la inacción de nuestros gobiernos.

Se trata del Acuerdo de Escazú, el primer acuerdo ambiental de América Latina y el Caribe y el único en el mundo que ha sido escrito a través de un proceso plenamente participativo entre gobiernos, ciudadanos, dirigentes sociales y ONGs. Su objetivo es avanzar hacia la construcción de sociedades más justas, pacíficas y amigables con el medioambiente, a través de la implementación de cuatro derechos fundamentales en las legislaciones nacionales: el derecho de la ciudadanía a participar de los procesos de toma de decisión que afecten nuestras vidas y a nuestros entornos, a recibir información ambiental que nos permita participar informadamente del proceso anterior y a acceder a la justicia en igualdad de condiciones y oportunidades.

Pero aún hay una esperanza. Estos últimos meses hemos organizado un grupo de más de 40 jóvenes a lo largo de todo Chile que queremos un cambio, un cambio en nuestro modo de relacionarnos con los otros y con nuestro ambiente, un cambio en la manera en la que se hacen las cosas y en la forma en que se toman las decisiones.

Nos une un sueño propio de nuestra generación: ser capaces de sobrevivir a los tiempos que vienen. Creemos que hoy, en medio de la incertidumbre, los países de América Latina y el Caribe deben dar señales claras acerca de su compromiso con el medioambiente y el futuro de nuestras generaciones. Para ello, un inédito acuerdo puede ayudarnos.

Se trata del Acuerdo de Escazú, el primer acuerdo ambiental de América Latina y el Caribe y el único en el mundo que ha sido escrito a través de un proceso plenamente participativo entre gobiernos, ciudadanos, dirigentes sociales y ONGs. Su objetivo es avanzar hacia la construcción de sociedades más justas, pacíficas y amigables con el medioambiente, a través de la implementación de cuatro derechos fundamentales en las legislaciones nacionales: el derecho de la ciudadanía a participar de los procesos de toma de decisión que afecten nuestras vidas y a nuestros entornos, a recibir información ambiental que nos permita participar informadamente del proceso anterior y a acceder a la justicia en igualdad de condiciones y oportunidades.

En definitiva, estamos hablando de un acuerdo que no tan solo promueve la protección del medioambiente, sino que también garantiza el derecho de las generaciones presentes y futuras a vivir en un medioambiente sano, a tener acceso al desarrollo sostenible y a contar con un acceso garantizado a la información que necesita, comprendiendo que una población educada e informada resulta un valioso recurso en la toma de mejores decisiones y en la aplicación más eficaz de planes de contingencia.

Contar con un instrumento como este es de vital importancia para avanzar en materia de Derechos Humanos y desarrollo sostenible en la región, pero algo nos mantiene preocupados. Desde sus inicios, Chile lideró las negociaciones sobre este acuerdo en la región, sin embargo, dos días antes de su firma oficial y sin dar razones claras, el Gobierno decidió no suscribir el Acuerdo, dejando en suspenso el compromiso de nuestro país en esta materia.

Al igual que con la crisis climática, no hay más tiempo. El acuerdo termina su periodo de firma el 26 de septiembre y las y los jóvenes estamos preocupados por la ausencia de nuestro país. Es por eso que en estos últimos meses hemos volcado nuestros esfuerzos en la creación de una gran campaña nacional para exigirle al Presidente de la República que no nos deje fuera del acuerdo por los DDHH y el medioambiente más importante de los últimos 20 años, y, aunque vivamos tiempos grises, las condiciones no nos sean favorables y en muchos de los casos las autoridades no nos escuchen, seguiremos.

Seguiremos, porque si la crisis climática no se detiene, nosotros y nosotras tampoco, y porque sabemos que unidos tenemos la fuerza para cambiar el mundo y escribir el futuro.

  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.

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