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¿Quién es hoy la oposición política en Chile?

por 3 diciembre, 2014

No es menos entonces el bloque que se ha instituido. La resistencia y críticas del empresariado, que actúa como grupo de presión, misma situación que desempeña la Iglesia Católica con su discurso persuasivo y su lobby permanente y el papel de la prensa en la construcción de realidades.
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Nuestra democracia tiene varios problemas e imperfecciones, hoy suma uno más, la falta de una real oposición política. Tarea que –eventualmente– correspondería asumir a quienes hace un año estaban en el gobierno. Sin duda la gran derrota sufrida por la derecha en la última elección presidencial y parlamentaria significó un duro golpe para la UDI y RN. No sólo desde el punto de vista electoral, es decir, la cantidad de votos o parlamentarios que alcanzaron, sino desde la perspectiva de la “legitimidad” y, sobre todo, “credibilidad” que este sector tiene ante la ciudadanía.

Han pasado 10 meses desde que doña Michelle Bachelet y la Nueva Mayoría llegaron al gobierno y la derecha chilena en todo este tiempo se ha caracterizado por tres cosas: carencia de un liderazgo o referente que sea capaz de dar cierta conducción a un sector más bien inorgánico; en segundo lugar, una práctica política basada en la denuncia mezclada con cierta campaña del terror y del miedo; y, en tercer lugar, un voluntarismo político que por momentos se confunde con espectáculo político. En el fondo, durante todos estos meses, el país ha sido testigo de una falta de oposición política partidista que tenga la capacidad de proponer algo que sea una real alternativa a lo que impulsa el gobierno de la Nueva Mayoría.

Ante la falta de ideas y argumentos, la derecha chilena ha optado por la peor de las estrategias de oposición, aquella que oscila entre la denuncia mediática (caricaturización), anunciar que todo está malo (negativismo o negación de todo), la farandulización y espectáculo (interpelaciones, videos y panfletos) hasta los ataques personales contra la Presidenta de la República y uno que otro ministro. Terminando por imponerse una política en clave militarizada y binaria, que tan bien representa y gusta al gremialismo, como hijos predilectos de la dictadura cívico-militar. Nosotros, los buenos; ellos, los malos, los enemigos, los destructores del país. A lo cual se suma un discurso mesiánico al erguirse como los voceros o representantes del mundo popular, la clase media emergente, los padres, apoderados y familias que se oponen a la reforma educativa, hasta ser los canalizadores del “malestar de la calle”.

No es menos entonces el bloque que se ha instituido. La resistencia y críticas del empresariado, que actúa como grupo de presión, misma situación que desempeña la Iglesia Católica con su discurso persuasivo y su lobby permanente y el papel de la prensa en la construcción de realidades.

Este tipo de prácticas, constituyen la peor expresión de la política, aquella que termina por banalizarla. Actividad política ya bastante desprestigiada por los mismos que dicen defenderla, pero que en la práctica terminan siendo sus principales obstáculos y destructores.

Sin embargo, lo que ocurre en nuestro país, particularmente con la derecha, no es nuevo. En otros países del continente la situación es similar, incluso más dramática con la desaparición de los partidos de derecha y su cero injerencia en la escena pública. En vista de aquello, uno se pregunta ¿quién es hoy la oposición política en Chile? Como ha ocurrido en otros países de América Latina, ante la invisibilidad de los partidos de derecha, son los grandes medios de comunicación, las corporaciones, el mundo empresarial y la Iglesia católica los que han desempeñado tareas de oposición en determinados países, siendo los casos más visibles Venezuela, Argentina y Ecuador.

En medio del conflicto, tensión y disputa por las reformas que ha impulsado el gobierno, ha sido el mundo empresarial –por ejemplo, la CPC o Sofofa– el que ha levantado su voz crítica para cuestionar la reforma tributaria, la Iglesia Católica que ha criticado la reforma educativa, a lo cual se suma el duopolio de la prensa escrita nacional, los que semana tras semana exponen sendos editoriales criticando las reformas o, bien, dando tribuna a personeros políticos, uno que otro académico o bien otrora concertacionistas que se encargan de reprochar lo que está realizando el gobierno. En otras palabras, los grandes empresarios y la Iglesia con sus significativas capacidades orgánicas y de poder, sumando al duopolio de la prensa escrita, se han transformado en los últimos meses en la real oposición política e ideológica en Chile.

Por eso, si hay algo interesante de las reformas impulsadas por el gobierno de la Presidenta Michelle Bachelet es que ha permitido develar los verdaderos intereses económicos que están en juego, así como las relaciones de poder que se esconden en el sistema económico y educativo nacional. De ahí, entonces, que resulta inverosímil el argumento de los mundos empresarial y religioso cuando señalan, por ejemplo, que el debate por la reforma educativa no es político ni ideológico, como si ellos (empresarios y religiosos) no hicieran política o no tuvieran y representaran una concepción ideológica de sociedad. De ahí que los gremios empresariales, así como la Iglesia Católica, se constituyan en actores políticos de primer orden.

No es menos entonces el bloque que se ha instituido. La resistencia y críticas del empresariado, que actúa como grupo de presión, misma situación que desempeña la Iglesia Católica con su discurso persuasivo y su lobby permanente y el papel de la prensa en la construcción de realidades.

Tres actores que dicen no hacer política, pero que la historia ha demostrado con creces que son grandes actores políticos cuando se lo proponen, especialmente cuando sus intereses se ven tocados. Ahí están, convertidos en el último tiempo en la oposición política más visible que tiene hoy el país. Tres actores que constantemente dicen no debatir, pero sí desde dónde y cómo se debe debatir.

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