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Elección presidencial y la eventual confusión de hacia dónde dirigir al país

por 26 diciembre, 2017

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Los resultados electorales de la elección presidencial no dejaron a nadie indiferente en las tres grandes coaliciones políticas del país: Chile Vamos celebra un trabajado y contundente triunfo, más amplio del esperado, el cual le da crédito para gobernar; el Frente Amplio se pregunta si efectivamente el apoyo de la primera vuelta es debido a un real apoyo ciudadano respecto de su disruptiva forma de ver la política o es el 20% de los descontentos de siempre (MEO 2009) y, la Nueva Mayoría comienza a trazar líneas para resurgir de las cenizas ya que deja de existir oficialmente el día 11 de marzo de 2018 con la asunción del Presidente electo. Al respecto, el análisis debe ser extenso, “poner la pelota al piso” para no confundir el resultado como un apoyo hacia una forma más individualista o mercantil de ver la sociedad, ya que si Chile Vamos cree que el resultado es una aprobación a la forma clásica de ver la sociedad que se tiene desde la centro derecha, o si el Frente Amplio no tiene a la vista la información que permite concluir que la comunidad en Chile es pro colectivo, pero moderada, estarán equivocando el camino.

Welsch señala que la idea de progresismo está asociada tradicionalmente al cambio social. La libertad, los derechos humanos (sociales) y la democracia son elementos centrales del progresismo, el cual tiene como núcleo central el activo rol del Estado en cuanto fiscalizador del mercado y provisionador de mínimos de calidad para todos con el objeto de que esos todos puedan ejercer realmente la libertad.

Esta valoración del Estado puede observarse a través de una larga línea de tiempo: la Encuesta Mundial de Valores 1995-1998, Chile (World Values Survey Wave 3) indica que un 55,7% de los entrevistados consideraba que la gente pobre es producto de una sociedad injusta. Misma encuesta para informe años 2005-2009 se encuentra que un 81,9% apoya la idea de que el gobierno debe reducir la contaminación medio ambiental, y para años 2010-2014 la afirmación de que el gobierno debe subsidiar a los pobres y poner impuestos a los ricos, tuvo 7.05 puntos como característica esencial de la democracia, en dónde 0 era “no es una característica esencial” y 10 “sí es una característica esencial”.

A su vez, la encuesta Latino Barómetro de 2001, indicaba que un 89,2% estimaba que el Estado debía estar a cargo de la educación y, en 2009, el 52,1% estaba de acuerdo con que el Estado debía aumentar las empresas bajo su control.

Por otra parte, en 2014 la encuesta anual de la Universidad Diego Portales señalaba que el 78,8% de los entrevistados favorecían que el Estado debía reducir las diferencias de ingreso, como también tener una red de farmacias, circunstancia que aprobaba un 84,5%.  AFP estatal tenía la anuencia de un 80,4% y, transporte público, lo aprobó en ese año un 69,1% de los encuestados.

Para mejorar la calidad de vida de los chilenos, necesariamente debemos hacernos cargo del grosero récord que nos identifica como el país en que el 30% del PIB se lo lleva el 1% de la población, lo cual genera externalidades negativas de diversa índole que terminan decantando en baja cohesión social, nulo sentido de pertenencia y, extendiendo el argumento, es un factor determinante que explica la delincuencia (no por nada los países más desiguales tienen mayores indicadores de delito).

En julio-agosto de 2016, el Estudio de Opinión Pública del CEP número 77 mostró altos niveles de apoyo a las siguientes afirmaciones: Gobierno debe crear nuevos puestos de trabajo (77,9%), apoyar industrias con problemas (68%), preocuparse que las industrias desarrollen nuevas tecnologías (66,7%), tener un rol en salud (83,2%), mejorar el estándar de vida (79,5%), ayudar a alumnos universitarios pobres (78%), promover igualdad de género (70,9%), reducir diferencias de ingreso (67,8%), entregar vivienda a quienes no pueden pagarla (64,8%), asegurar una vida decente a desempleados (54,4%). La misma encuesta de últimos dos meses del año 2016, indicaba que un 51,3% estaba de acuerdo con que las pensiones sean financiadas por sistema solidario y un 61,9% estimaba que las personas con sueldos altos deben pagar más impuestos que los con sueldos bajos.

El estudio Criteria Research sobre opinión pública y política post municipal de 2016, enseña que un 58% aprueba que se suban impuestos a empresas para financiar políticas sociales, además de cambiar a un sistema de previsión solidario, lo cual es apoyado por un 62%. El 57% estima que se debe fortalecer la educación pública para escuelas y liceos.

Todos los datos anteriormente señalados que cubren un período extenso de 22 años, permiten concluir que los chilenos en su mayoría estiman que la vida pública se debe entender desde el colectivo y no desde el individualismo, lo que es sinónimo de Estado robusto. Que para mejorar la calidad de vida de los chilenos, necesariamente debemos hacernos cargo del grosero récord que nos identifica como el país en que el 30% del PIB se lo lleva el 1% de la población, lo cual genera externalidades negativas de diversa índole que terminan decantando en baja cohesión social, nulo sentido de pertenencia y, extendiendo el argumento, es un factor determinante que explica la delincuencia (no por nada los países más desiguales tienen mayores indicadores de delito).

Sin embargo, los chilenos también somos moderados. Históricamente el país se caracterizó por su desarrollo institucional y por respetar el Estado de Derecho (Collier & Sater, 2004), además de que las visiones pro orden prevalecieron en los noventa (Fuentes, 2005) y, la violencia por el cambio social, tiene una muy baja aprobación (Centro de Estudios de Conflicto y Cohesión Social, 2017).

En razón de lo anterior, existe evidencia que las coaliciones deberían mirar a efectos de continuar su labor hacia el futuro. La nueva “Nueva Mayoría” debería saber que el país sigue siendo progresista, pero requiere de liderazgos fuertes que logren cohesionar a sus partidos en búsqueda de mayores transformaciones. El Frente Amplio debe saber que van en la dirección correcta pero que la disrupción extrema no es un atributo valorado por los chilenos y, por último, siendo en este caso lo más importante, Chile Vamos debe entender que el triunfo (completamente merecido) de Sebastián Piñera el domingo recién pasado no es un triunfo  de la idea clásica de entender la sociedad por el ala más conservadora, sino un triunfo en razón de errores no forzados por parte de su contrincante principal y que, corriendo el timón del barco levemente hacia la izquierda, podrá proyectar con firmeza y claras posibilidades un nuevo período en el poder de su sector para 2022. De lo contrario, tendrá 4 años de firme agitación social, ya que sin lugar a dudas el país seguirá buscando alcanzar una mayor igualdad económica, política y social, es decir, seguirá siendo mayoritariamente progresista.

  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.

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