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¿La izquierda en punto muerto o estará muerta y punto?

por 21 enero, 2019

¿La izquierda en punto muerto o estará muerta y punto?
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¡Impresionante lo que hemos observado últimamente! A las ya desafortunadas performances del diputado Gabriel Boric – camiseta de Jaime Guzmán asesinado incluida -, y la de varios nuevos legisladores del FA, se suma la realizada por la parlamentaria del PRO Marisela Santibáñez durante la celebración de la Fiesta de los Abrazos evento que anualmente organiza el PC chileno. Sin embargo, hay que reconocer que algunos de sus colegas más veteranos tampoco se andan con chicas si de armar desaguisados se trata.

La derecha en el Congreso con la imagen de Marisela Santibáñez en blanco y negro y furiosa – emulando lo que varios legisladores de la Concertación hicieron cuando asumió Pinochet como senador vitalicio en 1998, en que exhibieron rostros de detenidos desaparecidos de la dictadura- nos hizo pensar que el mundo está al revés: ahora es la UDI la que reclama los derechos humanos y acusa a un sector de la oposición – “la izquierda” en su cosmovisión  “de no renovarse” de no buscar la conciliación y de solo aspirar a “ la revancha y el enfrentamiento entre los chilenos”.

El mundo que conocimos esta patas pa’ arriba y con ganas de bajarnos definitivamente del mismo. Y así, en tan solo un par de meses, por obra y gracia de la falta de contención verbal (o física en algunos casos) se desploma, quizá el principal capital político y ético que no solo costó la vida de miles de chilenos, sino, además, décadas para que se reconociera esa tragedia – recuerden que hasta fines de los 80’ los desparecidos eran un invento del comunismo internacional - y se consolidara como verdad oficial de Estado, al punto que, hasta hace poco, ya casi nadie se reconocía en Daniel López.

 La falta de valoración del pasado puede explicar, la negación del FA a apoyar a la presidencia de la cámara, a un DC progre, como lo es Gabriel Silber, y sin proponérselo actúan con la misma lógica del sector más conservador de la DC: empujar, cada día más al partido de la flecha roja, hacia la derecha que, dada nuestra experiencia histórica, sabemos muy bien cómo concluye aquello. Lo dijo el propio Tomic.  Parece que siguieran el viejo postulado ultra de que “en cuanto todo peor, mejor para nosotros”.

Se inicia la trama…

Primero fue Gabriel Boric, y la diputada Orsini, quienes se reúnen con unos de los condenados por el asesinato imbécil de Jaime Guzman y luego al primero lo sorprenden con la polera del ex ideólogo de la brutal dictadura baleado. Enseguida se sumaron las diversas apariciones de varios parlamentarios del FA en plan “yoyoista” y la guinda de la torta la acaba de poner la diputada del PRO.

Resultado: el gremialismo y la vocera de gobierno le exigen a la izquierda lo que antes era impensable: mayor coherencia con el tema de los derechos humanos y así hoy, por obra y gracia, de la nueva izquierda, tenemos a la UDI dando lecciones sobre DD.HH.

Pero no son solo los nuevos referentes, lo son también, algunos de sus liderazgos con mayor trayectoria: Marco Enríquez Ominami filma en directo la asunción del dictador Nicolás Maduro, en tanto Alejandro Navarro se abraza con el gobernante venezolano y su esposa y con ello ponen en vilo el compromiso democrático y libertario de una parte de la izquierda chilena.

A su vez, mientras la directiva del PS, sigue de parranda, Insulza, ex ministro del interior, defiende a Chadwick y dice que “carabineros desde hace 30 años se manda solo”. ¡exijo una explicación!

Girardi, no se queda atrás en este empeño y, poniéndose una vez más sobre el bien y el mal, manifiesta mientras en paralelo al desarrollo de su Congreso del Miedo al futuro - ¿se han dado cuenta que varias de las intervenciones que se presentan son apocalípticas? -, en un tono rimbombante que “la izquierda y la derecha están obsoletas para el siglo 21” ¿Alguien más quiere decir algo?

La única conclusión posible es que así se entiende por qué no logramos cambiar un ápice el modelo neoliberal y sus principales abusos: AFP’S, Isapres y nuestro sistema impositivo regresivo.

Por último, Gonzalo Winter, dando una buena cátedra sobre comunicaciones pone la frase para el bronce “la izquierda tiene una patología con la nostalgia brutal”, en relación a los valores éticos y morales, la vanidad intelectual tradicional de este mundo y que, según el parlamentario del FA, hoy la matan en medio de las nuevas formas de comunicar, confundiendo el medio – comunicar – con el fin: cambiar la sociedad.  

Lo que el dinámico y entretenido legislador no entiende es que la memoria ha sido un vehículo movilizador y generador de identidad no solo en la izquierda sino en las sociedades en general. La Unión Europea de hoy no se entiende sin el holocausto, así como la cultura de los derechos humanos en Chile no se entiende sin el abuso y la tragedia de ellos en dictadura. Imagínense que hubiese ocurrido si la izquierda no hubiese dado la lucha que dio por preservar y defender la memoria.

La falta de valoración del pasado puede explicar, la negación del FA a apoyar a la presidencia de la cámara, a un DC progre, como lo es Gabriel Silber, y sin proponérselo actúan con la misma lógica del sector más conservador de la DC: empujar, cada día más al partido de la flecha roja, hacia la derecha que, dada nuestra experiencia histórica, sabemos muy bien cómo concluye aquello. Lo dijo el propio Tomic.

Parece que siguieran el viejo postulado ultra de que “en cuanto todo peor, mejor para nosotros”.

Lo que tampoco logran explicar, los nuevos actores políticos es, cómo hicieron el milagro para que la derecha sacará al pizarrón a la izquierda por el tema de derechos humanos. Como esta generación, por esa nueva forma de comunicar, ha destruido el principal capital político y moral de la izquierda tradicional al punto que hoy, Kast, Van Rysselberghe y la vocera Cecilia Pérez les exigen explicaciones por el asesinato de Jaime Guzmán, y los pasan a comisiones de ética que, hoy por hoy, es por donde más hacen noticia. Allí las nuevas generaciones deben hacer una reflexión profunda.

Las izquierdas siguen haciendo crecer a José Antonio Kast

Hace algunos días en un debate que hubo en Rancagua y en el que participaron el historiador Gabriel Salazar y el abogado Fernando Atria coincidieron – aunque aproximándose desde perspectivas distintas – en que el modelo, inexpugnable hasta hoy “da vueltas sobre sí mismo”.

En el lenguaje del premio nacional de historia, lo anterior se grafica muy bien en el reiterado y repetitivo ciclo “Bachelet-Piñera-Bachelet-Piñera- ¿Bachelet?”, ya que no hay para donde avanzar y continuamos girando sobre “lo que hay”.

En tanto, en palabras del líder de Izquierda Socialista, la constitución – base del modelo neoliberal – es inexpugnable porque sus distintos subterfugios – ayer, senadores designados y sistema binominal; hoy, tribunal constitucional y una cultura política de la estabilidad – han producido una elite política que se ha amoldado al sistema y que no avanza hacia transformaciones profundas. Lo que Altamirano llamó en su momento “el acomodamiento”.

Ello explica, las tenues y miedosas reformas de Bachelet II que abordaron los problemas, pero tangencialmente al punto de que hoy, la administración Piñera inició su intento por desmantelarlas completamente.

Un claro ejemplo del síndrome al cambio del mundo progresista fue la segunda vuelta presidencial en que, en algún momento, en su comando se le propone a Guillier “hablar fuerte y claro”. El mensaje debía ser potente frente a un electorado incrédulo. Que mejor que hacerlo a través de un tip entendible para el conjunto de los chilenos: la señal no podía ser más nítida y potente. Decir urbi et orbi que en un eventual gobierno suyo se pondría final definitivo al icono de los abusos del modelo: las AFP’S.

Cuentan, quienes estuvieron allí presentes que, enseguida, hubo silencio en la sala, el que fue interrumpido por uno de sus asesores principales quien espetó: “con eso ganamos la elección, ¿pero ¿qué ocurriría con la bolsa y los mercados?” Bueno, y tuvimos lo de siempre, promesas de estudios, comisiones y bla, bla, bla y el candidato perdió estrepitosamente ante Piñera.

¡Claro!, y luego de hacer este breve resumen de chambonadas, infantilismos, desaciertos, promesas que no se cumplen, de unos y otros nos queda bastante claro porque crece José Antonio Kast y la ultraderecha chilena.

¿La izquierda en punto muerto o la izquierda está muerta y punto?

En un escenario del fin de un ciclo político – la transición -, del derrumbe de las instituciones, de dispersión e inercia de las fuerzas progresistas, de la irrupción de autoritarismos de nuevo tipo, la izquierda – sí, aquella que aún cree que su pega es bregar por disminuir las diferencias que no tienen origen natural, sino que se han construido social e históricamente – tiene que hacer un esfuerzo por encontrar puntos comunes de acción que no sea precisamente decir que ella y la derecha han sido superadas por la historia. El notable Raúl Ampuero hace ya casi 50 años, en un escenario muy similar al actual, de dispersión, desconfianzas y dudas, señalaba que:

"Cualquier reagrupamiento, cualquiera que sea la entidad encargada de darle cohesión y unidad al movimiento popular, debería proponerse ser algo más que un mero centro de coordinación de políticas disímiles. La autonomía de cada partido es un valor irrenunciable en cualquier política de alianza, pero debe entenderse que tanto la coincidencia de objetivos programáticos populares como la común inspiración teórica de los partidos populares chilenos deberían conducir, inevitablemente, a hacer de ese centro cada vez más un núcleo de elaboración colectiva de la línea común. Mientras las masas vean en este frente único o en cualquier otro un simple pacto circunstancial de corrientes rivales, más dispuestas a sacar ventajas de los errores recíprocos que a fundirse en una gran voluntad colectiva, le regatearán su confianza y desertarán de su lado en cualquier coyuntura conflictiva".

Trabajar, entre los nuevos y viejos referentes, puntos de encuentro, construir canales de conexión, miradas comunes ante las propuestas gubernamentales regresivas pareciera ser un primer esfuerzo por superar su diagnóstico de enfermo terminal. Sincerar lo que es capaz de poder hacer y decir claramente aquello que no es posible – es incoherente, por ejemplo, que hoy la oposición proponga, inclusión para los colegios privados cuando mientras fueron gobierno ni lo mencionaron- y tener mucha consistencia entre lo que se dice que se va a hacer y aquello que se termina haciendo.  

De lo contrario tendremos derecha para rato sea en su versión mediática-populistas (Lavín) o en su expresión autoritaria (Kast), y en el escenario político nacional habrá un muerto. Y punto.

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