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Dos liderazgos en tiempos de Covid

por 31 mayo, 2020

Dos liderazgos en tiempos de Covid
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La BBC el día 16 de Abril, publicó un reportaje destacando a quiénes eran las mujeres que estaban a la cabeza de siete países, que tenían en común presentar resultados bastante alentadores sobre el desarrollo de la pandemia.

Entre las medidas en común que destacaban, aparecía la del confinamiento estricto o la anticipación en la toma de medidas, antes del desarrollo de la epidemia.

Pero, además, se trataba de liderazgos cuyo discurso político tenía un componente de profunda humildad y cercanía con la ciudadanía, buscando transmitir a la población, sin un lenguaje beligerante, que las decisiones complejas y que tendrían severas consecuencias económicamente, debían acompañarse de un compromiso profundo de todos los ciudadanos sin excepción, para salvar la mayor cantidad de vidas.

Cuatro días después, el 21 de Abril, en Chile el Ministro de Salud, Jaime Mañalich, ante la Comisión de Salud de la Cámara de Diputados, sostenía en el marco de lo que el Gobierno había denominado la “Nueva Normalidad”, que “Nunca quisimos, nunca compartimos como Ministerio de Salud la idea de cerrar las escuelas, nunca. Y la evidencia que tenemos ahora acumulada demuestra que efectivamente eso [la suspensión de clases adoptada el 15 de Marzo] fue un grave error, que dejó a los niños sin vacuna, sin educación, sin comida, sin protección”.

Hoy sabemos, que el Ministro, contaba con evidencia acumulada que, según sus propias palabras, “se cayó como un castillo de naipes”. Y así, Chile ha escalado drásticamente en el número de contagios y en el porcentaje de positividad de los exámenes que se realizan para testear el COVID-19.

El Gobierno, de la mano del Presidente Piñera, optó por lo que podríamos llamar, la estrategia de la flexibilidad frente a la pandemia, con cuarentenas dinámicas, nueva normalidad y un discurso público errático, semejante al de líderes mundiales como Boris Johnson en Inglaterra, Jair Bolsonaro en Brasil o Donald Trump en Estados Unidos.

Piñera, apostó así, por la tesis de la meseta, con la reapertura de un mall encabezada por un Alcalde oficialista, y una invitación a ir a tomar un café en voz de la Subsecretaria de Salud. El aíre triunfalista se adueñaba de los pasillos de La Moneda, y Chile comenzaba a vivir la nueva normalidad. De humildad poco, de transparencia en los criterios técnicos que fundaban las decisiones de Palacio, menos aún. Un Colegio Médico que desde marzo venía solicitando cuarentenas totales, era desprestigiado porque su Presidenta, antigua militante comunista, no parecía tener las credenciales masculinas ni de color de piel suficientemente blanca, que permiten habitualmente darle credibilidad a un médico. Y así entonces, un otrora presidente del gremio, era entrevistado en tv, para hacer ver los errores de aquella mujer, militante, de raíces indígenas que osaba golpear la mesa a los caballeros de la élite.

Nunca sabremos si la medida de la cuarentena estricta, habría cambiado el rumbo de la historia; tampoco sabremos si hubo otras medidas que, de haberse adoptado, nos tendrían en una situación más auspiciosa. Menos sabemos si acaso, tal vez por azar o por la bondad del virus, logremos reducir las muertes proyectadas en Chile, que aventuran diversos modelos predictivos y medios en el mundo.

Lo que sí sabemos, es que Piñera y su Gobierno, optaron por el triunfalismo, por declarar que ellos eran los primeros, que ellos eran los mejores, que esto era una guerra (guerra que vienen librando desde el 18 de Octubre) que ellos, mejor que nadie sabían lo que había que hacer, que los expertos eran ellos y sus asesores, y que todo aquel que osara cuestionar o proponer algo distinto a la versión oficial, o siquiera intentara preguntar si acaso la fórmula que había adoptado el Gobierno era la correcta, en realidad tenía intereses oscuros, intereses políticos, intereses que, en fin, nada tenían que ver con la emergencia, que según parecía era eminentemente técnica. Y así, mientras relataban la cifra de muertos, había un empeño casi mezquino, en resaltar que los muertos o eran muy viejos o tenían enfermedades de base, es decir, el problema era el muerto, que estaba muy próximo a morir.

Triunfalismo por doquier.

Hoy, la Primera Ministra de Nueva Zelanda, Jacinda Ardern, una de aquellas mujeres que la BBC había destacado en su reportaje de mediados de Abril, nos cuenta que ya no existen nuevos ingresos por contagios de COVID-19 en su país, y empiezan poco a poco a retornar a la normalidad. Mientras Chile, se empina sólo debajo de Qatar, como uno de los países con el mayor número de contagios diarios por millón de habitantes en el mundo.

No sabemos aún cuántos muertos tendremos, ni tampoco si la estrategia del Gobierno fue la correcta; pero sí sabemos que el liderazgo de las mujeres, es hoy más que nunca, fundamental. La empatía, la mesura, la humildad y la cercanía, son virtudes que resultan imprescindible para guiar a los pueblos, y el asomo de la Presidenta del Colegio Médico, parece ser la luz al final del túnel, frente al liderazgo del Presidente Piñera que ha sido escaso y francamente deprimente.

  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.

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