Sábado, 10 de diciembre de 2016Actualizado a las 22:27

Opinión

Autor Imagen

Gustavo Cerati y la ley del deseo

por 18 junio 2010

Gustavo Cerati y la ley del deseo
Si hubo un proyecto, un programa ideológico en Soda Stereo y Cerati, como se podría decir que hubo una propuesta modernizadora en Virus, una iconoclasta en Charly García y una asistémica en Sumo, ese trazado estuvo dictado por el hedonismo. Su música celebra los ritos del sexo, desde los encuentros casuales juveniles hasta el placer enigmático de la perversión.

Iba a ser tu mayordomo y jugarías el rol de señora bien. Te dijo que no había nada más dulce que el deseo en cadenas. Con los dientes, rasgaría tus medias.

Es curioso cómo la carga erótica de las canciones de Gustavo Cerati, especialmente en las de Soda Stereo, fue tan ostensible, pero al mismo tiempo parece haber pasado tan inadvertida. Para muchos y sobre todo para muchas de mi generación, la carnalidad patente de su música (carnalidad que se hacía literal en líneas como “entre caníbales, el dolor es veneno, nena”) fue un descubrimiento tardío, algo así como haber comprendido que “La cuncuna amarilla” de Mazapán era una alegoría sobre la primera regla.

Mirada en retrospectiva, la obra de Cerati, que ahora ha quedado en suspensión tras su infarto cerebral, parece tener un denominador común, aunque él muchas veces negó que sus letras obedecieran a la representación de algo concreto y las describía sólo como sonidos y juegos de palabras funcionales a las melodías que habitaban. Ese denominador común tiene que ver con la seducción, el deseo, el cuerpo y el placer.

Es una crueldad, del azar o del destino, que un músico que redescubrió el cuerpo como escenario para más de una generación, hoy se encuentre preso en su propio cuerpo.

La sensualidad de Cerati se advertía también en su talento como guitarrista. Gran parte del sex appeal de su música tenía que ver con el magnetismo y la urgencia de las frases de guitarra que abrían algunos de sus éxitos.  Piensen en canciones como Juego de Seducción, Persiana Americana, Un Millón de Años Luz. Lo primero que viene a la mente, antes que la voz de un cantante es un punteo o un riff de guitarra eléctrica.

Si hubo un proyecto, un programa ideológico en Soda Stereo y Cerati, como se podría decir que hubo una propuesta modernizadora en Virus, una iconoclasta en Charly García y una asistémica en Sumo, ese trazado estuvo dictado por el hedonismo. Su música celebra los ritos del sexo, desde los encuentros casuales juveniles hasta el placer enigmático de la perversión.

La propia estampa de Cerati, su apostura y su disposición sobre el escenario y ante los medios era la de un seductor consciente de su capacidad para disponer todo estímulo para la conquista de los otros. Por eso su apego a la moda, por eso su tratamiento del lenguaje como una materia prima con la cual jugar, por eso su música epidérmica y rica en texturas.

Cerati nos enseñó a seducir y a desear. Es una crueldad, del azar o del destino, que un músico que redescubrió el cuerpo como escenario para más de una generación, hoy se encuentre preso en su propio cuerpo. Más allá de cualquier lectura moralista errónea, su actual situación nos recuerda también la gran tragedia del deseo, su “naturaleza insaciable”, su inevitable incompatibilidad con la decadencia física y la semilla de destrucción que se encuentra en su propio centro.

Más información sobre El Mostrador

Videos

Más Noticias

Blogs y Opinión

Encuesta

Mercados

TV

Cultura + Ciudad

Deportes