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Chato cojo

por 23 mayo 2011

Chato cojo
Los anuncios fueron escasos, aunque podría darse la paradoja de que Piñera sería el Presidente que más ministerios y subsecretarias habría creado en su mandato, si es que logra todo lo prometido. ¿En qué momento paso a ser la derecha la que crea nueva burocracia para resolver los problemas? El discurso del 21 de mayo fue un discurso chato, qué duda cabe. Escasa retórica, escasos anuncios, cero relato. Pero más llama la atención la pérdida de confianza en este gobierno y el síndrome del “pato cojo”.

El discurso del 21 de mayo fue un discurso chato, qué duda cabe. Se limitó a repasar la cuenta ya realizada hace un mes en un Power Point de la SEGPRES. Escasa retórica, escasos anuncios, cero relato. Pero más llama la atención la pérdida de confianza en este gobierno y el síndrome del “pato cojo”. Es como si a 14 meses de su inicio, el gobierno comenzara a acabarse. No habrá novedades ni reformas estructurales en este período. Piñera prometía alternancia y Chile ya alternó. En un año, su gobierno pasó a ser el pasado. Discurso chato y síndrome del pato cojo. O sea, el chato cojo.

La cuenta del 21 de mayo se basó en lo dicho hasta ahora. Los tres principios ordenadores del gobierno (sociedad de seguridades, sociedad de oportunidades y sociedad de valores); la cuenta acerca de la reconstrucción; los siete ejes de gobierno; y la reflexión final acerca de la unidad y las instituciones. Eso más un recuento periodístico del año 2010, que sirvió para arrancar los aplausos más calurosos de la jornada, aunque no para el Presidente, sino que para Súper Mario.

Pero el discurso no convence. Hasta los analistas de derecha hablan de discurso “moderado”. La cuenta de la reconstrucción habla de un país que nadie ve y no se hace cargo de que dos de las principales encargadas de dicho proceso hayan tenido que ser despedidas del gobierno. “No sigamos en la mentira”, pedía el diputado UDI de la zona devastada.

El discurso, chato, a estas alturas es lo de menos. Lo que debiera preocupar es el síndrome de acabo de gobierno. Lo que ha ocurrido es que a esta administración se le acabó la agenda. Así de sencillo

El crecimiento económico y el empleo se alzan como los principales logros hasta ahora. Pero tienen sus bemoles. Hasta el anuncio hecho la semana pasada del nuevo plan del Ministerio de Economía, prácticamente nada se había hecho en la materia. Un par de aspectos menores en Pymes y timbres y estampillas –los que en ningún caso dan para autofelicitarse por las cifras. Hay que reconocerlo y el Presidente lo hizo: el crecimiento actual se debe en gran medida a la gestión anterior. Y el empleo es función de éste, porque, sabemos también, que no se ha avanzado nada en materia laboral –tan poco, que la ministra anterior terminó despedida también.

Los anuncios fueron escasos, aunque podría darse la paradoja de que Piñera sería el Presidente que más ministerios y subsecretarias habría creado en su mandato, si es que logra todo lo prometido. Ministerio de Cultura y Patrimonio, Ministerio del Deporte, Ministerio de Justicia y Derechos Humanos, Ministerio de Agricultura y Alimentación, Ministerio de la Mujer y la Familia, Ministerio de Desarrollo Social, Subsecretaria de Derechos Humanos, Subsecretaria de Educación Superior. ¿En qué momento paso a ser la derecha la que crea nueva burocracia para resolver los problemas?

Hay algunos anuncios interesantes en Educación, aunque lo medular de este gobierno ya se hizo al reformar parte del Estatuto Docente y aprobar la institucionalidad para la calidad. Nada se dice de educación pública. Hay nuevas metas en listas de espera en hospitales que habrá que monitorear. Se anuncia Plan Garantizado en Salud, pero no se sabe bien cómo será. Se anuncia vía de transmisión eléctrica, pero más parece una idea que un proyecto concreto. “Nuevo trato” con universidades estatales, sin decir qué significa ello --más allá de copiar el slogan al Rector de la Universidad de Chile. Y una cierta explicitación de principios en materia ambiental y energética (a propósito de “un proyecto hidroeléctrico del sur de Chile”), aunque no queda claro bien qué ocurrirá.

Y se insiste en tratar de equiparar la “agenda social” de este gobierno a la construcción de un sistema de protección social de los dos gobiernos anteriores. No hay comparación alguna entre el “bono bodas de oro” (una vergüenza de política pública) y el Plan Auge o el Seguro de Cesantía. No hay comparación entre la reforma previsional de Bachelet y el descuento del 7%  de Piñera (sabemos que éste ya se descontaba a los más pobres, mientras que a la clase media se descontará sólo 2%). El ingreso ético no es más que un bono a las personas del Chile Solidario, casi sin condiciones, dejando de lado una real política de empleabilidad y superación de la pobreza. Y el post natal de 6 meses, ha sido modificado sustantivamente por la Concertación en el Congreso, tratando de restablecer el principio básico de la universalidad que el proyecto del gobierno había abandonado.

Pero el discurso, chato, a estas alturas es lo de menos. Lo que debiera preocupar es el síndrome de acabo de gobierno. Lo que ha ocurrido es que a esta administración se le acabó la agenda. Así de sencillo. Como no propuso reforma estructural alguna –algo reconocido por sus propios economistas e intelectuales—se le agotaron los anuncios. La épica de la gestión se la llevó la reconstrucción. El 24/7, de vacaciones en Miami.

El gobierno parece preocupado de la sucesión. Después del Congreso, Lavín cruza la calle para saludar partidarios, cual candidato en campaña. Los medios sorprendidos destinan minutos y páginas a cubrir el regreso de Golborne. En la semana, Matthei es alejada de la discusión del post-natal, para que no tome altura. Hinzpeter busca protagonismo a merced del orden público y las lacrimógenas.

¿Qué hacer ahora? Se estarán preguntando en La Moneda. Ni siquiera obras físicas de gran relevancia alcanzarán a ser inauguradas. La tragedia del Presidente paréntesis. Al dejarlo HidroAysén fuera de juego, este gobierno tiene cada vez más olor a pasado.

La mejor parte del discurso de Piñera fue cuando respondió a quienes lo interrumpían. Por cinco segundos, me puse de parte de él. Porque hay lugares y lugares para manifestarse y entre todos debemos cuidar aquello. Pero el respeto lo faltaron, también, dos parlamentarios de gobierno que llevaban sus propios cartelitos. Eso no está bien. El Presidente pierde poder.

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