Lunes, 26 de septiembre de 2016Actualizado a las 00:33

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Mirando a Uruguay: la posibilidad de un Frente Amplio en Chile

Mirando a Uruguay: la posibilidad de un Frente Amplio en Chile
Todos los integrantes de un FA deberán poner la participación de base y la elaboración colectiva de un programa transformador como eje rector de su estrategia y táctica comunes. Un proyecto común elaborado en la diversidad de los que integren dicho Frente amarrará el destino exitoso de un proyecto político ambicioso como éste.

Continuando el debate que se ha dado en este medio sobre la posibilidad de un Frente Amplio en Chile, intentaremos responder la siguiente pregunta: ¿Será posible tener un programa político transformador, que esté bajo el alero de una alianza político-electoral de la izquierda y centro izquierda chilena y que aglutine a las fuerzas sociales y no sólo a los partidos?

En nuestra opinión, todo indica que hoy pareciera ser una opción lejana y poco viable. Las alternativas en juego excluyen la posibilidad de integrar en la política a los movimientos sociales, los programas suelen ser elaborados entre cuatro paredes y la dispersión de las fuerzas pareciera ser el ritmo de la nueva melodía.

Sin embargo, con el ánimo de hacer un aporte, se han iniciado a nivel latinoamericano contactos entre la generación “postdictadura” de fuerzas políticas nacionales, para comenzar caminos de convergencia política a nivel generacional y continental. En particular, el Frente Amplio uruguayo es visto como un modelo de alianza política a estudiar, así como los intentos que ahora están comenzando a hacerse el Perú. En este ocasión, sólo tomaremos el caso del Uruguay para provocar la discusión.

¿Qué caracteriza al Frente Amplio de Uruguay?

Primero, su historia y composición. El Frente Amplio (FA) se define como un movimiento y una alianza política de la izquierda y la centro izquierda uruguaya, conformada en 1971 y liderada por el ex militar Liber Seregni. En el FA se reunieron socialistas, comunistas, democratacristianos y otras fuerzas, a las que se sumó el Movimiento de Participación Popular (MPP, proveniente del Movimiento de Liberación Nacional Tupamaros, espacio del que proviene el presidente Mujica). Segundo, su forma de militancia y organización. En el FA conviven los “sectores” y los comités de base.

A pesar de que “Nueva Mayoría” es el nombre que utilizó el FA para la elección de 2004, en la que consiguió su primera Presidencia, la NM es una alianza electoral de partidos con primarias y candidato presidencial único, programa elaborado exclusivamente por el comando presidencial y negociaciones no conocidas, reintegración de algunos parlamentarios “díscolos” de la Concertación (el diputado Sergio Aguiló y el senador Alejandro Navarro), y, lejos lo más novedoso, la incorporación definitiva del Partido Comunista a una coalición de Gobierno.

Los primeros corresponden a las articulaciones de partidos políticos y otros referentes, de distintos tamaños y formas, de los que todavía hoy surgen nuevas fuerzas que mezclan la diferenciación con la colaboración (el mejor ejemplo reciente es el “IR”). Los segundos corresponden a los espacios de militancia territorial, donde confluyen ciudadanos independientes, así como militantes de organizaciones sociales y ciudadanas, y también quienes están adscritos a los distintos sectores. ¿Qué le corresponde a cada uno? Los sectores proveen los candidatos en las elecciones, definiendo distintas listas y alianzas internas, y las bases, además de ser la forma de crecimiento de la militancia a nivel nacional, tienen el poder de la definición del programa único del FA.

Cosas que son interesantes: que para ser militante del FA no hay que necesariamente ser militante de sus partidos, que las fuerzas políticas de los sectores tampoco tienen sólo la forma de partidos (sino también de movimientos, como el MPP) y que la agenda política del FA se va moviendo sobre la base de la tensión entre los sectores y los espacios de base. A todo esto se sumó, el 2009, el fenómeno de las Redes Frenteamplistas, que ingresaron a la arena política a través de internet, las redes sociales y los flashmobs, y hoy son parte del fenómeno del FA.

¿Es la Nueva Mayoría (NM) una alternativa similar al FA?

No. A pesar de que “Nueva Mayoría” es el nombre que utilizó el FA para la elección de 2004, en la que consiguió su primera Presidencia, la NM es una alianza electoral de partidos con primarias y candidato presidencial único, programa elaborado exclusivamente por el comando presidencial y negociaciones no conocidas, reintegración de algunos parlamentarios “díscolos” de la Concertación (el diputado Sergio Aguiló y el senador Alejandro Navarro), y, lejos lo más novedoso, la incorporación definitiva del Partido Comunista a una coalición de Gobierno.

Un parlamentario del FA nos planteaba que las claves para la conformación de un Frente Amplio son cuatro: I) un candidato presidencial único con multiplicidad y diversidad de expresiones políticas integradas y presentando listas a las elecciones, II) mecanismos institucionalizados y periódicos de participación interna (estatutos, congresos programáticos, convenciones y primarias), III) un programa elaborado desde las bases, y, por sobre todo, IV) una mística común que entrega sentido a lo que se hace.

El candidato presidencial único y las diversas alianzas electorales que dependen de las reglas del juego de cada país, son parte tanto de las lógicas del FA como de la NM, pero a ésta le falta lo más importante. Dejando a un lado la mística, la NM no cumple ni con los mecanismos institucionalizados de participación, ni con la incorporación de fuerzas políticas por fuera de los partidos tradicionales, ni con la importancia y poder que tienen los espacios de base, prácticamente inexistentes, sólo remitidos a orgánicas locales de los partidos, y normalmente despreciadas por los dirigentes.

¿Cuáles son las claves si es que la izquierda chilena quiere construir una alternativa que tome lo bueno del FA?

En primer lugar, es fundamental comenzar un trabajo de convergencia política entre las distintas generaciones, que permita construir confianzas y comenzar una labor conjunta con miras a las elecciones municipales del 2016. Internamente, fuerzas o generaciones emergentes como la “bancada estudiantil” tendrán que trabajar por mantener la presencia de sus organizaciones en la sociedad civil y los movimientos sociales, así como buscar formas de incorporarlos de igual a igual en esquemas de trabajo político. En segundo lugar,  estas fuerzas emergentes deberán entender que la colaboración es una necesidad, a la vez que los partidos tradicionales tendrán que comprender que la confianza política no se gana de la noche a la mañana, sino demostrando la voluntad real con hechos concretos. La visión artiguista en los inicios del Frente Amplio uruguayo puso los cimientos duros de la necesidad de la unión de la izquierda: “La división es la derrota inexorable”, decía.

En tercer lugar, todos los integrantes de un FA deberán poner la participación de base y la elaboración colectiva de un programa transformador como eje rector de su estrategia y táctica comunes. Un proyecto común elaborado en la diversidad de los que integren dicho Frente amarrará el destino exitoso de un proyecto político ambicioso como éste. Por último, será necesaria la construcción de un esquema organizacional que no se realiza en el mero espacio de las alianzas entre partidos en Santiago, sino que debe implicar la expansión nacional de un trabajo de base, llevando la expresión de esas alianzas al trabajo político local, con integración de independientes y todos los tipos de militantes.

Quienes quieran componer algo así como un Frente Amplio en Chile, necesariamente deberán concurrir en decisiones y tensiones que tendrán que saber provocar y administrar en estos años. Ahora nos queda esperar que los distintos actores nos abramos a converger con distintos tipos de fuerzas políticas y nos dejemos plantear nuevas interrogantes respecto a las alianzas políticas para las siguientes elecciones.

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